Pueblo v. Hernández Santiago

97 P.R. Dec. 522
CourtSupreme Court of Puerto Rico
DecidedJune 27, 1969
DocketNúmero: CR-68-179
StatusPublished
Cited by16 cases

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Bluebook
Pueblo v. Hernández Santiago, 97 P.R. Dec. 522 (prsupreme 1969).

Opinion

El Juez Asociado Señor Ramírez Bages

emitió la opinión del Tribunal.

El apelante, Wilfredo Hernández Santiago, fue acusado y convicto de asesinato en primer grado. En 5 de enero de 1967 fue condenado a cumplir la pena de reclusión perpetua.

Sus 14 apuntamientos se basan en (1) la conducta im-propia del fiscal; (2) la no admisión de la grabación reali-zada por la defensa del testimonio prestado por testigos en la vista preliminar; (3) la admisión de prueba de delitos anteriores del apelante; (4) la denegación de una moción de disolución del jurado (mistrial); (5) errores en las ins-trucciones al jurado; (6) errores del jurado en la aprecia-ción de la prueba; (7) la negación de nuevo juicio; y en (8) no aparecer del récord que el veredicto fuese aceptado por [526]*526el tribunal de instancia ni que la sentencia dictada corres-pondiese al veredicto.

No tiene razón, por las razones que a continuación rela-cionamos.

Relación de la Prueba

Los siguientes hechos, relacionados por el Procurador General, aparecen sostenidos por la prueba.

“Allá para el mes de junio del año 1965, en el Barrio Bartolo de Lares, el acusado tuvo un altercado con el Sr. Manuel Soto, padre del interfecto Pablo Soto, en relación con un deslinde que se estaba practicando entre la parcela del Sr. Soto y la finca del acusado. [En esa ocasión el acusado le dio al Sr. Soto con un machete produciéndole una herida en un brazo.] Para el mes de agosto de 1965 hubo otra controversia, esta vez entre el acusado y el interfecto Pablo Soto imputándole aquél a éste que había insultado a su esposa. Se celebró un juicio contra Pablo Soto en relación con estas imputaciones, saliendo éste absuelto. Al salir del tribunal, el acusado le dijo a Pablo Soto que ‘estaba bien, que él iba a salir absuelto, pero que él lo arreglaba/ En los primeros días del mes de septiembre de 1965, el acusado le manifestó al testigo Eugenio Vélez La jara que le iba a dar una paliza a Pablo Soto.
El jueves, 30 de septiembre de 1965, Pablo Soto salió de su casa en horas del mediodía a llevarle el almuerzo a su hermano Edelmiro Soto. Ese día Pablo Soto iba calzando botas negras de goma partidas a la altura del tobillo. El testigo Vélez Lajara vio pasar a Soto hacia la carretera embreada, pocos minutos antes de las doce del mediodía. Varios testigos vieron al acusado ese día subir solo en un jeep hacia la finca ‘Arbona’ como a las 12 y media de la tarde. El testigo Luis Angel Ramos Desardén observó que el acusado llevaba en el jeep un bulto negro, unos palos largos y unos ‘cantos de botas’ color negro cortadas al tobillo. Otro testigo de cargo, Romualdo Caraballo, notó que el acusado llevaba dentro del jeep una colchoneta color ceniza o negra y dos palos. Este testigo expresó que la col-choneta era del mismo color que la del bulto en que encontraron al interfecto. El acusado vestía camisa cuando subió a mediodía hacia la finca. De dos a dos y media de la tarde fue visto bajar [527]*527en el jeep acompañado de Luis Morales. En esta ocasión el acusado no tenía camisa puesta. El testigo Vélez Lajara observó que ese día por la mañana el acusado vestía ropa sucia, y que al volverlo a ver a las dos y media de la tarde estaba limpio.
Al día siguiente, viernes 1ro. de octubre de 1965, Ramón Ramos Desardén se encontraba trabajando en la finca ‘Arbona’, propiedad del padre del acusado. Como de dos a dos y media de la tarde salió a buscar guineos maduros por una vereda, cuando observó que el acusado, desnudo de la cintura para arriba, cargaba un bulto en el hombro, y que ‘lo tiró en una zanja que había y lo tapó con cantos de palo y matas de guineo’. Al irse del lugar el acusado, Ramos Desardén, que se encon-traba escondido, se acercó al sitio donde el acusado había escondido el bulto y observó que había la mitad de un ser humano, desde la cintura hasta el cuello, envuelto y amarrado en una colchoneta color ceniza. Después que vio el bulto, el testigo lo tapó y lo dejó como el acusado lo había puesto.
El sábado 2 de octubre de 1965, en horas de la mañana, el acusado ordenó a varios de sus empleados que desyerbaran y talaran árboles de café y matas de guineo cerca del sitio donde apareció luego el cadáver de Pablo Soto. Luis Angel Ramos Desardén se encontró con el acusado y éste lo amenazó ‘porque él había sabido que yo había dicho que él subía un bulto’. A las dos de la tarde de ese día, el acusado fue, acompañado por sus empleados, Carlos Vega Ferrer y Luis Morales, a buscar una ‘puerca’ o máquina para hacer caminos a la casa del Sr. Tomás Molini en el Barrio Indiera Alta de Maricao. Ese mismo día el acusado se llevó la ‘puerca’ o ‘tractor’ a la finca Arbona y comenzó a abrir un camino ‘a la parte arriba donde se encontró el cadáver’.
El domingo 3 de octubre, el acusado llegó al Barrio Bartolo ‘con ropa puesta llena de sucio, llena de tierra colorada’. La policía, que desde el día 1ro. de octubre ya estaba investigando la desaparición de Pablo Soto, sospechó que el acusado estaba trabajando ese domingo y fueron dos policías a la Hacienda Arbona. Allí encontraron la ‘puerca’ de hacer carreteras y notaron que ese día el acusado había hecho un camino de un kilómetro de largo. A los policías les extrañó que para hacer aquel camino ‘habían destruido una pieza de café bastante hermosa que estaba al punto de madurar el café’. En un sitio donde habían abierto una curva, había una zanja en la parte [528]*528de abajo y ‘habían tapado la zanja’. Como a las cinco de la tarde de ese día, encontraron un papel plástico, ‘de cellophane,’ que apestaba muchísimo y que estaba podrido. Le pusieron un pedazo de palo encima y fueron a buscar una bolsa para echarlo, pero cuando regresaron a la media hora el papel había desapa-recido.
El martes 5 de octubre la policía consiguió varios obreros para que ayudaran a cavar. Pidieron autorización para cavar al señor Andeliz Hernández, padre del acusado, y éste les dijo que podían cavar allí, que no había problemas. Ese día cavaron hasta las cinco de la tarde. El acusado llegó allí ese día y les preguntó qué hacían allí, y les dijo que si cavaban allí, tenían que dejar luego el sitio como estaba antes.
En la mañana del miércoles 6 de octubre, mientras la policía continuaba la búsqueda, el acusado fue a la casa de Palmira Santiago, esposa de un empleado del padre del acusado, y le dijo a ésta que si la policía preguntaba por él dijera ‘que eso habían sido los Desardenes’; que si la policía le preguntaba ‘del delito que había pasado, que habían matado a Pablo’, que dijera que ‘eso habían sido los Desardenes’.
La policía prosiguió la búsqueda durante el resto de esa semana, y el domingo 10 de octubre consiguieron una pala mecánica prestada. Ese domingo apareció un bulto con un co-razón y costillas, que apestaba mucho, envuelto en una colchoneta de cargar guineos y amarrado con una soga. Mientras la po-licía cavaba, el acusado venía tapando el camino y los ‘obligó a coger por arriba’. Pudieron pasar por el camino cuando subió el ‘loader’ y le pidieron al acusado que destapara el camino para pasar la máquina ese día.
El lunes 11 de octubre, la policía fue al mismo sitio en la ‘patrol’ y, debido a que había llovido, este vehículo ‘se metió en una zanja que se había formado y patinó y pasó al otro lado y salió una peste tremenda’.

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