Pueblo v. Díaz Torres

89 P.R. Dec. 720
CourtSupreme Court of Puerto Rico
DecidedDecember 30, 1963
DocketNúmero: CR-62-405
StatusPublished
Cited by15 cases

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Bluebook
Pueblo v. Díaz Torres, 89 P.R. Dec. 720 (prsupreme 1963).

Opinion

El Juez Asociado Señor Rigau

emitió la opinión del Tribunal.

El apelante fue convicto del delito que consiste en condu-cir, bajo los efectos de bebidas embriagantes, un vehículo de motor; Sec. 5-801 de la Ley de Vehículos y Tránsito; 9 L.P.R.A. sec. 1041. Fue condenado a cumplir diez días de cárcel, y conforme lo exige la ley, su licencia de conductor le fue suspendida por el término de un año, a partir del día 15 de marzo de 1961, día en que se dictó la sentencia.

Señala los errores que a continuación numeramos y dis-cutimos :

1. Que la antes citada Sec. 5-801 de la Ley es inconstitu-cional porque viola el derecho constitucional de las personas “centra ataques abusivos a su honra, reputación y a su vida privada o familiar.” El planteamiento es frívolo. Nada hay en dicha sección que constituya tal ataque abusivo. En sín-tesis, todo lo que esa sección dispone es (a) que será ilegal que una persona que está bajo los efectos de bebidas em-briagantes conduzca o haga funcionar un vehículo de motor, y (b) establece que en cualquier proceso criminal por infrac-ción a la misma, la cantidad de alcohol existente en la sangre del acusado al tiempo de cometer la infracción, según surja dicha cantidad del análisis químico de su sangre, orina o [723]*723aliento, constituirá base para unas presunciones que dicha sección relaciona. Finalmente establece que la misma no se interpretará en el sentido de excluir la presentación de cualquier otra evidencia para probar el caso.

Yendo más allá de la Sec. 5-801, no puede sostenerse tampoco que la Ley de Vehículos y Tránsito infrinja el mencio-. nado derecho constitucional contra ataques a la honra y repu-tación de las personas. Esa ley reglamenta el tránsito en nuestras vías públicas — función indispensable en cualquier comunidad moderna — e impone penalidades por sus infrac-ciones. La sociedad tiene el derecho a exigir que quienes con-ducen vehículos de motor no estén ebrios. Como dijo el Tribunal Supremo de los Estados Unidos en Breithaupt v.Abram, 352 U.S. 432, 435 (1957), no hay nada “ofensivo” en extraerle una muestra de sangre a una persona bajo condi-ciones médicas satisfactorias. Continuó diciendo dicho Tribunal, a la pág. 436, que los exámenes de sangre hoy día son rutinarios; se hacen para ingresar al ejército, al solicitar licencias matrimoniales y muchos colegios y universidades lo requieren como requisito para la admisión de estudiantes.

Añadió el Tribunal, a la pág. 439, que frente al derecho individual de la inviolabilidad de la persona está el interés de la sociedad en la determinación científica de la embriaguez de los conductores, uno de los peligros mortales en la carrete-ra. Refuerza el argumento, expresó el Tribunal, el hecho de que el examen de la sangre también puede establecer la inocencia del acusado, proveyendo así protección para las personas inocentes del delito de que se trata. También señaló el Tribunal (pág. 439) que como él derecho penal está en gran medida justificado por su función disuasiva, el derecho individual contra la intervención en la persona que representa el examen de la sangre, queda más que compensado por el valor disuasivo que representa el que el público en general esté consciente de que mediante esos exámenes se puede [724]*724constatar con mayor precisión el estado de embriaguez de una persona que mediante testimonios orales conflictivos.

Estas disposiciones estatutarias relativas a los exámenes de la sangre, aliento y orina para determinar el grado de embriaguez de los conductores se han generalizado en todas partes en donde los automóviles y el uso del licor han creado un problema de seguridad pública. Por lo menos veintiséis estados de los Estados Unidos ya tienen leyes parecidas a la nuestra sobre el particular. La Conferencia de Comisionados Sobre Leyes Estatales Uniformes (Conference Commissioners on Uniform State Laws) y la American Bar Association dieron su aprobación en el año 1957 a una Ley Uniforme de Exámenes Químicos Sobre Embriaguez (Uniform Chemical Tests for Intoxication Act). Para interesante información sobre la materia véase la introducción a dicha Ley Uniforme (Commissioner’s Prefatory Note) en 9 U.L.A., Suplemento de 1962, pág. 48. La citada Ley Uniforme aparece en dicho suplemento, pág. 52 y sgtes. También hay un caudal de información y de citas de autoridades en el escolio 3, pág. 436 de Breithaupt v. Abram, supra. La constitucionalidad de dichas disposiciones legales ha sido definitivamente sostenida. Véase Breithaupt v. Abram, supra; Blackford v. U.S., 247 F.2d 745 (1957); U.S. v. Nesmith, 121 F.Supp. 758 (1954); la Anotación en 25 A.L.R.2d 1407 (1952); los demás casos y autoridades citados en el escolio 4 de Pueblo v. Tribunal Superior, 84 D.P.R. 392 (1962); las fuentes anteriormente citadas en esta opinión y además Aim y Stefanson, Chemical Tests for Intoxication: A Legal, Medical and Constitutional Survey, 37 N.D. L. Rev. 212 (1961). En este extenso artículo los problemas constitucionales están discutidos en las págs. 232 y sgtes.

2. Que dicha Sec. 5-801 es inconstitucional por comprender un asunto no expresado claramente en su título. Tampoco tiene mérito este planteamiento. Lo que la Constitución exige es que el asunto, o sea, el tema o la materia sobre [725]*725la cual la ley trata aparezca claramente expresada en su título.

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