Pueblo v. Hernández García

102 P.R. Dec. 506
Supreme Court of Puerto Rico·Decided September 17, 1974·No. Número: CR-73-30·Published·Cited by 25 cases

Opinion

El Juez Presidente Señor Trías Monge

emitió la opinión del Tribunal.

La existencia y dimensión del deber del fiscal de descubrir prueba favorable al acusado ha sido objeto de frecuente examen por diversos tribunales y comentaristas. El problema se plantea de lleno en el caso presente.

Al acusado se le formuló acusación por tres infracciones a la Ley de Drogas de 1959, 24 L.P.R.A. sec. 974z, consisten-tes en la posesión, transportación y venta de marihuana. La prueba de cargo consistió del testimonio del señor Luis Grau-lau, agente para entonces de la División de Drogas y Narcó-ticos de la Policía, y del químico que identificó la droga. Grau-lau testificó, en resumen, que presenció la venta por el acusado a un tercero de un cigarrillo de marihuana. El agente les avisó entonces a unos compañeros de ronda que le aguardaban en otra calle, procediendo entre todos a arrestar al apelante, a quien le ocuparon treinta y dos cigarrillos de marihuana. El jurado rindió veredicto de culpabilidad y se le condenó a cumplir sentencias concurrentes de seis a nueve años de pre-sidio.

La vista del caso ocurrió el 10 de mayo de 1972. Catorce días más tarde, antes de pronunciarse sentencia, la defensa radicó una moción de nuevo juicio en que alegó básicamente que, sin conocer los hechos aducidos, para el día del juicio se realizaba una investigación sobre conducta impropia y des-honesta de Graulau, Pablo N. Padilla, Ulises Martínez y un cuarto agente desconocido por la defensa; que como resultado de dicha investigación se radicaron cargos por hurto mayor contra Padilla y por recibo de bienes robados contra los demás agentes, incluyendo a Graulau; que a Graulau se le exigió su renuncia de la División de Drogas y Narcóticos y que no se le procesó por acceder a declarar sobre los hechos investigados como testigo de cargo.

Como parte de su moción la defensa solicitó copia de las declaraciones juradas alegadamente prestadas por Graulau [508] en la mencionada investigación. En la vista de la moción la defensa desistió de su solicitud de que se le entregasen las referidas declaraciones. El tribunal denegó finalmente la mo-ción y procedió días más tarde a dictar sentencia.

Procede luego el acusado a solicitar fianza en apelación en la que alega, para sustanciar el recurso, fuera de repetir ale-gaciones de su moción de nuevo juicio, que innumerables acu-saciones por infracción a la Ley de Drogas se archivaron por el ministerio público por razón del resultado de la investiga-ción contra Graulau y sus compañeros. Se acompañó prueba al efecto y, en la vista de la moción, la defensa insertó en autos una declaración de Graulau, jurada tres días antes del juicio en la causa del epígrafe, en que el testigo afirmaba que, a instancias de Padilla, allanaron una morada, se apoderaron para su propio uso de una suma de dinero perteneciente a un vendedor de drogas y luego acordaron cometer perjurio si surgía alguna querella sobre el allanamiento.

En Mooney v. Holohan, 294 U.S. 103, reh. den. 294 U.S. 732 (1935) y en Pyle v. Kansas, 317 U.S. 213 (1942) (1) se condenó el uso consciente de testimonio perjuro por el fiscal. Desde estos casos, sin embargo, el análisis de este género de problemas ha experimentado extraordinaria evolución. En Napue v. Illinois, 360 U.S. 264 (1964), se sienta la norma de que la obtención de un veredicto maculado por testimonio de dicha naturaleza viola el debido proceso de ley.

Más tarde, en Brady v. Maryland, 373 U.S. 83 (1963) se expande aún más la regla, resolviéndose que la supresión de evidencia solicitada por la defensa y relevante a la inocen-cia o castigo del acusado viola el debido proceso de ley. (2) En Giglio v. United States, 405 U.S. 150 (1972), ya se expre-sa con toda claridad que no es la intención del fiscal lo que [509] cuenta para determinar si se ha ofendido el debido proceso de ley, sino la posibilidad de daño al acusado. Giglio es de especial interés para el estudio del caso presente pues la evidencia descubierta por el acusado fue que, con el desconocimiento del fiscal que desfiló la prueba de cargo, se le había ofrecido in-munidad por otro miembro del ministerio público a un cóm-plice del acusado que declaró contra éste.

En Giles v. Maryland, 386 U.S. 66 (1967), en opinión concurrente, el Juez Fortas expresó su opinión, no adoptada hasta ahora por una mayoría del Tribunal Supremo de los Estados Unidos, de que existe un deber afirmativo del fiscal de descubrir toda evidencia que no sea “meramente repeti-tiva ... o sin importancia para la defensa” en la prepara-ción del caso. El criterio más generalizado hasta hoy en la jurisprudencia es que la evidencia suprimida debe ser rele-vante a la inocencia del acusado o a la sanción que se le im-ponga. Comments, Materiality and Defense Requests: Aids in Defining the Prosecutor’s Duty of Disclosure, 59 Iowa L. Rev. 432 (1973).

Varios tribunales se han inclinado recientemente, no obs-tante, hacia el criterio de la necesidad de un descubrimiento total. United States v. Hibler, 463 F.2d 455 (9th Cir. 1972); Shuler v. Wainwright, 341 F.Supp. 1061, 1072 (M.D. Fla. 1972). En Vermont, el Canadá e Inglaterra priva la regla de total acceso al sumario fiscal y diversos comentaristas favo-recen al menos una expansión sustancial del ámbito de descu-brimiento usualmente permitido. Bass, V.: Brady v. Maryland and the Prosecutor’s Duty to Disclosure, 40 U. Chi. L. Rev. 112 (1972); Traynor, Ground Lost and Found in Criminal Discovery, 39 N.Y.U. L. Rev. 228 (1964).

Debe señalarse también que la necesidad de que la defensa solicite la evidencia en cuestión no se estima ya siempre, como en tiempos de Brady, un requisito cuya omisión libera indefectiblemente al fiscal de poner a la disposición del [510] acusado prueba relevante a su defensa. Davis v. Heyd, 479 F.2d 446 (5th Cir. 1973).

Free access — add to your briefcase to read the full text and ask questions with AI

Pueblo v. Hernández García, 102 P.R. Dec. 506 (prsupreme 1974).

102 P.R. Dec. 506 (Pueblo v. Hernández García) — published by Counsel Stack Legal Research, free access to 12M+ legal documents.

Related

El Pueblo De Puerto Rico v. Josué Romero Avilés
Tribunal De Apelaciones De Puerto Rico/Court of Appeals of Puerto Rico, 2025
El Pueblo De Puerto Rico v. Edwin R. Meléndez Ferrer
Tribunal De Apelaciones De Puerto Rico/Court of Appeals of Puerto Rico, 2025
El Pueblo De Puerto Rico v. Santiago Arriaga, Carol D
Tribunal De Apelaciones De Puerto Rico/Court of Appeals of Puerto Rico, 2025
El Pueblo De Puerto Rico v. Rivera Marrero, Wilfredo
Tribunal De Apelaciones De Puerto Rico/Court of Appeals of Puerto Rico, 2025
Pueblo v. Torres Feliciano
2018 TSPR 159 (Supreme Court of Puerto Rico, 2018)
El Pueblo v. Torres Rivera
2018 TSPR 36 (Supreme Court of Puerto Rico, 2018)
Pueblo v. Rodríguez Rodríguez
193 P.R. 987 (Supreme Court of Puerto Rico, 2015)
Pueblo v. William J. Rodriguez
2015 TSPR 139 (Supreme Court of Puerto Rico, 2015)
Pueblo v. Vélez Bonilla
189 P.R. 705 (Supreme Court of Puerto Rico, 2013)
Pueblo v. Velázquez Colón
174 P.R. 304 (Supreme Court of Puerto Rico, 2008)
Pueblo v. Cortes Quiñones
10 T.C.A. 131 (Tribunal De Apelaciones De Puerto Rico/Court of Appeals of Puerto Rico, 2004)
Pueblo v. Casanova
161 P.R. Dec. 183 (Supreme Court of Puerto Rico, 2004)
El Pueblo De P.R. v. Elliot Casanova, Hector Cortes Medina
2004 TSPR 15 (Supreme Court of Puerto Rico, 2004)
El Pueblo de Puerto Rico v. Arzuaga Rivera
160 P.R. Dec. 520 (Supreme Court of Puerto Rico, 2003)
El Pueblo De P.R. v. Victor Arzuaga Rivera Y Otro
2003 TSPR 157 (Supreme Court of Puerto Rico, 2003)
Banco Popular de Puerto Rico v. Estado Libre Asociado
9 T.C.A. 177 (Tribunal De Apelaciones De Puerto Rico/Court of Appeals of Puerto Rico, 2003)
Pueblo v. Ríos Alonso
156 P.R. Dec. 428 (Supreme Court of Puerto Rico, 2002)
El Pueblo De P.R. v. Osvaldo Rios Alonso
2002 TSPR 34 (Supreme Court of Puerto Rico, 2002)
Pueblo v. Ortiz Vega
149 P.R. Dec. 363 (Supreme Court of Puerto Rico, 1999)
Pueblo v. Jose L Ortiz Vega
99 TSPR 150 (Supreme Court of Puerto Rico, 1999)