Piovanetti Doumont v. Martínez
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Opinion
emitió la opinión del Tribunal.
EN MOCIÓN DE RECONSIDERACIÓN
El Federal Land Bank radicó una acción en ejecución de una hipoteca por la vía sumaria contra Enrique Piova-[664]*664netti para cobrar $4,545.68 de principal e intereses que éste le adeudaba. La subasta que adjudicó la finca al acreedor hipotecario se celebró el 20 de febrero de 1931. Veinticinco años después de haberse celebrado la subasta Piovanetti radica demanda contra el banco. Basa su acción en que no se había requerido de pago a Piovanetti. Reclama la devolu-ción del inmueble o en su defecto la suma de $108,000 por concepto de valor de la finca hipotecada más $237,250 por los frutos dejados de percibir. La acción prosperó. El banco fue condenado a pagarle $156,446.32 más intereses al 6% anual hasta el pago de la suma principal una vez deducidos el importe del crédito, los intereses vencidos y otros gastos y $5,000 de honorarios de abogado.
Fundándonos en Ríos v. Banco Popular, 81 D.P.R. 378 (1959), mediante sentencia revocamos la que había dictado la Sala de San Juan del Tribunal Superior, Hon. J. M. Calderón, Juez, por entender que estaba prescrita la acción ejercitada. En Ríos, tanto la opinión del Tribunal como la de los Señores Jueces Belaval y Santana Becerra [665]*665da por sentado lo tantas veces sostenido por este Tribunal, que la acción para anular un ejecutivo hipotecario no tiene término prescriptivo, Gaztambide v. Sucn. Ortiz, 70 D.P.R. 412 (1949), y que si la finca ejecutada ha pasado a manos de un tercero de buena fe — como determinó el juez de ins-tancia que había ocurrido en el presente caso- — la única acción que tiene el deudor ejecutado, es la de daños y per-juicios, acción que tiene un término prescriptivo de quince años según lo dispone el Art. 1864 del Código Civil, 31 L.P.R.A. sec. 5294. Buil v. Banco Popular, 69 D.P.R. 254, 266 (1948); F. Rodriguez Hnos. & Co. v. Aboy, 66 D.P.R. 525 (1946); Carmona et al. v. Cuesta, 20 D.P.R. 229 (1914) (revocado en cuanto al extremo que se refiere a cuando empieza a correr el término prescriptivo). Lo único que separaba a los jueces era la fecha desde cuando comienza a deducirse el período de quince años. En la sentencia que dic-tamos en el presente caso revocando la del tribunal de ins-tancia, consignamos que la acción estaba prescrita, no importa el punto de partida que tomáramos para el inicio del período prescriptivo — bien la fecha en que tuvo lugar la subasta; ya la fecha en que se inscribió a favor del tercero la finca; o bien la fecha del requerimiento. Se nos pide que reconsi-deremos esa sentencia ya que se alega que el caso de Ríos no es aplicable. Se sostiene que en Ríos el defecto surgía del escrito inicial — cobro en demasía de intereses — mientras que en el de autos el defecto que causa la nulidad ocurre en el procedimiento-falta del requerimiento válido de pago. Tan nulo fue un ejecutivo como el otro. Desde el punto de vista del derecho, tan inexistente fue una subasta como la otra. No encontramos justificación para hacer la distinción que propugna el demandante. Ríos no la contempló, ni la ha justificado la jurisprudencia anterior de este Tribunal. Arvelo v. Banco Ter. y Ag. de P.R., 25 D.P.R. 728 (1917). Del caso de Ríos a la pág. 386 citamos: “Por mandato legal, se hace responsable al acreedor y se le obliga a indemnizar los [666]*666daños y perjuicios que por ilegalidades en el ejercicio de su acción se ocasionen al deudor ejecutado. Así lo hemos de-clarado reiteradamente, al resolver: (1) que es preciso ajus-tarse de modo riguroso a los trámites y requisitos del pro-cedimiento sumarísimo, incurriéndose en nulidad de lo ac-tuado al apartarse de los mismos; y (2) que el cobro de intereses excesivos o de otras cantidades que no estén hipo-tecariamente garantizadas, constituye un error sustancial en perjuicio de los derechos del deudor que vicia de nulidad el procedimiento ejecutivo seguido, aunque tal ilegalidad se deba a un mero error de derecho o a un mero descuido en la investigación de los hechos que figuren en el escrito inicial.”
No establecimos distinciones entre una y otra clase de ilegalidades. No hay razón para establecerlas ahora. De hecho, en el caso de Arvelo arriba citado, la nulidad del ejecutivo la motivó, igual que en el presente caso, la ilegalidad del requerimiento de pago — se requirió de pago a la viuda solamente y no a todos los miembros de la sucesión. Como la finca ejecutada había pasado a un tercero se demandó en daños al acreedor ejecutante. Se planteó la defensa de prescripción alegándose que el término aplicable era el establecido en el Art. 1868 del Código Civil.
Por lo anteriormente expuesto se declarará sin lugar la moción de reconsideración.
La sentencia que se solicita reconsiderar lee así:
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99 P.R. Dec. 663, 1971 PR Sup. LEXIS 108, Counsel Stack Legal Research, https://law.counselstack.com/opinion/piovanetti-doumont-v-martinez-prsupreme-1971.