Estremera Colón v. Inmobiliaria Rac, Inc.

109 P.R. Dec. 852, 1980 PR Sup. LEXIS 126
Supreme Court of Puerto Rico·Decided June 17, 1980·No. Número: R-80-154·Published·Cited by 75 cases

Opinion

El Juez Asociado Señor Díaz Cruz

emitió la opinión del Tribunal.

Israel Ralat Fernández estaba empleado como mensa-jero de Benjamín Acosta, Inc., una firma de ajustadores de seguros con oficinas en la segunda planta de un edificio de tres pisos en el Núm. 329 de la calle Recinto Sur de San Juan. La demandada recurrente, Inmobiliaria Rac, Inc., era la dueña y administradora del citado edificio y había dado en arrendamiento a Benjamín Acosta, Inc., su local de oficina, siendo obligación de la arrendadora el man-tenimiento del edificio y, como parte de éste, el alumbrado de la escalera consistente en dos bombillas. El 21 mayo, 1975, la Autoridad de Fuentes Fluviales desconectó, por falta de pago, la línea que suplía luz a la escalera, y Acosta, en dos ocasiones, requirió a su arrendadora que corrigiera la situación que la sala de instancia describe como deficiente, aun cuando no de total oscuridad durante las horas del día en que la primera sección de la escalera que conducía de la entrada, por la calle, al segundo piso, recibía alguna luz natural de dicha puerta de entrada.

El 30 mayo, 1975, a las 10:20 a.m., el mensajero Ralat regresaba del banco a la oficina con la nómina de $4,000, cuando fue acuchillado y robado del dinero por un asaltante que escapó en automóvil, falleciendo la víctima ese mismo día como consecuencia de herida punzante que laceró su corazón y provocó un hemotórax bilateral masivo.

Los familiares de la víctima demandaron a la arrenda-dora Rac y a su aseguradora en daños y perjuicios, y la [855] sala de instancia, al concluir que aquélla había facilitado el asalto y muerte del empleado al dejar la escalera sin bombillas por nueve días, estimó la demanda y las condenó a pagar indemnización de $75,611.80, $5,000 de honorarios, más costas e intereses. Encontró el ilustrado juzgador una avenida de causación entre las sombras de la escalera y la muerte del mensajero, y concluyó de mayor probabilidad que el crimen no se hubiera cometido en la escalera, de haber habido alumbrado eléctrico.

Al recurso de la demandadas, el 24 abril, 1980, expedimos orden para que los demandantes recurridos muestren' causa por la cual no deba moderarse la responsabilidad por negligencia de la recurrente, dueña del edificio, y reducir proporcionalmente las partidas de daños adjudicadas; o revocar de un todo la sentencia.

En su escrito de contestación los recurridos hacen un loable esfuerzo por sostener la corrección de la sentencia aportando el nuevo argumento de que la garantía de habitabilidad del edificio, (1) que es prestación obligada del arrendador, incluía en este caso la disuasión de asaltantes, manteniendo las bombillas encendidas. Esa teoría se ha sostenido en New Jersey (2) por falta del arrendador de instalar una cerradura en la puerta de entrada en un caso, y por cerradura defectuosa en otro, cuando el edificio radica en zona de alta criminalidad y se ha cometido anteriormente en los predios delito de robo, situación que no se da en el presente caso.

El incremento de la violencia, el reto del criminal a la paz y sosiego del pueblo y la creciente probabilidad de que una persona sea víctima de un atentado contra su vida, su libertad o su propiedad, es una enfermedad del medio ambiente en que las personas [856] nacen, se educan, trabajan o simplemente existen. Es condición o circunstancia de la atmósfera general en que se desarrolla la gestión vital de cada miembro de la sociedad; y es, primordialmente, problema de seguridad pública y responsabilidad del Estado, la única entidad con los recursos y la fuerza necesarios para mantener la paz y la majestad de la Ley. Si tal es el ámbito en que se vive y se contrata, y tal la indefensión del pueblo contra ese tercero violento, los contratantes no pueden ser responsa-bles de la irrupción del crimen en el campo de sus negocios, a menos que éstos sean de los que, por su naturaleza esencial, vengan obligados a ofrecer un grado de protección y seguridad independiente del que puedan proveer las agencias de seguridad pública. Así, el hotel, (3) que básicamente duplica el hogar, el hospital y la escuela, sin agotar la lista, vienen obligados a mantener unas medidas razonables de seguridad en protección de sus huéspedes, pacientes y estudiantes, que no tienen que suplir otros contratantes y empresarios, cuya actividad no absorbe necesariamente, en el ámbito de ejecución del contrato, la protección de partes y terceros contra ataques criminales. El Código Civil tiene provista la norma de responsabilidad relativa, conjugada con la clase de activi-dad, en su Art. 1057 (31 L.P.R.A. see. 3021) que ordena: “[L]a culpa o negligencia del deudor consiste en la omisión de aquella diligencia que exija la naturaleza de la obligación y corresponda a las circunstancias de las personas, del tiempo y del lugar. .. .”

El deber de indemnizar presupone nexo causal entre el daño y el hecho que lo origina, pues sólo se han de indemnizar los daños que constituyen una consecuencia del hecho que obliga a la indemnización. (4) La causalidad está necesariamente limitada por el ámbito de la obligación, [857] pues es infinita la serie de daños que, en interminable encadenamiento, pueden derivarse del incumplimiento de una obligación. Falta nexo causal entre la tardanza de la arrendadora recurrente en reponer la bombilla que alumbraba la escalera y el asesinato del mensajero de la compañía ajustadora de seguros. Dicha omisión no consti-tuye conducta afirmativa que aumente considerablemente el riesgo de daño al demandante por el acto criminal de un tercero, en cuyo caso podría imponerse responsabilidad al demandado.

La ausencia de causación en la conducta general de la arrendadora demandada es evidente. Ella no creó ni agravó la situación sobre la cual actuó el tercero para producir el daño. Dicha situación es producto de la prevaleciente falta de seguridad pública ante la insuficiencia de los medios del Estado para controlar la violencia y el crimen. El arrendador que contrató bajo un régimen de derecho civil, en circunstancias de personas, tiempo y lugar que no acusan como riesgo normal del contrato un atentado a la vida de los usuarios del edificio arrendado, no viene obligado a prevenir ese tipo de daños. (5)

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Estremera Colón v. Inmobiliaria Rac, Inc., 109 P.R. Dec. 852, 1980 PR Sup. LEXIS 126 (prsupreme 1980).

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