Pueblo v. Aletriz Romero

85 P.R. Dec. 646
Supreme Court of Puerto Rico·Decided June 12, 1962·No. Número: 16525·Published·Cited by 27 cases

Opinion

El Juez Asociado Señor Pérez Pimentel

emitió la opinión del Tribunal.

El apelante fue convicto por un jurado del delito de ase-sinato en primer gr(ado, consistente en que en 7 de diciembre de 1957, con malicia premeditada y deliberación dio muerte ilegal a Alcides Rodríguez Villanueva, c/p Alcides Villa-nueva.

En este recurso(1) señala la comisión de tres errores. En los dos primeros sostiene que el veredicto es contrario a la prueba y a derecho y que no se probó adecuadamente la [649] «deliberación y premeditación, elementos imprescindibles en «el delito de asesinato en primer grado.

“La prueba de .cargo — según el resumen correcto que «de la misma hace el Procurador General — demostró que el .acusado — apelante conocía a la víctima desde mucho tiempo .atrás. El padre del acusado-apelante había sido encarce-lado después de celebrársele un juicio en el cual la víctima declaró como testigo de cargo. En distintas ocasiones la víctima había expresado su temor a las represalias que podría tomar el padre del acusado-apelante al salir de la cárcel. En este sentido dijo el testigo de cargo Francisco Villanueva Santiago que el mismo día de los hechos la víctima expresó «en presencia del acusado-apelante lo siguiente: ‘yo tengo que estar encerrado bajo la cama porque me están velando por-que va a salir el padre de él porque dijo que me iba a dar.’ A esto respondió el acusado-apelante, ‘si no es macho como yo, yo también te puedo matar también’. (T.E. pág. 49), y que ‘si tú no andas espabilado, te mato’, y ‘si no es macho para eso, yo te pueda matar ahora mismo’. (T.E. pág. 54.) El testigo de cargo Mariano Candelaria Ortega también declaró que en cierta ocasión el acusado-apelante le mani-festó que iba a matar a ‘ese muchacho Alcides’ y ‘que si no lo mataba a él, mataba a cualquiera en esa línea allá’. (T.E. pág. 17.)

“El día de los hechos el acusado-apelante se encontraba ■en la tienda de Emilio Olavarría cuando llegó Alcides, su víctima, quien permaneció fuera de la tienda. El primero salió de la tienda y le dijo ‘Ven acá’, se le acercó y le dio una bofetada; acto seguido sacó un puñal de doble filo infi-riéndole tres heridas sin que mediaran más. palabras entre ambos. La última de estas heridas le provocó la muerte a Alcides al día siguiente. La prueba de cargo también demostró que la misma noche en que ocurrieron los hechos el acusado-apelante admitió que había matado ‘a uno’. (T.E. pág. S7-40).” (Informe del Procurador General, pág. 3.)

[650] Arguye el apelante que la prueba de cargo fue “alta-mente interesada y prejuiciada” y que ninguno de los testi-gos de cargo “arroja luz alguna, para que el jurado pueda determinar si hubo aquí la premeditación y deliberación que harían del asesinato uno en primer grado”. Apoya su plan-teamiento en supuestas contradicciones en las declaraciones de los testigos de cargo.

Corresponde al jurado por ley la facultad de juzgar sobre la credibilidad de los testigos y no alteraremos sus conclusio-nes a menos que se demuestre que abusó de esas facultades al dar crédito a los testigos de cargo. Pueblo v. Ramírez, 50 D.P.R. 234; Pueblo v. Bartolomei, 70 D.P.R. 698, 704. El mero hecho de que en el testimonio de un testigo se advierta alguna contradicción no obliga al jurado a recha-zar el resto de dicho testimonio pues aquí, según sostiene correctamente el Procurador General, no impera la máxima “falsus in uno, falsus in omnibus”. Ortiz v. Martorell, 80 D.P.R. 544, 548; Pueblo v. Soto, 73 D.P.R. 55, 81; Pueblo v. Portalatín, 75 D.P.R. 159; Pueblo v. Roque, 53 D.P.R. 919; Pueblo v. Ortiz, 45 D.P.R. 835.

Por otro lado, la prueba de cargo contiene los elementos de la malicia premeditada y la deliberación. De acuerdo con esa prueba no medió provocación ni ataque por parte de la víctima y el acusado ya antes había hecho manifestaciones en el sentido de que iba a matar a Alcides, la víctima. En Pueblo v. Túa Cintrón, 84 D.P.R. 39, 58 (1961), dijimos:

“El expresar que se va a dar muerte a otro es incuestionable-mente un hecho afirmativo del cual el jurado puede determinar de manera expresa la malicia premeditada: —la manifestación de una deliberada intención de quitar la vida a un semejante, Cf. People v. Gorshen, 336 P.2d 492; People v. Cox, 153 P.2d 362; People v. Greig, 95 P.2d 936; —siendo la malicia preme-ditada ingrediente del asesinato tanto de primer como de segundo grado. Cf. People v. Lewie, 344 P.2d 861; People v. Cayer, 228 P.2d 70; People v. Bender, 163 P.2d 8. Tal mani-festación puede también ser un hecho del cual el jurado infiera una muerte deliberada y premeditada — característica sólo del [651] asesinato en primer grado — dependiendo de todos los demás hechos y circunstancias que aparezcan de la prueba; una muerte que requiere un proceso de reflexión y de pensamiento; darle vueltas al hecho en la mente, pesar la decisión de matar y las razones a favor y en contra de tal curso a seguir consciente de sus consecuencias, y una intención definida de matar resul-tado de tal proceso de reflexión y pensamiento.”

Los dos primeros errores no fueron cometidos. Por el tercero se ataca, como error perjudicial al acusado, las si-guientes instrucciones transmitidas al jurado:

“Es decir, señores del Jurado, que hay una línea divisoria, hay una guardarraya, una línea fronteriza entre asesinato en primer grado y asesinato en segundo grado y esa línea fronteriza consiste en la deliberación. No habiendo deliberación, esto es, no habiendo el designio de matar, no hay primer grado. Enton-ces hay segundo grado.
“He de deciros, para que ustedes lo tengan en mente, lo que quiere decir premeditación. De acuerdo con la jurisprudencia de nosotros en Puerto Rico y la ley, el término premeditación significa que el acto fue preconcebido y realizado después de haberse reflexionado, y el término deliberación, que yo lo llamé la línea fronteriza entre primer y segundo grado, significa un estado de serenidad o sangre fría. No significa calcular o reflexionar durante mucho tiempo, sino una intención o propó-sito de matar ejecutado por el aeusado en un estado de serenidad como consecuencia del deliberado propósito de satisfacer una pasión o venganza. Con estas dos acepciones de premeditación y deliberación que os he hecho, ustedes tienen base para calibrar con serenidad, sin prejuicio alguno, la prueba de este caso.” (Informe Procurador General, pág. 5.)

Argumentando este error el apelante se expresa así:

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Pueblo v. Aletriz Romero, 85 P.R. Dec. 646 (prsupreme 1962).

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