Pueblo v. Túa Cintrón

84 P.R. Dec. 39
CourtSupreme Court of Puerto Rico
DecidedNovember 27, 1961
DocketNúmero: 16451
StatusPublished
Cited by29 cases

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Bluebook
Pueblo v. Túa Cintrón, 84 P.R. Dec. 39 (prsupreme 1961).

Opinion

El Juez Asociado Señor Santana Becerra

emitió la opi-nión del Tribunal.

El apelante nos señala 15 errores contra la sentencia de asesinato en primer grado que se le dictó en este caso. Para entrar en la discusión de los mismos daremos a conocer la prueba que aparece en el récord sobre los hechos esenciales en torno a esta muerte.

El primer testigo de El Pueblo declaró que el 28 de julio de 1956, — el mismo día de los hechos,— el apelante fue a su farmacia entre cuatro y cinco de la tarde a comprar algo para los nervios y él le vendió 20 tabletas de bromural en un sobrecito de la farmacia que procedió a identificar. El ape-lante se tomó una tableta en la propia farmacia. Le dijo al testigo que estaba nervioso, que había perdido la noche en el velorio del Ledo. Nelson Colberg.

Luis Marty Rivera declaró que estando en un mitin po-lítico el domingo anterior al día de la muerte, — sábado 28 de julio de 1956, — la víctima Loreto Rivera le dijo al ape-lante Túa que él era un pillo y le había robado terreno por-que le había rodado las cercas de sus colindancias. Iba a haber un encuentro entre ambos que fue evitado. El viernes día anterior a los hechos Túa pidió al declarante que le sir-[44]*44viera de testigo para demandar a Loreto Rivera por la im-putación de pillo a lo que el testigo se negó. Túa entonces-le dijo: “Si tú no me sirves de testigo, lo mato como un perro”, refiriéndose a la víctima. El testigo informó eso a Rivera y éste dijo que ese no mataba ni a una gallina.

Casto Ramírez declaró que como a las ocho de la noche-del 28 de julio de 1956 vio venir a la víctima quien -se paró-un rato frente a una vitrina del establecimiento de A. Sa-nabria a ver la mercancía, y desde el balcón de su casa a. unos 35 a 40 pies oyó 5 ó 6 tiros corridos y vio una persona de pie que no pudo apreciar disparando hacia el suelo, vio Ios-fogonazos hacia abajo. No vio nada en el suelo debido a la oscuridad y la distancia y vio al hombre pero no podía decir quién era. El foco estaba fundido y sólo veía la figura del hombre de pie que disparaba hacia abajo. Dijo no haber oído palabras o provocaciones antes de los disparos.

Miguel Angel Camacho declaró que como a las ocho de-la noche del 28 de julio la víctima Loreto Rivera venía por el frente de A. Sanabria y vio a Túa a la parte de atrás del', establecimiento. Cuando Rivera venía doblando la esquina Túa estaba detrás de un dron de basura situado en la acera. “fiangotado” detrás del dron, de unos 3 pies de altura, y salió de detrás del dron y le disparó el primer tiro, como a. ocho pies de distancia. La víctima cayó al suelo con este-disparo. Túa hizo cinco disparos más estando Rivera en el suelo, como a tres o cuatro pies de distancia. Al primer tiro la víctima cayó. El sitio estaba oscuro. En la repre-gunta este testigo dijo que estaba “ajumao”, había estado-bebiendo cerveza, luego dijo que estaba “vacilón”. La pri-mera vez que pasó vio al apelante de pie, la segunda vez: cuando dio la vuelta a la tienda lo vio detrás del dron. Dijo-que la víctima llevaba una botella de cerveza chiquita en la. mano derecha. Este testigo montaba una bicicleta por eL sitio de los hechos.

[45]*45Apolonio Irizarry manifestó que esa noche como de ocho y cuarto a ocho y media al llegar a la calle de A. Sanabria a la parte de atrás divisó a Túa y a Loreto Rivera y cuando se les fue acercando salió un disparo y rápidamente otro co-rrido. Rivera cayó al suelo. Túa estaba al lado de un dron y Rivera estaba de frente, ambos frente a frente y el dron por el medio. Oyó solo dos disparos y Túa corrió cuando ca-yó la víctima. Este testigo también iba en una bicicleta. El primer disparo fue como a ocho pies y el segundo a seis. El sitio estaba bastante oscuro.

El Teniente de la Policía Marcos A. Vega dijo que al llegar al sitio de los hechos registró el cadáver de Loreto Rivera y le encontró dinero y documentos. Halló una bo-tella de cerveza India hacia la cabeza de la víctima y un plomo incrustado en la pared de A. Sanabria. En la ma-ñana del 30 de julio encontró en el patio de una casa situada detrás de A. Sanabria un revólver calibre 38 con seis cáp-sulas disparadas, que aparecía estar inscrito a nombre del apelante desde el año 1948.

En adición a los hechos anteriormente expuestos, hubo prueba médica sobre la autopsia. También, que ocho días antes de la muerte la víctima había mandado a decir al ape-lante que por la orilla de tierra que le había quitado estaba dispuesto a ser amigo de él porque la orilla de tierra no se la iba a llevar para el hoyo el día que muriese; que mo-mentos antes de la muerte Rivera se afeitó en la barbería y su estado de ánimo era como el de siempre, pasando el rato con el barbero; que al día siguiente la víctima celebraba un bautismo en su casa, y que después de los tiros Túa huyó con unas gafas puestas que se quitó y el gabán en la mano que tiró debajo de un vehículo y en el bolsillo encontraron el sobrecito con las tabletas. La prueba de defensa fue la si-guiente : Eulogio Seda declaró que la víctima iba caminando-por A. Sanabria con una botella en la mano y al doblar la esquina notó que hizo “así” con la botella y dijo “toma, so-[46]*46pillo”, levantando la mano derecha con la botella. Enton-ces Túa le hizo unos disparos rápidos. Túa venía cami-nando y ambos estaban de frente. Estaba semioscuro. Cuando Loreto dijo esas palabras y levantó la mano se en-contraba como a 20 ó 25 pies de Túa.

El policía Matías Alvarez dijo que en un mitin celebrado un sábado o domingo de julio de 1956 oyó a la víctima de-cirle en voz alta al apelante “tú eres un pillo, me robaste un pedazo de terreno”, y que Túa caminó hasta unos policías y no supo si éstos intervinieron con Rivera.

Tomás Montalvo relató que iba con Rivera en el entierro del Lie. Colberg ese día y al pasarles Túa por el lado, quien también iba en el entierro, Rivera dijo “mira donde va ese pillo que me corrió los puntos”. “Ese que va ahí me rodó los puntos pero eso no se va a quedar así”. Que no se iba a quedar con esa que lo iba a matar, que eso no se iba a quedar así porque tan pronto lo cogiera lo iba a matar. El testigo se dio cuenta que Túa oyó eso. Más tarde le pre-guntó al apelante que qué le había sucedido con Rivera que estaba indignado y éste le dijo que eran pamplinas de Lo-reto, a lo cual el testigo le advirtió que tuviera mucho cui-dado que les podía traer malos resultados.

El apelante declaró en su defensa. Después de relatar problemas e incidentes de colindancias con la víctima desde 1952, dijo que en el mitin celebrado ocho días antes Rivera le echó mano por el brazo y le dijo: “Tú eres un ladrón, un picaro, te voy a entrar a tiros”. Fue a la policía y se lle-varon a Rivera. El día de los hechos se amaneció en el ve-lorio del Ledo. Colberg, estaba aletargado por la pérdida de la noche y le pidió las pastillas al farmacéutico. En el en-tierro oyó lo que Rivera le dijo a Montalvo y dijo que éste le había informado toda la conversación y que él corría ciento por ciento de peligro. Esa noche venía de su casa a buscar a su esposa; traía revolver porque tenía unas cuantas ame-nazas de Rivera y creía que su vida corría ciento por ciento [47]*47de peligro. Tan pronto lo vio Rivera a 18 ó 20 pies de dis-tancia le dijo: “Toma, so pillo” y le vio un arma brillosa en las manos que no supo lo que podía ser. La víctima hizo un movimiento o ademán de tirarle con el arma brillosa y el apelante “peló” por su revólver y le hizo unos cuantos dis-paros corridos, como cosa de relámpago. Estaban como a dieciocho o veinte pies.

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