Walker v. Tribunal de Contribuciones de Puerto Rico

72 P.R. Dec. 698, 1951 PR Sup. LEXIS 221
CourtSupreme Court of Puerto Rico
DecidedJune 27, 1951
DocketNúm. 251
StatusPublished
Cited by20 cases

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Walker v. Tribunal de Contribuciones de Puerto Rico, 72 P.R. Dec. 698, 1951 PR Sup. LEXIS 221 (prsupreme 1951).

Opinion

El Juez Asociado Señor Marrero

emitió la opinión del tribunal.

Para revisar la sentencia dictada en 2 de agosto del pa-sado año por el Tribunal de Contribuciones, desestimando la [700]*700querella interpuesta en un caso de reintegro de contribución sobre ingresos, por Samuel Walker contra el Tesorero de Puerto Rico, libramos el auto de certiorari autorizado por el artículo 6 de la Ley 328 de 18 de mayo de 1949 (págs. 997, 1005) -l1) Alegó en esa querella el recurrente que en 20 de diciembre de 1948 y por mediación de un mandatario, radicó en el Departamento de Hacienda su Declaración de Ingresos por el año económico terminado en 30 de junio de 1948; que desde agosto 5 de 1947 ha sido y es dueño de las acciones preferidas de la Eastern Sugar Associates (a Trust) enumeradas en el exhibit A, anexo; que ha recibido dividen-dos sobre esas acciones en las fechas y cantidades relacio-nadas en el aludido exhibit, reteniéndose en su origen el 29 por ciento de dichos dividendos en concepto de contribución sobre ingresos para ser pagado al querellado de acuerdo con la sección 22 de la Ley de Contribuciones Sobre Ingresos de Puerto Rico(2) por el agente retenedor, The National City Bank of New York, Sucursal de San Juan; que en todo momento desde agosto 5 de 1947 ha sido ciudadano de los Estados Unidos de América y del estado de Nueva York; que simultáneamente con su declaración de ingresos radicó una reclamación de reintegro por la suma de $29 retenida en su origen, alegando que tal cantidad había sido ilegal-mente retenida; que en 12 de enero de 1949 recibió una carta del querellado en la cual éste le notificaba que su reclamación de reintegro era denegada; que entiende que el reintegro reclamado debe ser concedido, toda vez que la cantidad rete-nida constituye una contribución cobrada sin autorización legal, porque el referido cobro viola lo dispuesto en la en-mienda introducida al Artículo 2 de la Carta Orgánica de Puerto Rico por el Congreso de los Estados Unidos de Amé-[701]*701rica, mediante la Ley 362, de 5 de agosto de 1947, “ya que con ello se discrimina ilegalmente en contra de la parte quere-llante y en favor de los residentes de Puerto Rico con res-pecto al tipo contributivo, créditos, exenciones personales y otras deducciones, y se le negaría con ello los derechos, privi-legios e inmunidades garantizados por la referida enmienda a nuestra Carta Orgánica”.

Poco después se presentó por las partes en el caso de Gilbert J. Postley v. Tesorero de Puerto Rico, R-180 T.C., una estipulación, en la cual hicieron constar que la querella de ese caso y las • sucesivamente radicadas hasta la' núm. R-206 T.C., inclusive,!3) presentan la misma cuestión liti-giosa y para evitar en los demás casos el cuantioso trámite y trabajo clerical que se obviaría con la sentencia que pudiera recaer en él, se estipulaba y acordaba que las cuestiones planteadas fueran litigadas en ese caso y que las demás que-rellas R-181 a R-206 T.C., ambas inclusives, quedaran radi-cadas y pendientes hasta tanto se resolvieran las cuestiones suscitadas en ese recurso, pudiendo ser falladas las demás querellas por aquel tribunal en forma igual a la sentencia que en él recayera. Dicha estipulación fué aprobada tres días más tarde por el tribunal recurrido, ordenándose que se uniera copia de la misma y de la resolución aprobatoria a cada uno de los expedientes respectivos.

En el caso de Postley el querellado radicó su contestación aceptando algunos hechos de la querella, negando los esen-ciales, y alegando como defensa afirmativa, entré otras, que “aún aceptando como ciertos todos y cada uno de los hechos alegados en la querella, la misma, no aduce motivos suficientes para sostener la reclamación”.

La cuestión de derecho así planteada por esa defensa afir-mativa fué vista y resuelta preferentemente por el Tribunal [702]*702de Contribuciones, dictando al efecto resolución en 27 de junio de 1950 declarando tal defensa con lugar y concediendo al querellante un término de diez días para radicar demanda enmendada, si lo deseaba. El motivo fundamental que tuvo para así hacerlo fué que: “No existe en la demanda alega-ción alguna al efecto de que Puerto Rico no tiene una base racional o una justificación, o que no existe un mal local que la Asamblea Legislativa haya creído propio afrontar impo-niendo a contribuyentes absentistas un tipo de contribución mayor y negarles determinados créditos”; que “como se dijo en Toomer v. Witsell, supra, (4) el demandante debe alegar la no existencia de motivos válidos para el discrimen, inde-pendientes del discrimen mismo”; y que “En ausencia de tal alegación y la prueba en su día, debemos presumir que la Asamblea Legislativa tuvo justificación y que existe base racional para ía diferenciación en trato entre unos ciudadanos americanos y otros ciudadanos americanos”. En armonía con la estipulación ya citada el tribunal recurrido dictó idéntica resolución en el presente y a moción del peti-cionario, Samuel Walker, dictó en su caso la sentencia a que ya hemos aludido. (5)

Entre los errores señalados por el peticionario en el recurso que pende ahora ante nuestra consideración están los de que el Tribunal de Contribuciones erró al desestimar la querella por no aducir ésta hechos determinantes de una causa de acción; al no dictar sentencia sobre las alegaciones a favor del querellante; al resolver que la Corte Suprema de los Estados Unidos en el caso de Toomer v. Witsell, 334 U.S. 385, decidió que el contribuyente que es ciudadano de otro estado debe alegar la no existencia de motivos válidos para el discrimen, independientemente del discrimen mismo; y al decidir que en ausencia de alegación y prueba por el [703]*703querellante a ese efecto, el tribunal debía presumir que la Asamblea Legislativa estuvo justificada al discriminar entre ciudadanos americanos no residentes, que son ciudadanos de algún estado de la Unión, y ciudadanos americanos residen-tes de Puerto Rico, y que existe una base racional para ello. Pasaremos inmediatamente a discutirlos:

En 5 de agosto de 1947 el Octogésimo Congreso de los Estados Unidos en su Primera Sesión adicionó a virtud de la Ley Pública núm. B62 (U. S. Code, Congressional Service, 80th Congress, 1947, pág. 768) ,al artículo 2 de nuestra Carta Orgánica (48 U.S.C., see. 737), un párrafo que.reza así:

“Los derechos, privilegios e inmunidades de los ciudadanos de los Estados Unidos se respetarán en Puerto Rico hasta el mismo grado que si Puerto Rico fuera un estado de la Unión y sujeto a las disposiciones del inciso 1 de la Sección 2 del Artículo IV de la Constitución de los Estados Unidos.” (6)

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