Pueblo v. Fournier Sampedro

77 P.R. Dec. 222
CourtSupreme Court of Puerto Rico
DecidedNovember 5, 1954
DocketNúmero 15318
StatusPublished
Cited by38 cases

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Pueblo v. Fournier Sampedro, 77 P.R. Dec. 222 (prsupreme 1954).

Opinions

El Juez Presidente Señor Snyder

emitió la opinión del Tribunal.

Contra Ramón Antonio Fournier Sampedro se radicó ante el anterior tribunal de distrito una acusación de asesinato en primer grado. Se le imputaba que el día 7 de septiembre de 1950 había dado muerte a su ex-esposa, Iris Nereida Her-[228]*228nández Matos, estrangulándola. Se le juzgó ante un jurado, íué declarado culpable y sentenciado a reclusión perpetua.

El problema que nos atañe principalmente en esta ape-lación es si las confesiones del acusado fueron indebidamente admitidas en evidencia. A fin de discutir adecuadamente esta cuestión, debemos primero exponer en detalle la eviden-cia presentada durante el juicio.

I

Resumen de la Evidencia Presentada durante el Juicio

El Dr. Donald F. Babbs declaró que el día 8 de octubre de 1950 a las 11:30 de la mañana, él estaba en el Cementerio Fournier en Isla Verde y vió cuando de una excavación de la fosa número 4 extrajeron el cadáver de una mujer, posterior-mente identificada como Iris Nereida. El cadáver aparecía completamente vestido, con un traje, dos enaguas, un sostén y dos panties. La ropa interior aparecía en su sitio normal y co-rriente, pero la falda del traje cubría la cabeza de la mujer y una bufanda aparecía amarrada cubriéndole la boca y la cara. En el traje se encontraron una cartera de mujer y una caja de Kleenex. En un brazo tenía una pulsera y una sortija de brillantes en una mano. Alrededor del cuello aparecía un cinturón de mujer en forma de torniquete. El cinturón daba dos vueltas alrededor del cuello y había sido torcido. El cin-turón tenía un nudo y en el nudo había un clavo de 4% pulgadas. El testigo identificó todos estos objetos los cuales luego fueron admitidos en evidencia. Al día siguiente el tes-tigo practicó la autopsia del cadáver. La muerte había ocu-rrido dentro de 4 a 6 semanas antes de la fecha de la autop-sia. La laringe mostraba dos fracturas y la tráquea había sido oprimida. Las lesiones a la laringe y a la tráquea ha-bían sido causadas por presión fuerte desde afuera. El tes-tigo cree que esto fué resultado de las dos vueltas que tenía el cinturón alrededor del cuello y luego apretando aquél, lo que causó dos profundas marcas en la carne del cuello. La finada medía 5' 2" y parecía pesar 110 lbs. La causa de la [229]*229muerte fué estrangulación por garrote con un cinturón. El testigo es de opinión que las lesiones y la estrangulación no podían haberse producido por la propia finada: antes de que el cinturón estuviera lo suficientemente apretado para cau-sarle la muerte, ella se habría desmayado y entonces se hu-biera aflojado el cinturón.

El testimonio de los tres o cuatro testigos siguientes, que eran empleados del Cementerio Fournier, estableció con evi-dencia circunstancial no controvertida, que el 7 de septiem-bre de 1950, aproximadamente a las 11 de la noche, el acu-sado había enterrado el cadáver de Iris Nereida en las con-diciones y con los objetos descritos por el Dr. Babbs en la tumba núm. 4 del Cementerio Fournier, que administraba y del que era socio el acusado.

Juan Ponce López declaró que es celador del Cementerio Fournier, radicado en Isla Verde, en la carretera de Santurce a Carolina. Como celador guarda las llaves del cementerio. Abre los portones de éste a las 7:00 a. m. y los cierra a las 6 p. m. El 7 de septiembre de 1950, a las 11 de la mañana, el acusado estaba en el cementerio y recibió una llamada tele-fónica, la cual le había dicho el acusado que estaba espe-rando. El acusado entonces dijo al testigo que la llamada había sido hecha por Lucy, hermana de Iris Nereida, dicién-dole al acusado que “Iris se había ido con el novio”. El acu-sado se fué seguida en su Cadillac. Fournier regresó al Ce-menterio como a las 3:30 p.m., el mismo día, y ordenó a Gregorio Fargas, empleado del cementerio, que hiciera un hoyo en la fosa núm. 4 para ver si salía agua. Gregorio hizo un hoyo como de dos pies cuadrados y el testigo se fué a hacer su trabajo. A las 11 de la noche del mismo día Fournier vino en su Cadillac a la casa cerca del cementerio donde vivía el testigo. El acusado dió a este un poco de ron y em-pezó a leer un periódico. Entonces Fournier le pidió las llaves al testigo para entrar al cementerio ya que tenía una cita con una enfermera. El testigo le dió las llaves al acu-sado. Fournier había estacionado su automóvil frente a la [230]*230casa del testigo. Este pudo ver que no había mujer alguna en el automóvil. El testigo se fué a dormir. Como a la hora regresó Fournier para devolverle las llaves. El acusado es-taba un poco sudado. Fournier dijo al testigo que si éste se levantaba al otro día, primero que él, que mirara a ver si encontraba un zapato blanco de mujer que el acusado había perdido en el cementerio. Cuando el testigo llegó al cemen-terio a las 6:40 al día siguiente, ya Fournier estaba allí. El 7 de septiembre, cuando el testigo cerró el cementerio, el hoyo que Fargas había cavado se quedó abierto; temprano en la mañana siguiente, cuando el testigo lo vió por primera vez, ya había sido llenado con arena. El acusado le dijo a Pedro Andino, otro empleado del cementerio, que hiciera una mezcla de concreto para tirar los pisos de las fosas de la parcela F, que incluía la núm. 4. Cuando los empleados fueron a tirar el piso de concreto en la fosa núm. 4, ya ésta había sido lle-nada y nivelada. Fournier nunca antes había pedido al tes-tigo las llaves a fin de entrar al cementerio con una enfer-mera. Una mañana, mientras el testigo y otros empleados trabajaban en el cementerio, llegó el fiscal Viera Martínez con algunos detectives y puso a Fargas y a Andino a trabajar cavando en la fosa núm. 4. Lo primero que encontraron fué el zapato entre las fosas 5 y 6. Entonces encontraron el cadáver de Iris Nereida en la fosa 4. En la mañana del día 8 de septiembre, el testigo notó una mancha de sangre en el guardalodo trasero derecho del Cadillac de Fournier. Posteriormente, pero antes de desenterrarse el cadáver, Four-nier dijo al testigo que ya no tenía que darle dinero a Iris Nereida por que esta se había ido con un “macho”.

Agapito Rosa García, empleado del cementerio, corroboró la declaración de Juan Ponce López con respecto a la «orden de Fournier de tirarle el piso a la fosa núm. 4 en la mañana del 8 de septiembre. También vió la mancha de sangre en el guardalodo del automóvil de Fournier aquella mañana. Fournier se fué del cementerio aquella misma mañana y re-gresó como a las 9 a.m. trayendo un paquete envuelto en pa-[231]*231pel de bolsas de cemento. El propio acusado hizo un hoyo con una pala entre las fosas 5 y 6, tiró el paquete en el hoyo, y lo tapó. El testigo también corroboró la declaración de Ponce López al efecto de que el fiscal Viera y algunos detectives estaban presentes en la mañana del 8 de octubre de 1950 cuando Fargas y Andino, cavando por órdenes del fiscal entre las tumbas 5 y 6, encontró un zapato blanco de mujer con pedazos de papel de bolsas de concreto en el mismo sitio en que Fournier había hecho el hoyo donde había tirado el paquete. El testigo también declaró que siguieron cavando y encontraron el cadáver de Iris Nereida en la fosa 4. Un día después del 8 de septiembre, Fournier estaba en la oficina leyendo un periódico y dijo: “Mira, Iris Nereida está desapa-recida y se fué con un macho”.

Pedro Andino Villalongo, también empleado en el cemen-terio, declaró al mismo tenor que Ponce López y Rosa Gar-cía, o sea que a la fosa 4 se le había tirado el piso de con-creto el 8 de septiembre por órdenes de Fournier.

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