El Juez Presidente Señor Snyder
emitió la opinión del Tribunal.
Contra Ramón Antonio Fournier Sampedro se radicó ante el anterior tribunal de distrito una acusación de asesinato en primer grado. Se le imputaba que el día 7 de septiembre de 1950 había dado muerte a su ex-esposa, Iris Nereida Her-[228] nández Matos, estrangulándola. Se le juzgó ante un jurado, íué declarado culpable y sentenciado a reclusión perpetua.
El problema que nos atañe principalmente en esta ape-lación es si las confesiones del acusado fueron indebidamente admitidas en evidencia. A fin de discutir adecuadamente esta cuestión, debemos primero exponer en detalle la eviden-cia presentada durante el juicio.
I
Resumen de la Evidencia Presentada durante el Juicio
El Dr. Donald F. Babbs declaró que el día 8 de octubre de 1950 a las 11:30 de la mañana, él estaba en el Cementerio Fournier en Isla Verde y vió cuando de una excavación de la fosa número 4 extrajeron el cadáver de una mujer, posterior-mente identificada como Iris Nereida. El cadáver aparecía completamente vestido, con un traje, dos enaguas, un sostén y dos panties. La ropa interior aparecía en su sitio normal y co-rriente, pero la falda del traje cubría la cabeza de la mujer y una bufanda aparecía amarrada cubriéndole la boca y la cara. En el traje se encontraron una cartera de mujer y una caja de Kleenex. En un brazo tenía una pulsera y una sortija de brillantes en una mano. Alrededor del cuello aparecía un cinturón de mujer en forma de torniquete. El cinturón daba dos vueltas alrededor del cuello y había sido torcido. El cin-turón tenía un nudo y en el nudo había un clavo de 4% pulgadas. El testigo identificó todos estos objetos los cuales luego fueron admitidos en evidencia. Al día siguiente el tes-tigo practicó la autopsia del cadáver. La muerte había ocu-rrido dentro de 4 a 6 semanas antes de la fecha de la autop-sia. La laringe mostraba dos fracturas y la tráquea había sido oprimida. Las lesiones a la laringe y a la tráquea ha-bían sido causadas por presión fuerte desde afuera. El tes-tigo cree que esto fué resultado de las dos vueltas que tenía el cinturón alrededor del cuello y luego apretando aquél, lo que causó dos profundas marcas en la carne del cuello. La finada medía 5' 2" y parecía pesar 110 lbs. La causa de la [229] muerte fué estrangulación por garrote con un cinturón. El testigo es de opinión que las lesiones y la estrangulación no podían haberse producido por la propia finada: antes de que el cinturón estuviera lo suficientemente apretado para cau-sarle la muerte, ella se habría desmayado y entonces se hu-biera aflojado el cinturón.
El testimonio de los tres o cuatro testigos siguientes, que eran empleados del Cementerio Fournier, estableció con evi-dencia circunstancial no controvertida, que el 7 de septiem-bre de 1950, aproximadamente a las 11 de la noche, el acu-sado había enterrado el cadáver de Iris Nereida en las con-diciones y con los objetos descritos por el Dr. Babbs en la tumba núm. 4 del Cementerio Fournier, que administraba y del que era socio el acusado.
Juan Ponce López declaró que es celador del Cementerio Fournier, radicado en Isla Verde, en la carretera de Santurce a Carolina. Como celador guarda las llaves del cementerio. Abre los portones de éste a las 7:00 a. m. y los cierra a las 6 p. m. El 7 de septiembre de 1950, a las 11 de la mañana, el acusado estaba en el cementerio y recibió una llamada tele-fónica, la cual le había dicho el acusado que estaba espe-rando. El acusado entonces dijo al testigo que la llamada había sido hecha por Lucy, hermana de Iris Nereida, dicién-dole al acusado que “Iris se había ido con el novio”. El acu-sado se fué seguida en su Cadillac. Fournier regresó al Ce-menterio como a las 3:30 p.m., el mismo día, y ordenó a Gregorio Fargas, empleado del cementerio, que hiciera un hoyo en la fosa núm. 4 para ver si salía agua. Gregorio hizo un hoyo como de dos pies cuadrados y el testigo se fué a hacer su trabajo. A las 11 de la noche del mismo día Fournier vino en su Cadillac a la casa cerca del cementerio donde vivía el testigo. El acusado dió a este un poco de ron y em-pezó a leer un periódico. Entonces Fournier le pidió las llaves al testigo para entrar al cementerio ya que tenía una cita con una enfermera. El testigo le dió las llaves al acu-sado. Fournier había estacionado su automóvil frente a la [230] casa del testigo. Este pudo ver que no había mujer alguna en el automóvil. El testigo se fué a dormir. Como a la hora regresó Fournier para devolverle las llaves. El acusado es-taba un poco sudado. Fournier dijo al testigo que si éste se levantaba al otro día, primero que él, que mirara a ver si encontraba un zapato blanco de mujer que el acusado había perdido en el cementerio. Cuando el testigo llegó al cemen-terio a las 6:40 al día siguiente, ya Fournier estaba allí. El 7 de septiembre, cuando el testigo cerró el cementerio, el hoyo que Fargas había cavado se quedó abierto; temprano en la mañana siguiente, cuando el testigo lo vió por primera vez, ya había sido llenado con arena. El acusado le dijo a Pedro Andino, otro empleado del cementerio, que hiciera una mezcla de concreto para tirar los pisos de las fosas de la parcela F, que incluía la núm. 4. Cuando los empleados fueron a tirar el piso de concreto en la fosa núm. 4, ya ésta había sido lle-nada y nivelada. Fournier nunca antes había pedido al tes-tigo las llaves a fin de entrar al cementerio con una enfer-mera. Una mañana, mientras el testigo y otros empleados trabajaban en el cementerio, llegó el fiscal Viera Martínez con algunos detectives y puso a Fargas y a Andino a trabajar cavando en la fosa núm. 4. Lo primero que encontraron fué el zapato entre las fosas 5 y 6. Entonces encontraron el cadáver de Iris Nereida en la fosa 4. En la mañana del día 8 de septiembre, el testigo notó una mancha de sangre en el guardalodo trasero derecho del Cadillac de Fournier. Posteriormente, pero antes de desenterrarse el cadáver, Four-nier dijo al testigo que ya no tenía que darle dinero a Iris Nereida por que esta se había ido con un “macho”.
Agapito Rosa García, empleado del cementerio, corroboró la declaración de Juan Ponce López con respecto a la «orden de Fournier de tirarle el piso a la fosa núm. 4 en la mañana del 8 de septiembre. También vió la mancha de sangre en el guardalodo del automóvil de Fournier aquella mañana. Fournier se fué del cementerio aquella misma mañana y re-gresó como a las 9 a.m. trayendo un paquete envuelto en pa-[231] pel de bolsas de cemento. El propio acusado hizo un hoyo con una pala entre las fosas 5 y 6, tiró el paquete en el hoyo, y lo tapó. El testigo también corroboró la declaración de Ponce López al efecto de que el fiscal Viera y algunos detectives estaban presentes en la mañana del 8 de octubre de 1950 cuando Fargas y Andino, cavando por órdenes del fiscal entre las tumbas 5 y 6, encontró un zapato blanco de mujer con pedazos de papel de bolsas de concreto en el mismo sitio en que Fournier había hecho el hoyo donde había tirado el paquete. El testigo también declaró que siguieron cavando y encontraron el cadáver de Iris Nereida en la fosa 4. Un día después del 8 de septiembre, Fournier estaba en la oficina leyendo un periódico y dijo: “Mira, Iris Nereida está desapa-recida y se fué con un macho”.
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El Juez Presidente Señor Snyder
emitió la opinión del Tribunal.
Contra Ramón Antonio Fournier Sampedro se radicó ante el anterior tribunal de distrito una acusación de asesinato en primer grado. Se le imputaba que el día 7 de septiembre de 1950 había dado muerte a su ex-esposa, Iris Nereida Her-[228] nández Matos, estrangulándola. Se le juzgó ante un jurado, íué declarado culpable y sentenciado a reclusión perpetua.
El problema que nos atañe principalmente en esta ape-lación es si las confesiones del acusado fueron indebidamente admitidas en evidencia. A fin de discutir adecuadamente esta cuestión, debemos primero exponer en detalle la eviden-cia presentada durante el juicio.
I
Resumen de la Evidencia Presentada durante el Juicio
El Dr. Donald F. Babbs declaró que el día 8 de octubre de 1950 a las 11:30 de la mañana, él estaba en el Cementerio Fournier en Isla Verde y vió cuando de una excavación de la fosa número 4 extrajeron el cadáver de una mujer, posterior-mente identificada como Iris Nereida. El cadáver aparecía completamente vestido, con un traje, dos enaguas, un sostén y dos panties. La ropa interior aparecía en su sitio normal y co-rriente, pero la falda del traje cubría la cabeza de la mujer y una bufanda aparecía amarrada cubriéndole la boca y la cara. En el traje se encontraron una cartera de mujer y una caja de Kleenex. En un brazo tenía una pulsera y una sortija de brillantes en una mano. Alrededor del cuello aparecía un cinturón de mujer en forma de torniquete. El cinturón daba dos vueltas alrededor del cuello y había sido torcido. El cin-turón tenía un nudo y en el nudo había un clavo de 4% pulgadas. El testigo identificó todos estos objetos los cuales luego fueron admitidos en evidencia. Al día siguiente el tes-tigo practicó la autopsia del cadáver. La muerte había ocu-rrido dentro de 4 a 6 semanas antes de la fecha de la autop-sia. La laringe mostraba dos fracturas y la tráquea había sido oprimida. Las lesiones a la laringe y a la tráquea ha-bían sido causadas por presión fuerte desde afuera. El tes-tigo cree que esto fué resultado de las dos vueltas que tenía el cinturón alrededor del cuello y luego apretando aquél, lo que causó dos profundas marcas en la carne del cuello. La finada medía 5' 2" y parecía pesar 110 lbs. La causa de la [229] muerte fué estrangulación por garrote con un cinturón. El testigo es de opinión que las lesiones y la estrangulación no podían haberse producido por la propia finada: antes de que el cinturón estuviera lo suficientemente apretado para cau-sarle la muerte, ella se habría desmayado y entonces se hu-biera aflojado el cinturón.
El testimonio de los tres o cuatro testigos siguientes, que eran empleados del Cementerio Fournier, estableció con evi-dencia circunstancial no controvertida, que el 7 de septiem-bre de 1950, aproximadamente a las 11 de la noche, el acu-sado había enterrado el cadáver de Iris Nereida en las con-diciones y con los objetos descritos por el Dr. Babbs en la tumba núm. 4 del Cementerio Fournier, que administraba y del que era socio el acusado.
Juan Ponce López declaró que es celador del Cementerio Fournier, radicado en Isla Verde, en la carretera de Santurce a Carolina. Como celador guarda las llaves del cementerio. Abre los portones de éste a las 7:00 a. m. y los cierra a las 6 p. m. El 7 de septiembre de 1950, a las 11 de la mañana, el acusado estaba en el cementerio y recibió una llamada tele-fónica, la cual le había dicho el acusado que estaba espe-rando. El acusado entonces dijo al testigo que la llamada había sido hecha por Lucy, hermana de Iris Nereida, dicién-dole al acusado que “Iris se había ido con el novio”. El acu-sado se fué seguida en su Cadillac. Fournier regresó al Ce-menterio como a las 3:30 p.m., el mismo día, y ordenó a Gregorio Fargas, empleado del cementerio, que hiciera un hoyo en la fosa núm. 4 para ver si salía agua. Gregorio hizo un hoyo como de dos pies cuadrados y el testigo se fué a hacer su trabajo. A las 11 de la noche del mismo día Fournier vino en su Cadillac a la casa cerca del cementerio donde vivía el testigo. El acusado dió a este un poco de ron y em-pezó a leer un periódico. Entonces Fournier le pidió las llaves al testigo para entrar al cementerio ya que tenía una cita con una enfermera. El testigo le dió las llaves al acu-sado. Fournier había estacionado su automóvil frente a la [230] casa del testigo. Este pudo ver que no había mujer alguna en el automóvil. El testigo se fué a dormir. Como a la hora regresó Fournier para devolverle las llaves. El acusado es-taba un poco sudado. Fournier dijo al testigo que si éste se levantaba al otro día, primero que él, que mirara a ver si encontraba un zapato blanco de mujer que el acusado había perdido en el cementerio. Cuando el testigo llegó al cemen-terio a las 6:40 al día siguiente, ya Fournier estaba allí. El 7 de septiembre, cuando el testigo cerró el cementerio, el hoyo que Fargas había cavado se quedó abierto; temprano en la mañana siguiente, cuando el testigo lo vió por primera vez, ya había sido llenado con arena. El acusado le dijo a Pedro Andino, otro empleado del cementerio, que hiciera una mezcla de concreto para tirar los pisos de las fosas de la parcela F, que incluía la núm. 4. Cuando los empleados fueron a tirar el piso de concreto en la fosa núm. 4, ya ésta había sido lle-nada y nivelada. Fournier nunca antes había pedido al tes-tigo las llaves a fin de entrar al cementerio con una enfer-mera. Una mañana, mientras el testigo y otros empleados trabajaban en el cementerio, llegó el fiscal Viera Martínez con algunos detectives y puso a Fargas y a Andino a trabajar cavando en la fosa núm. 4. Lo primero que encontraron fué el zapato entre las fosas 5 y 6. Entonces encontraron el cadáver de Iris Nereida en la fosa 4. En la mañana del día 8 de septiembre, el testigo notó una mancha de sangre en el guardalodo trasero derecho del Cadillac de Fournier. Posteriormente, pero antes de desenterrarse el cadáver, Four-nier dijo al testigo que ya no tenía que darle dinero a Iris Nereida por que esta se había ido con un “macho”.
Agapito Rosa García, empleado del cementerio, corroboró la declaración de Juan Ponce López con respecto a la «orden de Fournier de tirarle el piso a la fosa núm. 4 en la mañana del 8 de septiembre. También vió la mancha de sangre en el guardalodo del automóvil de Fournier aquella mañana. Fournier se fué del cementerio aquella misma mañana y re-gresó como a las 9 a.m. trayendo un paquete envuelto en pa-[231] pel de bolsas de cemento. El propio acusado hizo un hoyo con una pala entre las fosas 5 y 6, tiró el paquete en el hoyo, y lo tapó. El testigo también corroboró la declaración de Ponce López al efecto de que el fiscal Viera y algunos detectives estaban presentes en la mañana del 8 de octubre de 1950 cuando Fargas y Andino, cavando por órdenes del fiscal entre las tumbas 5 y 6, encontró un zapato blanco de mujer con pedazos de papel de bolsas de concreto en el mismo sitio en que Fournier había hecho el hoyo donde había tirado el paquete. El testigo también declaró que siguieron cavando y encontraron el cadáver de Iris Nereida en la fosa 4. Un día después del 8 de septiembre, Fournier estaba en la oficina leyendo un periódico y dijo: “Mira, Iris Nereida está desapa-recida y se fué con un macho”.
Pedro Andino Villalongo, también empleado en el cemen-terio, declaró al mismo tenor que Ponce López y Rosa Gar-cía, o sea que a la fosa 4 se le había tirado el piso de con-creto el 8 de septiembre por órdenes de Fournier. Éste, luego de hacer un hoyo entre las fosas 5 y 6, había enterrado un paquete en él. El testigo identificó el zapato que estaba en el hoyo cuando se desenterró el 8 de octubre. Otros dos em-pleados del cementerio, Ernesto Santana Alicea y Gregorio Fargas Ayala, corroboraron el testimonio de los otros testigos con respecto a estos hechos.
Dos hermanas de Iris Nereida declararon. Identificaron toda la ropa, la cartera, las prendas y otros objetos que apa-recieron con el cadáver de Iris Nereida, como pertenencias de ésta. Iris Nereida salió de su casa a las 7 a.m. el 7 de sep-tiembre de 1950 para ir al trabajo y nunca más regresó. Tres o cuatro días después de haber desaparecido su hermana, fue-ron a ver a Fournier al cementerio. Éste estaba temblando cuando les hablaba. Una de las hermanas le dijo que ellas temían que el acusado hubiese dado muerte a Iris Nereida y la hubiese enterrado. Fournier negó esta acusación. Éste les ofreció ayudar a buscarla. Les dijo que haría el cheque correspondiente a octubre y que si Iris Nereida estaba con [232] alguien, ella enviaría a alguna persona a buscar el cheque y en esa forma averiguarían dónde estaba. En presencia de una de las hermanas, el fiscal le preguntó al acusado qué sabía sobre la muerte de su ex-esposa. Fournier contestó cínicamente que ésa era “una pregunta de $64”. El fiscal dijo: “Gáneselos, usted sabe dónde está. Díganos dónde está”. Y el acusado contestó: “Yo no sé, si supiera ya me los hubiera ganado . . .”. Fournier dijo al fiscal en presen-cia de las hermanas que había visto a Iris Nereida en un banco de San Juan el lunes siguiente a su desaparición. En su tes-timonio las hermanas describieron los disgustos habidos entre Iris Nereida y Fournier durante su matrimonio. Iris Ne-'reida se divorció de Fournier en 1949 por la causal de trato cruel e injurias graves. La custodia de su hijita le fue con-cedida a Iris Nereida. Fournier venía obligado a pasarle $150 mensuales para alimentos de la niña. Antes de casarse con Iris Nereida, Fournier tuvo tres hijos: dos de su pri-mera esposa, de quien se divorció, y un hijo natural recono-cido en una señora procedente de los Estados Unidos conti-nentales. Se admitió en evidencia una denuncia radicada por Iris Nereida en 1949 ante el anterior tribunal municipal antes del divorcio. En esta denuncia Iris Nereida imputaba a Fournier acometimiento y agresión grave.
Enrique Ramírez Brau, periodista, declaró que como a las 11:30 de la mañana del 10 de octubre de 1950, varios otros periodistas y fotógrafos y él, fueron a una casa en construc-ción propiedad de Fournier en el Barrio San Antón, cerca de St. Just, por invitación del fiscal. Había allí también varios detectives y policías. El testigo identificó varias fotografías que se tomaron allí del exterior e interior de la casa y del acusado mostrando la forma en que había dado muerte a Iris Nereida. El acusado puso una hoja de puerta sobre la bañera y dijo que “ahí en esa hoja de puerta había colocado a Iris . . . que le había quitado el cinturón que tenía ceñido a la cintura, se lo había puesto por el cuello y la había estran-gulado”. El acusado dijo además que “. . . había cargado [233] el cadáver y con cierta dificultad lo había podido sacar por la ventana para colocarlo en el baúl del automóvil.” Tanto dentro como fuera de la casa, el acusado explicó a todos los allí presentes cómo había estrangulado a su ex-esposa. El testigo identificó varias fotografías de estos hechos, incluyendo una fotografía en que el fiscal informaba a la prensa, con la aquiescencia del acusado, que Fournier había confesado el cri-men de haber dado muerte a Iris Nereida mediante estran-gulación.
En este momento surgió la cuestión de la naturaleza vo-luntaria de la confesión del acusado en San Antón. Se retiró al jurado y Ramírez Brau fué interrogado por el fiscal sobre este punto. Declaró el testigo que Fournier estaba en “ac-titud ... de persona tranquila”, se expresaba en voz apa-cible, hablaba normal. Sus manos estaban libres; no es-taba esposado. Su comportamiento era “muy correcto” y uno de “decidida cooperación” con el fiscal, los detectives y la prensa. El acusado hizo su declaración en forma es-pontánea y nadie ejerció presión alguna contra él para que declarara. No solamente confesó voluntariamente, si que también espontáneamente describió actuando la escena de sa-car el cadáver por la ventana. El fiscal llamó a los perio-distas fuera de la casa y les dijo, en presencia de Fournier, que éste había confesado voluntariamente, sin que mediara presión alguna ni ofrecimiento de ninguna clase. Cuando el fiscal hizo esta manifestación Fournier movió la cabeza y asintió. El fiscal dijo que Fournier le había dicho que si el crimen no se había esclarecido para el mes de diciembre, él lo hubiera “declarado” motu proprio, a las autoridades.
En el contrainterrogatorio del abogado del acusado sobre la cuestión de la naturaleza voluntaria de la confesión en San Antón, Ramírez Brau declaró que había visto a Fournier en una cama una noche en el cuartel de la policía como 24 a 36 horas antes. En esa ocasión Fournier dijo al testigo que se encontraba allí porque le había pedido al fiscal que lo mandara a su casa o lo mandara para otro sitio porque quería desean-[234] sar, que estaba muy incómodo en el sitio donde estaba sentado todo el tiempo en fiscalía. El testigo le pidió a Fournier un retrato de Iris Nereida. El acusado le dijo que buscara el anuario de la Escuela Superior Central del año 1945 donde ella aparecía en un retrato muy bonito. Dijo que si el fiscal lo seguía molestando le iba a dar una “galleta”. El hombre que el testigo vió primero en el cuartel de la policía y luego en San Antón eran dos personas distintas. El primero era un hombre lleno de pasión; el segundo en San Antón no tenía en el semblante huellas de pasión cuando “describía las esce-nas” y confesaba su crimen. En la ocasión en el cuartel, como a las 2 de la mañana, el testigo le dijo al acusado que el fiscal iba a destapar las fosas porque creía que Iris Nereida estaba enterrada en el Cementerio Fournier. El acusado contestó que el fiscal podía ordenar que se destaparan todas las 1,800 fosas que había en el cementerio, pero que tendría que pagar $10 por cada fosa que destapara. Esa noche el acusado nada le declaró en relación con los hechos del caso. Sin embargo, confesó en San Antón, asintiendo a todo lo que e: fiscal manifestó.
Luis Casanave, fotógrafo de prensa, también declaró en ausencia del jurado sobre la cuestión de la naturaleza volun-taria de la confesión oral hecha por el acusado el 10 de octubre de 1950 en una casa en construcción en San Antón propiedad del acusado. Declaró que estaba presente cuando los hechos antes descritos tuvieron lugar. El testigo tomó allí varias fotografías que identificó. Las “actuaciones” del acusado eran “completamente libres”, posaba “libremente”, indicando a petición del fiscal, dónde y cómo habían ocurrido los hechos. El acusado estaba completamente sereno y tranquilo; nadie se produjo en forma irrespetuosa con él.
Sobre la cuestión de la voluntariedad de las “actuaciones y declaración del -acusado”, el fiscal ofreció una certificación de la transcripción taquigráfica de las manifestaciones hechas la tarde del 10 de octubre de 1950 durante la vista de una petición de hábeas corpus radicada contra el fiscal en repre-[235] sentación del acusado. Las manifestaciones hechas por el abogado Rubén Gaztambide Arrillaga, quien representaba a Fournier en esos momentos, son las siguientes:
“Queremos anunciar nuestra protesta del hecho que no se nos haya permitido ver al acusado por más de 80 horas desde que fué detenido. Afortunadamente nos ha expresado el propio acu-sado que en todo momento fué tratado con todo el respeto nece-sario por el Fiscal Viera Martínez y que en ningún momento fué forzado a decir o hacer absolutamente nada en contra de él y que su declaración o confesión fué enteramente voluntaria, que lo único que él solicitó del Fiscal Viera fué ver a su abogado y el Fiscal Viera le expresó que tratándose de una investigación no era necesaria la presencia de su abogado.
“Nosotros, claro, entendemos lo contrario y sencillamente nos limitamos a protestar de que con anterioridad a esta fecha no se nos permitiera haber hablado con él; pero reafirmando que su declaración o confesión fué absolutamente voluntaria y a pesar de que protestamos sobre el hecho expresado, felicitamos al com-pañero del ministerio público por la forma decente y limpia de haber conducido esta investigación.
“Queremos expresar además que el cuerpo de la defensa de-siste en este momento del hábeas corpus y solicita, si es que ya se ha hecho acusación, que se le fije fianza.”
El abogado del acusado se opuso a la admisión en eviden-cia de la certificación de la transcripción de las manifesta-ciones del Lie. Gaztambide. No expuso fundamento alguno para ello. Cuando el juez sentenciador le preguntó, “¿Quie-ren discutirla?”, contestó “No, señor”. Dicha certificación se admitió solamente para la cuestión de la voluntariedad de la confesión.
El Pueblo no ofreció ningún otro testimonio sobre la cues-tión preliminar ante el tribunal con respecto a la naturaleza voluntaria de la confesión oral de San Antón. Todavía en ausencia del jurado, el acusado sentó al fiscal Ángel Viera Martínez en la silla de los testigos en un esfuerzo por probar •en la vista preliminar de esta cuestión, que la confesión había sido involuntaria. El 7 de octubre de 1950 el testigo tuvo “necesidad de realizar simultáneamente varias actividades [236] en distintos lugares, San Antón de Carolina, Cementerio Four-nier ...” y por consiguiente no sabe a que hora Fournier “fué detenido para investigación” el 7 de octubre de 1950; pero puede decir que fué en horas de la mañana. (Más tarde se estipuló que el acusado fué “detenido para investigación” y traído a la fiscalía a las 8 de la mañana del día 7 de oc-tubre.) Fournier prestó declaración ante el testigo, empe-zando a las 10 de la noche del 9 de octubre y terminando aproximadamente a las 4 de la mañana del día 10. El tes-tigo tiene dos declaraciones juradas por escrito hechas por el acusado durante la noche del 9 al 10 de octubre de 1950; el acusado también hizo otras declaraciones orales durante la misma noche. Después que el acusado prestó estas declara-ciones escritas y orales al testigo durante la noche del 9 al 10 de octubre, éste llevó al acusado a San Antón “para yo seguir interrogando sobre el terreno y con las cosas a la vista . . . respecto de todos los hechos físicamente vistos.” Desde que el acusado fué “detenido” en la mañana del 7 de oc-tubre hasta la fecha el acusado “no ha recobrado su libertad”. Esto incluye el período durante el cual el acusado hizo en San Antón las manifestaciones orales a que Ramírez Brau se re-firió. Al acusado no se le permitió ver a un abogado durante las 80 horas más o menos que estuvo detenido. El acusado vió y conferenció en la oficina del fiscal con su abogado Lie. Gaztambide y con un familiar — su tía — por primera vez a su regreso de San Antón el día 10 de octubre e inmediata-mente antes de la vista sobre la solicitud de hábeas corpus celebrada ese mismo día. Este abogado fué a ver al fiscal el día 9 de octubre para llevarle ropa al acusado y preguntar por él; el fiscal le dijo al abogado que el acusado estaba muy bien. Independientemente del hecho de que otras personas preguntaron al acusado cómo se sentía y que si deseaba al-guna cosa de comer o beber, el acusado no fué interrogado por nadie, con excepción del testigo, sobre los hechos del caso. El acusado permaneció incomunicado desde la mañana del 7 de octubre hasta que hizo sus declaraciones el día 10 de oc-[237] tubre en San Antón. El acusado fué llevado al Cementerio Fournier el 8 de octubre a las 2 p.m. En San Antón había más de 10 personas, incluyendo los periodistas y los fotógra-fos. Se tomó allí “una tormenta de relámpagos” foto-gráficos.
El fiscal Viera entonces “a manera de repregunta” de él mismo declaró lo siguiente: El acusado fué detenido en la mañana del 7 de octubre de 1950 a los fines de investigación. No intervino directamente en la detención porque la labor de la investigación se había distribuido para hacerse simul-táneamente en las primeras etapas entre distintas personas en distintos sitios. Tenía que irse a la funeraria, a la casa de San Antón, al cementerio y a otros lugares. Desde el mo-mento en que se le detuvo hasta que el acusado hizo su decla-ración, no tuvo asistencia de abogado porque en opinión del testigo el acusado no tenía derecho a tal asistencia. No fué hasta la noche del 9 de octubre y las primeras horas de la ma-drugada del día 10 que finalmente examinó al acusado en relación con la desaparición y muerte de Iris Nereida. Cuando fué al cementerio el 7 de octubre, el fiscal recogió a todas las personas que le parecieron que podían saber algo del caso para interrogarlas. Cuando estaban en el cemente-rio cayó un fuerte aguacero. Tuvo que regresar a fiscalía, con todos los testigos, lo cual atrasó la investigación. Du-rante todo este tiempo el acusado estaba en fiscalía, sin mo-jarse, como se habían mojado los otros. Fué necesario habi-litar local para todos los testigos y permitirle a algunos cam-biarse de ropa. No fué por tanto posible empezar la inves-tigación hasta esa noche. El acusado mientras tanto perma-neció muy tranquilo en la fiscalía, en una butaca, con perió-dicos y libros de texto a su disposición. A tenor con las ór-denes del testigo, se complació al acusado con respecto a sus deseos de comida, bebida y sueño. Examinó testigos toda la noche del día 7 de octubre hasta la mañana del día 8 sin comer ni dormir, mientras que el acusado había comido y dormido durante todo ese período. Una vez que se orientó con el tes-[238] timonio de estos testigos, el día 8 regresó al Cementerio Four-nier para desenterrar el cadáver, los objetos personales y el zapato de Iris Nereida. Esta labor en el cementerio duró un largo rato. La exhumación del cadáver hubo que hacerla con gran cuidado a fin de no causarle daño. Toda esta labor hubo que realizarla a pesar de la peste tremenda que despedía el cadáver debido al tiempo que llevaba enterrado. Mientras se hacía todo esto, había dado órdenes de que se llevara al acu-sado a dormir cuando quisiera en una cama con mattress que se había habilitado en el cuartel, donde se le daban las co-midas que ordenara cuando las quisiera. Se le instaló un abanico eléctrico para que recibiera fresco. El acusado es-tuvo sumamente tranquilo durante ese período. Tuvo el tes-tigo que interrogar testigos adicionales que le surgían con motivo de la investigación para entonces poder interrogar al acusado. No fué hasta la noche del 9 de octubre que estuvo listo para interrogarlo. Su interrogatorio del acusado duró hasta el amanecer del día 10. Fué una de las investigacio-nes más largas y difíciles que jamás haya practicado el tes-tigo, ya que ni siquiera sabía dónde estaba el “cuerpo del delito”. Le tomó muchas horas poder averiguar esto. El acusado en momento alguno protestó de nada ni exigió nada. Más bien siempre estuvo dispuesto a cooperar. Después de la noche en que se interrogó al acusado el fiscal le dijo que tenían que ir al campo. Aquél contestó, “cuando usted quiera”. El fiscal le indicó que lo iba a dejar para mañana, pero el acusado le dijo “no, cuando usted quiera”. El 10 de octubre fueron a San Antón y en ese sitio, en presencia de los representantes de la prensa a quienes el testigo había invi-tado a fin de que estuvieran informados, el acusado explicó la manera en que había cometido el crimen y posó para foto-grafías de las distintas etapas del crimen tal y como lo había cometido. Cuando regresaban del cementerio tomaron agua de coco en la carretera. El acusado le dijo al fiscal que quería ver a algún pariente. El testigo le permitió ver a su tía y hablar con ella en presencia suya en su oficina. El acusado [239] también vió a su abogado, Lie. Gaztambide Arrillaga, y con-versó con él.
Las partes en esa etapa de los procedimientos sometieron al tribunal sentenciador la cuestión de la voluntariedad de la confesión oral hecha por el acusado en San Antón, sobre la cual Ramírez Brau y Casenave declararon. El tribunal sen-tenciador resolvió que no podía decidir como cuestión de de-recho que esta confesión era involuntaria. Por consiguiente ordenó a las partes que sometieran la cuestión al jurado. Esto exigía que se repitiera el testimonio sobre la voluntarie-dad de la confesión en presencia del jurado. A tenor con ello, se trajo al jurado a la sala y Ramírez Brau y Casenave de-clararon nuevamente, delante del jurado, tanto en cuanto a la naturaleza voluntaria de la confesión de San Antón como en cuanto a los detalles de la misma.
Ángel Luis Torres, miembro de la detective adscrito a la Fiscalía declaró que formaba parte del grupo de periodistas y detectives que acompañaron al fiscal y a Fournier en la vi-sita que se hizo a la casa de Fournier en San Antón el 10 de octubre de 1950 aproximadamente como a las 11 de la ma-ñana. El testigo encontró unas fibras de un cinturón en un terrón de barro dentro de un tubo en el sumidero en el baño de la casa. El terrón con las fibras no se veía pero él las buscó en el sumidero porque Fournier le había dicho que él había tirado las fibras en el tubo el día en que mató a Iris Ne-reida y que dichas fibras eran parte del cinturón con que él la había matado. Mientras Fournier le decía esto estaba en “ac-titud tranquila”. Nadie lo obligó a decir que las fibras estaban en el tubo. Lo dijo voluntariamente porque él quería cooperar con las autoridades. Fournier manifestó allí en presencia de todo el mundo que cogió el cadáver, lo subió por una ven-tana y lo puso en el baúl de su automóvil, lo cerró y se fué.
En este momento el testigo empezó a declarar sobre lo que Fournier había dicho en la fiscalía en su presencia la noche anterior. Se retiró al jurado. En su ausencia se esti-puló por las partes que se permitiría al testigo declarar sobre [240] las distintas manifestaciones hechas por el acusado, pero que la cuestión de la voluntariedad de las mismas sería some-tida al jurado; que el jurado determinaría esta cuestión a base de (1) el testimonio que ya había oído sobre la volunta-riedad de las confesiones del acusado, (2) la parte del testi-monio que sobre esta cuestión oyó la corte pero no el jurado, la cual sería leída al jurado en vez de ser repetida por los tes-tigos, y (3) el interrogatorio y contrainterrogatorio de este testigo. Entonces regresó el jurado a sala y el testigo de-claró que en la fiscalía la noche anterior y en presencia del tes-tigo, el acusado dijo que el 7 de septiembre de 1950 él fué a la casa de su novia y la llevó al trabajo con el cadáver de Iris Nereida todavía en el baúl del automóvil. Luego, se fué para .su casa a almorzar. Después de almorzar, fué al Cementerio Fournier como a las 3 de la tarde. Salió del cementerio y fué a buscar a su novia al trabajo llevándola a su casa. Luego se fué para la suya, se bañó y vistió, y fué por la noche a visitar a su novia. Como a las 11 de la noche fué al Ce-menterio Fournier.