Pueblo v. Montalvo Acevedo

83 P.R. Dec. 727, 1961 PR Sup. LEXIS 471
Supreme Court of Puerto Rico·Decided October 20, 1961·No. Número: 16751·Published·Cited by 17 cases

Opinion

El Juez Asociado Señor Blanco Lugo

emitió la opinión del Tribunal.

Prescribe el artículo 253 del Código de Enjuiciamiento Criminal, ed. 1935, 34 L.P.R.A. see. 732, que no podrá lograrse una convicción con la declaración de un cómplice, a menos que ésta sea corroborada por otra prueba que, “por sí misma y sin la ayuda del testimonio del cómplice, tienda a demostrar la relación del acusado con la comisión del delito”. No es suficiente que esta corroboración establezca la perpetración del delito o las circunstancias del mismo. Claro está no se requiere prueba que corrobore todos los elementos de un delito, Pueblo v. Portalatín, 73 D.P.R. 334 (1952) ; Pueblo v. Portalatín, 72 D.P.R. 152 (1951), pero debe conectarse al acusado con la comisión del acto delictivo, Pueblo v. Palou, 80 D.P.R. 364, 381 (1958); Pueblo v. Rosario, 68 D.P.R. 566 (1948) ; Pueblo v. Villanueva, 71 D.P.R. 917 (1950). A los fines de determinar si existe prueba de> corroboración suficiente, debe eliminarse la declaración del cómplice, y si una vez eliminada ésta, hay evidencia independiente que conecte al acusado con el delito imputado,, podrá sostenerse la convicción, Pueblo v. Segarra, 70 D.P.R. 484 (1949) ; Pueblo v. Díaz, 67 D.P.R. 785 (1947); Pueblo v. Rigual, 52 D.P.R. 92 (1937) ; cf. Castro v. González, 70 D.P.R. 887 (1950).

A los fines de la necesidad de prueba de corroboración hemos indicado que cómplice es aquél que con pleno cono-[730] cimiento y voluntariamente — sin que medie coacción — , “de •su libre albedrío e intencionalmente, participa en alguna forma en la comisión de un delito, pudiendo, por tanto, pro-cesársele por el mismo .” En otras palabras, es esencial que el cómplice esté sujeto a ser encausado por el mismo delito que la persona acusada. Pueblo v. Adorno, 81 D.P.R. 518 (1959) (soborno) ; Pueblo v. De Jesús, 73 D.P.R. 752, 761-2 (1952) (bolita) ; Pueblo v. Rosado, 72 D.P.R. 827 (1951) (delito contra natura); Pueblo v. Collazo, 38 D.P.R. 991 (1928) (perversión de menores) ; Pueblo v. Millán, 35 D.P.R. 889, 898 (1926) (violación). En otras palabras, puede haber ocasiones en que una persona intervenga en los actos constitutivos de un delito, pero no ser cómplice, y por tanto, no estar sujeta a procesamiento. Tal es el caso de la mujer ofendida en el caso de seducción, Pueblo v. Cabrañes, 7 D.P.R. 303 (1904), pues como en otros delitos sexuales u ofensivos a la moral, se trata más bien de la víctima que de un cómplice, People v. Flynn, 333 P.2d 37 (Cal. 1958); Hardaway v. State, 319 S.W.2d 336 (Texas, 1959); Blocker v. State, 120 So.2d 924 (Ala. 1960).

En el presente easo se plantea si el testimonio de un niño de aproximadamente nueve años debe ser corroborado a los fines de la convicción de dos adultos que conjuntamente con él participaron en actos constitutivos de escalamiento en primer grado. Es preciso aclarar que, con excepción del testimonio del menor, el fiscal no presentó otra prueba que conecte a los acusados con la comisión del delito. Un exa-men de la transcripción revela que se presentó el testimonio de las cuatro personas en cuyas residencias o negocios ocu-rrió la penetración y el hurto, estableciéndose así el corpus delicti, pero ninguna de ellas relacionó a los acusados con estos hechos. También surge fuera de duda que el me-nor, al tiempo de cometer los hechos, tenía plena concien-[731] eia de la maldad del acto que realizaba y que no hay indicio alguno de que fuera coaccionado o intimidado para ello.(1)

El artículo 39 del Código Penal, ed. 1937, 33 L.P. R.A. see. 85, dispone que son incapaces de cometer crímenes los niños mayores de siete años y menores de catorce, cuando no exista prueba plena de que al tiempo de cometer el delito de que se les acuse, tenían conciencia de su maldad. Sin embargo, esta disposición, que conserva su redacción original desde 1902, no puede considerarse aisladamente para fijar la responsabilidad criminal, sino que tiene que leerse conjuntamente con la Ley núm. 97 de 23 de junio de 1955 (Leyes, pág. 505, 34 L.P.R.A., see. 2001 y sigtes), que establece en su artículo 11 que ningún procedimiento con relación a un niño se considerará de naturaleza criminal, “ni se considerará a dicho niño un criminal o convicto ... ni se le acusará o condenará en el Tribunal”. Niño, a los fines de esta ley, es un menor de dieciocho años. (2) Parece claro que de conformidad con esta última ley el límite de edad para la comisión de delitos por menores de edad es de dieciocho años, (3) y no de siete años. En otras palabras, un menor de dieciocho años (2) incurre en faltas y no puede ser enjuiciado criminalmente ni está sujeto a la jurisdicción de los [732] tribunales ordinarios. El Estado Libre Asociado de Puerto Rico, en interés del menor R . . . M . . . R , 83 D.P.R. 242 (1961) ; Pee v. United States, 274 F.2d 556, 561 (1959) ; Herman, Scope and Purpose of Juvenile Court Jurisdiction, 48 J. Crim. Law and Grim. 590 (1958); “Exclusive” Jurisdiction of the Juvenile Court, 59 W. Va. L. Rev. 362 (1957). La situación bajo la Ley 37 de 11 de marzo de 1915 (Leyes, pág. 73, 34 L.P.R.A. see. 1941 y sigtes.) era distinta, pues aunque se creó un tribunal especial con jurisdicción exclusiva en los asuntos de menores, se consideraba a éstos como “delincuentes” (see. 8, 34 L.P.R.A. see. 1948); estaban sujetos a ser denunciados y si se les acusaba por delito grave, tenían derecho a juicio por jurado (see. 6, 34 L.P.R.A. see. 1956). Mirabal v. Delgado, 82 D.P.R. 591 (1961); Irizarry v. Tribunal de Distrito, 72 D.P.R. 189 (1951).

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Pueblo v. Montalvo Acevedo, 83 P.R. Dec. 727, 1961 PR Sup. LEXIS 471 (prsupreme 1961).

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