Dworkin v. San Juan Intercontinental Hotel Corp.
Opinion
emitió la opinión del Tribunal.
“El día 12 de febrero de 1959 a las 10:80 de la mañana aproximadamente, siendo el demandante huésped de la de-mandada, sufrió un accidente en el cual su mano derecha resultó lesionada,” lee el primer párrafo de la demanda mediante la cual se inició el presente pleito. La curiosa versión sobre la forma en que ocurrió el accidente se expone en las determinaciones fácticas del tribunal de instancia que copia-mos a continuación:
“Allá para febrero de 1959 la clase de 1932 de la referida Universidad decidió celebrar un seminario legal post-graduado en esta Ciudad de San Juan y todos los miembros de dicha clase, luego de llegar a Puerto Rico, se hospedaron en el hotel San Juan Intercontinental, propiedad de la empresa demandada, ocupando el demandante y su esposa la habitación 904 en dicho hotel.
“La referida habitación estaba ubicada al final de un largo pasillo, en la esquina sureste del hotel, y estaba provista de una puerta que daba entrada del pasillo hacia dicho cuarto y de otra puerta que proveía salida del cuarto hacia una terraza.
“Por razones que no aparecen claramente de la evidencia, en el referido pasillo habían [sic] corrientes de aire que a veces eran fuertes y a veces suaves.
“En la noche de febrero 12, 1959 aproximadamente a las 10:30 de dicha noche, el demandante y su esposa regresaron a su cuarto después de asistir a una sesión o reunión del seminario legal que se venía llevando a cabo en el hotel. El demandante, al llegar frente a la puerta de su cuarto, con su mano derecha introdujo la llave en la cerradura y abrió la puerta, empujándola luego con la mano izquierda hasta quedar abierta a mitad, sacó la llave de la cerradura y cuando iba a entrar al cuarto y [586] debido a una súbita corriente fuerte de aire, la puerta se cerró violentamente aprisionando la mano derecha del demandante contra el marco de la puerta y causándole lesiones muy fuertes en los dedos índice y medio de dicha mano derecha, inclusive hemorragia intensa debajo de las uñas de ambos dedos.” (Bas-tardillas nuestras.)
Se estableció además que la puerta que aprisionó los dos de-dos de la mano derecha del demandante no estaba equipada con ningún artefacto o instrumento para retener o demorar su movimiento al cerrarse.
A base de tales determinaciones se concluyó que fue precisamente la falta del aparato retenedor la causa de los daños ocasionados ya que, bajo las condiciones prevalecientes en el pasillo que conducía a la habitación ocupada por el demandante, un razonable grado de cuidado de parte de la empresa del hotel requería que se hubiese tomado tal precau-ción. En consecuencia dictó sentencia condenando a la parte demandada a resarcir al reclamante la suma de $3,045.00 que incluye $2,000.00 por ingresos dejados de percibir y $45.00 de gastos de medicina.
Decidimos revisar la sentencia.
A poco que se examine la conclusión de derecho que dio margen a la sentencia, se observará que la responsabilidad impuesta a la parte demandada se funda en su supuesta falta de previsión. Repetidamente hemos reconocido ese criterio como base para la responsabilidad extracontractual. Molina Rodríguez v. Caribe Motors Corp., 90 D.P.R. 458 (1964); Pabón Escabí v. Axtmayer, 90 D.P.R. 20 (1964); Cruz Costales v. E.L.A., 89 D.P.R. 105 (1963); Weber v. Mejias, 85 D.P.R. 76, 80 (1962); Ortiz Fuentes v. Presbyterian Hospital, 83 D.P.R. 308 (1961); Baralt et al. v. E.L.A., 83 D.P.R. 277, 283-284 (1961). Sin embargo, ello no quiere decir que una persona esté obligada a prever todos los posibles riesgos que puedan concebiblemente estar envueltos en una determinada situación, pues prácticamente se convertiría entonces en una responsabilidad absoluta, similar a la de un [587] asegurador,
Footnotes
91 P.R. Dec. 584 (Dworkin v. San Juan Intercontinental Hotel Corp.) — published by Counsel Stack Legal Research, free access to 12M+ legal documents.