Negrón De León v. Orozco Rivera

113 P.R. Dec. 712
CourtSupreme Court of Puerto Rico
DecidedJanuary 12, 1983
DocketNúmero: O-82-620
StatusPublished
Cited by20 cases

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Negrón De León v. Orozco Rivera, 113 P.R. Dec. 712 (prsupreme 1983).

Opinion

El Juez Asociado Señor Díaz Cruz

emitió la opinión del Tribunal.

Los hechos que dan lugar a esta acción de daños y per-juicios promovida por la viuda y los padres de Benjamín Ortiz Ramos, muerto a tiros por el policía Héctor Rafael Orozco en el cuartel de Aguas Buenas están resumidos por la sala de instancia así:

La prueba que tuvo ante sí el Tribunal fue que Benjamín Ortiz Ramos y Héctor Rafael Orozco Rivera sostuvieron una discusión acalorada en una carretera de Aguas Buenas por motivos personales de ambos y mientras el último se hallaba fuera de servicio y en gestiones totalmente ajenas al servicio público. En dicho lugar se insultaron y se profirieron mutuamente palabras obscenas.
El Sr. Benjamín Ortiz fue a querellarse al Cuartel de la Policía de Aguas Buenas, y estando allí llegó el policía Orozco quien informó que había tenido problemas con un individuo y al ver allí a Benjamín Ortiz lo señaló como la persona a quien se estaba refiriendo. En esos momentos sólo hubo un inter-cambio de palabras (es importante señalar que en ningún momento hubo en el retén forcejeo alguno o intento de agresión por alguna de las partes, según la prueba desfilada).
En esos momentos el Sargento Pérez dijo que por tratarse de un guardia tenía que encargarse de la investigación del caso un sargento. El sargento Alcázar se hace cargo de la investigación e inmediatamente procede a separar del sitio del retén a los querellantes, llevándose consigo al Policía Orozco a un cuarto aparte el cual se utiliza para hacer las investigaciones y comienza [a] hacer la misma. A todo esto, Benjamín Ortiz permanece afuera en el retén.
Mientras estaba el Sargento Alcázar haciendo la investi-gación de lo sucedido, llama al Sargento Pérez y cuando el Sargento Pérez va entrando al cuarto detrás de él, sin haberlo llamado nadie, fue Benjamín Ortiz e inmediatamente le repite unas palabras obscenas [
Es importante señalar que de la prueba desfilada se esta-bleció que el día de los hechos que dan origen a la demanda, el policía Orozco se encontraba fuera de sus funciones como Policía y que estaba reportado enfermo y bajo tratamiento médico hacía varias semanas.

El pleito de daños y perjuicios contra el policía Orozco y su empleador el Estado Libre Asociado fue a juicio y al terminar la presentación de prueba por la parte deman-dante, el Gobierno formuló moción de insuficiencia (non-suit) basada en el consentimiento limitado del Estado para ser demandado que deja fuera actos intencionales de natu-raleza criminal de sus funcionarios que ni fomentan ni sirven a sus intereses. Jiménez v. El Pueblo, 83 D.P.R. 201 (1961). El Tribunal Superior desestimó la demanda por entender que la reclamación estaba circunscrita al acto criminal del agente Orozco y absolvió perentoriamente al Gobierno de responsabilidad por los graves daños causados a los demandantes. Éstos interpusieron recurso de revisión al que este Tribunal proveyó el 4 noviembre, 1982 con orden al Gobierno para mostrar causa por la que no deba revo-carse la decisión recurrida “considerando que hubo negli-gencia del Estado en no proveer la necesaria seguridad y protección al ciudadano querellante Benjamín Ortiz para impedir el previsible resultado de violencia en que perdió la vida dicha persona en el propio Cuartel de la Policía”.

El escrito-contestación del Estado evade la cuestión señalada, concentra su argumento en defensa de la consti-tucionalidad de la Ley que autoriza pleitos contra el Estado y a tal punto rindió su posición ante el ataque de los deman-[715]*715dantes (2) a la resolución recurrida basado en previsibilidad e incumplimiento del deber de cuidado en la Policía para con el ciudadano Ortiz Ramos, manifiesta en alto relieve en la declaración jurada (3) del sargento Alfredo Pérez presen-tada en evidencia y que no impugna el Estado.

[716]*716La causa eficaz y determinante de la muerte de Benjamín Ortiz Ramos es una compuesta por el acto afirmativo del policía Héctor Rafael Orozco al disparar el revólver contra su antagonista, y por la omisión negligente de los miembros de la Policía a cargo de la seguridad y orden en el cuartel de Policía de su deber de evitar la confrontación directa entre estas personas y de proteger a un ciudadano quejoso que allí acudió desarmado en busca de reparación de agravio, de la reacción del guardia querellado a quien se mantuvo en posesión de su arma de reglamento. Del acto criminal del policía no responde el Estado ya que el Art. 6(d) de la Ley Núm. 104 de 29 junio, 1955 (32 L.P.R.A. sec. 3081(d)) excluye la acción civil de daños y perjuicios por acto de funcionario constitutivo de agresión u otro delito contra la persona; y por no percibirse en el acto en sí de dar muerte preponderancia de un elemento de negligencia sobre el de conducta criminal que abriría paso a indemnización por el Estado bajo la doctrina de Galarza Soto v. E.L.A., 109 D.P.R. 179 (1979). Sin embargo, el palio de inmunidad no ampara la omisión negligente por la Policía del deber de proteger la vida en el cuartel.

Hubo esa omisión negligente separada y distinta de la agresión, por parte de los miembros de la Policía que atendieron la queja e iniciaron una investigación en el propio cuartel sin tomar las medidas de elemental prudencia y cautela dentro de las circunstancias con lo cual se quebró la garantía de seguridad, y se incumplió la obligación de proteger la vida del querellante occiso aun de sus propios impulsos y acción inconsulta. Conocida la tirantez y hostilidad, y el estado de ánimo entre ciudadano y policía generados por el encuentro acabado de ocurrir y que se manifiestan vivas en el propio cuartel, era enteramente previ-sible[717]*717(4) para el hombre común, y en mayor grado para la Policía en contacto día tras día con la conducta violenta de sus intervenidos, una nueva explosión de violencia entre estas personas y la posibilidad de que el único armado de ellos respondiera a la provocación a tiros. En el hombre la pasión desbordada tarda más que el agua de creciente en retornar a su cauce. “La culpa consiste en la omisión de la diligencia exigible, mediante cuyo empleo podría haberse evitado el resultado dañoso. [Cita omitida.] La diligencia exigible es la que cabe esperar del ser humano medio, el buen pater familias. Si el daño es previsible por éste hay responsabilidad.” Jiménez v. Pelegrina Espinet, 112 D.P.R. 700, 704 (1982).

El cuartel de Policía debe ser siempre reducto de máxima seguridad para quien allí busca asilo contra la per-secución o la corrección de un agravio. Es el centro de audiencia original, el primero en orden cronológico, que ha de responder al hombre en busca de justicia; donde se inicia la restauración y remedio al orden social perturbado por la conducta del querellado. Tiene por tanto una dignidad y debe proveer una garantía de trato justo que propiamente corresponde a la primera puerta que se toca en reclamo de justicia penal. Como la Policía es un cuerpo armado para mantener el orden y enfrentarse a la conducta violenta, su casa que es el cuartel debe no sólo representar, sino efecti-vamente ofrecer al pueblo a quien sirve, óptimas condi-ciones de seguridad.

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