Rodríguez López v. Alvarado Tizol

13 T.C.A. 158, 2007 DTA 86
Tribunal De Apelaciones De Puerto Rico/Court of Appeals of Puerto Rico·Decided June 27, 2007·No. Núm. KLAN-2005-01387·Published

Opinion

[160] TEXTO COMPLETO DE LA SENTENCIA

Los hechos ante nuestra consideración se inician con el derrumbe de una verja medianera entre dos propiedades. Como consecuencia de la caída de la verja medianera, una gran cantidad de agua se desplazó desde un predio hacia la propiedad del vecino.

El caso ante nuestra consideración nos obliga a determinar quién es el responsable de la caída de la verja medianera y, por ende, de los daños ocasionados por la inundación de agua que discurrió hacia el predio del vecino.

I

Examinemos los hechos del caso. El Dr. Rafael Rodríguez López y su esposa, la Sra. Kristina Evans Easter, son propietarios de una residencia ubicada en el Núm. 42 del Camino Tortugo, en Beverly Hills, en el Municipio de Guaynabo. La propiedad colinda con la residencia del Dr. Héctor Alvarado Tizol y su esposa, la Sra. Carmen Muñoz Holding.

Las propiedades están separadas por una verja medianera que construyó un anterior dueño de la residencia de los Rodríguez-Evans.

La verja es una estmctura de ocho pies de altura y 185 pies de longitud. La verja tenía varios desagües en material PVC, de unas cuatro pulgadas de diámetro. Los desagües estaban ubicados en la parte baja de la verja y permitían recibir el agua acumulada en la propiedad de los Alvarado-Muñoz y dirigirla fuera del solar. El mantenimiento de los desagües de la verja lo realizaba un jardinero identificado como el señor Juan Ríos Delgado (alias Wiso).

La propiedad de los Alvarado-Muñoz está ubicada a un nivel más alto que la propiedad de los Rodríguez-Evans. El solar de los Alvarado-Muñoz tenía en la parte central del patio una depresión enorme que acumuló una gran cantidad de agua.

Durante los días previos al 25 de noviembre de 1999, hubo lluvias que provocaron la acumulación de agua en el predio de los Alvarado-Muñoz. La acumulación de agua se estimó en la sentencia del Tribunal de Instancia en unos cuatro pies de alto.

Los Rodríguez-Evans no podían apreciar, desde su propiedad, el agua acumulada en el patio de su vecino.

El referido 25 de noviembre, un yerno de los Alvarado-Muñoz y el jardinero Wiso intentaron, sin éxito, destapar los desagües utilizando una cinta de destape y una varilla. A pesar de que no se logró solucionar la seria situación, nadie advirtió a los Rodríguez-Evans sobre la acumulación de aguas en el patio contiguo.

La cantidad de agua acumulada en el patio de los Alvarado-Muñoz provocó el colapso de la verja. La caída ocurrió desde la propiedad de los Alvarado-Muñoz hacia la de los Rodríguez-Evans. Como consecuencia de la caída de la verja medianera, un golpe de agua, tierra y broza entró a la residencia de los Rodríguez-Evans. El episodio ocurrió con tal fuerza que provocó temor e inseguridad en las personas que compartían en la casa de los Rodríguez-Evans y celebraban el Día de Acción de Gracias. El golpe de agua trasladó hasta la propiedad de los Rodríguez-Evans tierra, escombros, porquería, excremento de caballo y causó daños a los autos y al mobiliario de la casa.

En la residencia de la familia Rodríguez-Evans, para el momento en que ocurre la caída de la verja, se encontraban presentes ambos padres del Dr. Rafael Rodríguez López, la sobrina “Maru”, la Sra. Kristina Evans Easter y las dos hijas de los Rodríguez-Evans de 11 y 214 años de edad respectivamente. (Véase, Transcripciones [161] del Juicio en su Fondo, págs. 24 y 27). El relato de la Sra. Kristina Evans Easter describió lo ocurrido el día de Acción de Gracias de la siguiente forma:

"Pues, estaba preparando todo y de momento estaba Maru, la sobrina de mi esposo, en la cocina, y escuchamos un ruido bien duro, una explosión. La verdad es que como estábamos en la cocina no sabíamos lo que había pasado. Cuando Maru fue detrás del 'family' al área donde se podía ver el área de entrada, el 'driveway', lo que ella veía es que el muro venía para abajo y detrás del muro había como una ola de agua. Cuando yo llegué al 'family' ya el agua... que tienen unas puertas francesas, habían alcanzado como a la mitad de la puerta". Véase, Transcripciones del Juicio en su Fondo, pág. 25.

Posteriormente, en la continuación de la descripción de lo sucedido al derrumbarse la verja y entrar agua a su propiedad, la Sra. Evans Easter relata la siguiente serie de eventos:

"[...] Entonces había la preocupación, estaban mis hijas, estuvimos corriendo buscándolas. Estaban mis suegros. ¿Qué hago? ¿Abro la puerta? Si no la abro se puede derrumbar eso también. Había un pequeño caos de momento. Porque uno no sabía. El agua seguía bajando y bajando. Se llenaron las bañeras con agua, con fango, con excreta de caballo, porque el Dr. Héctor Alvarado Tizol tiene caballos. Todo lo que estaba en el patio de ellos [de los Alvarado-Muñoz] venía para mi casa. Las alfombras, los muebles, el nivel del agua seguía subiendo en la cocina, que estaba sobrepasando el nivel... los gabinetes de nosotros no llegan hasta el piso, están levantados. Se pasó [el agua] el nivel de la puerta". Véase, Transcripciones del Juicio en su Fondo, págs. 26-27.

La descripción del instante en que se desploma la verja y observa el torrente de agua que entra a la residencia causó temor e inseguridad a la señora Evans. Recuérdese que ella estaba en la casa junto a sus hijos menores e edad, su sobrina y sus suegros, pues celebraban el Día de Acción de Gracias.

Del testimonio de la Sra. Muñoz Holding surge que, para la fecha de los hechos, en la propiedad de los Alvarado-Muñoz habían diez (10) caballos y cuatro (4) perros grandes. Véase, Transcripciones del Juicio en su Fondo, pág. 415. Inevitablemente estos animales hacían sus necesidades fisiológicas en la propiedad, aunque los Alvarado-Muñoz señalan que cuentan con un muchacho que trabaja a tiempo completo y se encarga de la limpieza de los establos. (Véase, Transcripciones del Juicio en su Fondo, pág. 416).

La Sra. Evans Easter admite que del lado de su propiedad, que era lo único que podía ver, el agua fluia por los tubos y nunca le pasó por la mente que iba a tener un problema. (Véase, Transcripciones del Juicio en su Fondo, pág. 70). Incluso, señala que el día de los hechos y el anterior a éste, la acumulación de agua en su propiedad no era fuera de lo normal. (Véase, Transcripciones del Juicio en su Fondo, pág. 93). Ante preguntas del abogado de la otra parte, describe el día de los hechos como uno normal de lluvia, en el cual no se había acumulado agua en su propiedad; por tanto, no había pensado en la posibilidad de un problema. (Véase, Transcripciones del Juicio en su Fondo, pág. 94). Además, a su entender, el agua bajaba de los desagües como siempre. (Véase, Transcripciones del Juicio en su Fondo, pág. 98).

Por su parte, el Dr. Rafael Rodríguez López, en su recuento del escenario que encontró al llegar a su hogar el día del derrumbe de la verja, expresa lo siguiente:

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Rodríguez López v. Alvarado Tizol, 13 T.C.A. 158, 2007 DTA 86 (prapp 2007).

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