In re León Malavé

172 P.R. 1036
CourtSupreme Court of Puerto Rico
DecidedJanuary 17, 2008
DocketNúmero: CP-2006-18
StatusPublished

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In re León Malavé, 172 P.R. 1036 (prsupreme 2008).

Opinion

per curiam:

El Sr. Eric Romero de León se quejó ante nos por la alegada conducta desacertada del Ledo. Enrique J. León Malavé, quien lo representaba en un proceso de revi-sión de pensión alimenticia para sus dos hijos. Vista la referida queja, le ordenamos al Procurador General iniciar la investigación de rigor y, posteriormente, la presentación de la querella de marras. Designamos oportunamente a la Leda. Eliadís Orsini Zayas como Comisionada Especial para que recibiera la prueba y nos rindiera un informe con sus recomendaciones. Examinado ese Informe y la réplica del licenciado León Malavé, suspendemos inmediatamente al abogado querellado por el término de un (1) año, pues su indiferencia es prueba contundente de una práctica jurí-dica deficiente.

I

Los hechos que narramos a continuación surgen del In-forme de la Comisionada Especial, Leda. Eliadís Orsini Zayas.

El señor Romero de León contrató al licenciado León Malavé para que le representara en un proceso de revisión de pensión alimenticia. El mismo día en que fue contra-tado, el licenciado León Malavé contestó la solicitud de au-mento de pensión instada por la ex esposa de su cliente. Posteriormente, las partes cumplimentaron sus respecti-vas planillas de información personal y económica. Ade-más, asistido por el licenciado León Malavé, el señor Romero de León contestó un interrogatorio que sometió su ex esposa; sin embargo, a ésta no se le requirió un descubri-miento de prueba.

Luego de estos trámites iniciales, el Tribunal de Pri-mera Instancia citó a las partes. Según el expediente de los procedimientos en ese foro, la fecha de la audiencia fue [1040]*1040notificada a todas las partes y a sus representantes según las direcciones registradas en autos. No obstante, ni el se-ñor Romero de León ni el licenciado León Malavé compare-cieron a la audiencia señalada, aunque sí estuvieron pre-sentes la ex esposa del primero y su abogada. Celebrada la vista sin la presencia del padre alimentante o de su repre-sentante, el tribunal dictó una resolución mediante la cual aumentó la pensión a una suma que resultó ser más del doble del importe fijado originalmente. Dicha resolución fue notificada a todas las partes. El licenciado León Malavé y el señor Romero de León aceptan haberla recibido.

Inconforme, el señor Romero de León le pidió a su abo-gado que recurriera de esa determinación por entender que se le violó su derecho a ser escuchado. En vista de ello, el licenciado León Malavé presentó una moción de reconside-ración treinta y un días después de notificada la resolución que aumentó la pensión. En dicha moción no se expuso excusa, razón o argumento alguno dirigido a justificar la incomparecencia del querellado o del señor Romero de León a la audiencia señalada. Sólo se limitó a pedir que se considerara evidencia “importante” que no se tomó en cuenta al decretar el aumento reseñado. No se imputó error alguno respecto de la actuación de la juez al celebrar la vista sin el padre alimentante. El licenciado León Malavé envió una Copia de esa moción a su cliente.

Sometida la reconsideración, el señor Romero de León presentó, por derecho propio, al tribunal una “Moción In-formativa y Solicitud”, en la que argumentó desconocer por qué su representante nunca le notificó sobre la vista de aumento de pensión. Negó, a su vez, haber tenido conoci-miento de ésta. Solicitó, por ende, que se le permitiera ex-presarse y presentar prueba para poder estar en mejor po-sición de aceptar un aumento de pensión. En ese escrito, anunció también que deseaba la renuncia del licenciado León Malavé y que contrataría una nueva representación legal. El mismo día que presentó la referida moción, Ro[1041]*1041mero de León visitó las oficinas de su abogado y le pidió por escrito la renuncia. El abogado accedió y presentó ante el tribunal una moción con ese fin, la cual fue acogida dos semanas después.

Luego de considerar el asunto, el tribunal rechazó de plano la moción presentada por el licenciado León Malavé. Sin embargo, ante la moción presentada por el padre ali-mentante, decidió celebrar una vista a la cual también citó al licenciado León Malavé. La orden adelantó, además, que el tribunal no violó el derecho de Romero León al debido proceso de ley, pues fue citado por conducto de su abogado y ambos optaron por no comparecer. En esa vista, el licen-ciado León Malavé informó por primera vez que nunca re-cibió la notificación en controversia. En iguales términos se expresó el señor Romero de León. La juez acotó que la no-tificación de la vista fue enviada tanto a las partes como a sus abogados. Destacó, además, el hecho de que la ex es-posa del señor Romero de León y su abogada comparecie-ron, mas el alimentante y su abogado no. Finalmente, de-claró “no ha lugar” la “pretensión” de que el tribunal celebrase una nueva vista.

A raíz de estos incidentes, y luego de los trámites de rigor, el Procurador General presentó una querella en la que imputó al licenciado León Malavé haber violado los Cánones 12, 18 y 26 del Código de Ética Profesional, 4 L.P.R.A. Ap. IX, por: (1) faltar a una vista debidamente notificada; (2) presentar una moción de reconsideración fuera del término para ello, y (3) no atender el caso de su cliente adecuadamente y con la diligencia esperada de todo profesional competente.

Examinamos dichas imputaciones conforme con las de-terminaciones de hecho de la Comisionada Especial y de acuerdo con nuestro ejercicio inherente facultad disciplinaria.

[1042]*1042hH h-H

La profesión y práctica de la abogacía no exige de quien la desempeña sólo la competencia mínima de reali-zar el esfuerzo suficiente para sobrellevarlas cada día. Re-quiere algo más. En las manos de los abogados y abogadas de Puerto Rico descansan las vidas, los bienes y las espe-ranzas de personas que procuran el auxilio de nuestro sis-tema de justicia con sumo fervor. Así pues, el abogado es el intermediario en quien nuestra sociedad confía la tarea de guiar las causas de sus clientes con sensibilidad, eficiencia y la mayor pericia. Tomada razón de que se le concede al abogado tan singular ministerio, con el Código de Etica Profesional hemos establecido unas normas precisas, de cumplimiento necesario e inexcusable, que esbozan el com-portamiento idóneo esperado de todo miembro de la profe-sión legal.

El Código de Ética Profesional y los cánones contenidos en éste, como es sabido, no representan una guía taxativa de las obligaciones que todo abogado tiene para con sus clientes, los tribunales, la profesión y la sociedad puertorriqueña. Más bien establecen unas pautas mínimas que deben guiar a los abogados en el desempeño de su profesión. In re Pagán Pagán, 171 D.P.R. 975 (2007). En ese sentido, hemos expresado consecuentemente que puede haber situaciones que escapen al alcance aparente de los cánones y, aún así, en función del buen juicio y la prudencia requeridos de todo letrado, se imponga la abstención. In re Carreras Rovira y Suárez Zayas, 115 D.P.R. 778, 785 (1984); B. & L., Inc. v. P.R. Cast Steel Corp., 114 D.P.R. 808, 813 (1983). No extraña, pues, que la responsabilidad de un abogado con respecto de las normas éticas que rigen la profesión es personal e indelegable. In re Moreno Cortés, 159 D.P.R. 542, 549 (2003). En esta ocasión, se le imputa al querellado la infracción de tres de esas normas. Veamos.

[1043]*1043A.

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