Pueblo v. Mediavilla

54 P.R. Dec. 565
CourtSupreme Court of Puerto Rico
DecidedMarch 29, 1939
DocketNúm. 7116
StatusPublished
Cited by8 cases

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Bluebook
Pueblo v. Mediavilla, 54 P.R. Dec. 565 (prsupreme 1939).

Opinion

El Juez Asociado Señor De Jesús

emitió la opinión del tribunal.

Luis Mediavilla fué acusado de un delito de asesinato en segundo grado cometido en la persona de Juan Cosme. El jurado lo declaró culpable de bomicidio voluntario y la Corte de Distrito de Bayamón le impuso la pena de siete años de presidio con trabajos forzados. Apeló para ante este tri[567]*567bunal, fundando su recurso en los seis errores que imputa a la corte sentenciadora, a saber:

“Primero: El veredicto en este caso es contrario a la prueba.
“Segundo: El veredicto en este caso es contrario a derecho.
“Tere-ero: La corte inferior cometió error al no dar las instruccio-nes especiales solicitadas.
“Guarió: La corte inferior cometió error al no dar instrucciones sobre defensa propia.
“Quinto: La corte inferior cometió error al declarar sin lugar la moción de nuevo juicio.
Sexto: La corte inferior cometió error al negarse a incluir en la transcripción de evidencia la moción de nuevo juicio, las instruccio-nes especiales solicitadas y las excepciones tomadas a dichas instruc-ciones. ’ ’

En los dos primeros señalamientos de error se alega que el veredicto es contrario a la prueba y a la ley. La discusión de estos dos errores requiere que llagamos una reseña de la evidencia que tuvo ante sí el jurado.

La prueba de cargo tiende a demostrar que el interfecto, Juan Cosme, el día 6 de enero de 1937, fue a visitar a su cuñada, Beatriz Marrero, quien residía en el barrio Palma-rejo del término municipal de Corozal. Llevó unos dulces para los hijos de su cuñada y preguntó a ésta si sabía si aquel día habría algún baile por allí, contestándole Beatriz que no lo sabía. La obsequió entonces con vino que llevaba en una botella y luego almorzó en la casa. Después de haber almorzado llegó Luis Mediavilla, quien desde su matrimonio con Ana Negrón, hija de Beatriz, vivía en la casa de ésta. Beatriz se hallaba en la cocina y oyó que al entrar Media-villa éste y Cosme se saludaron, siguiendo Mediavilla para la cocina, donde entabló conversación con Beatriz, lamentán-dose él de que tenía que cortar un tabaco al día siguiente y que el tiempo que reinaba entonces no era propicio para tal operación. Cosme, que oía la conversación desde la sala, intervino diciéndole que debía hacer como acostumbraban en Comerío, deshojar el tabaco en la plantación en vez de cor-tarlo, a lo que repuso Mediavilla que no era partidario de [568]*568ese sistema porque perjudicaba la calidad del tabaco. Al poco rato Mediavilla salió de la cocina y se dirigió a la sala, donde continuaba Cosme. Beatriz, que permaneció en la cocina, al momento oyó una detonación, creyó que sería un petardo y no bizo caso, pero inmediatamente después oyó una o dos más, y al ir para la sala vió los dos hombres agarra-dos en lucha corporal. Separó a Luis Mediavilla y notó entonces que Cosme se hallaba herido. Llamó al vecindario que le auxiliaran. Llevó el herido a la cocina, pero como tardaban en prestarle auxilio, lo condujo a su cama. En esos momentos llegó Fernando Santiago, el vecino más cer-cano, que oyó las detonaciones y a requerimiento de Beatriz fué a prestarle auxilio. Cuando entraba a la casa, se cruzó con Mediavilla que salía. Se dirigió a la cama donde yacía Cosme y le preguntó qué le había pasado, contestándole éste: “Que estoy herido. Mediavilla me cayó a tiros por nada.” Santiago pidió una hamaca a su casa y con la ayuda de otros vecinos trasladó al herido al Hospital San Alberto, en Baya-món, donde éste falleció al día siguiente a consecuencias de las dos heridas recibidas.

Ninguno de los testigos, tanto de cargo como de descargo, vió que Cosme tuviese arma o herramienta alguna en el sitio de los sucesos. Sólo el acusado, como veremos más tarde, declaró sobre el formón con que, según él, trató de agredirle el interfecto, declaración que indirectamente corroboró el Dr. Pinero, quien practicó la autopsia, el cual declaró que tuvo oportunidad de ver y hablar con Cosme mientras estuvo en el hospital, por ser él médico interno, y quien a repregun-tas de la defensa y refiriéndose al interfecto, declaró:

“Estaba consciente, cómo no, y siempre se quejaba ele que des-graciadamente no tuvo oportunidad de usar su arma, pero yo le decía que no se agitara; siempre insistía en eso mismo, insistía en que no pudo hacer uso de su arma, que sus hijos se liarían cargo de vengar su muerte.”

[569]*569Las palabras que el testigo Fernando Santiago puso en boca del interfecto, que antes hemos transcrito, no fueron oídas por el niño Ernesto Negrcrn, cuñado de Mediavilla, quien llegó antes que Santiago a la casa de Beatriz.

Declaró esta última, además, que su bija Ana, la esposa de Mediavilla, bacía un mes babía requerido dos veces a Cosme para que no volviese a la pequeña tienda de ella, por-que Cosme iba allí a hablar con una mujer de mala reputa-ción de quien estaba celosa la esposa de Cosme, que a su vez era hermana de Beatriz y tía de Ana, y quien babía cri-ticado a ésta por permitir que Cosme hablase en su casa con la indicada mujer. Que Cosme se molestó por lo que le dijo Ana y le contestó que él sabía que ella actuaba por indi-cación de Mediavilla, su esposo, y agregó:

“Yo me creía tener un amigo, de hoy en adelante tengo un ene-migo; ésto lo arreglaremos él y yo más tarde.” (R., pág. 15.)

En el examen de repreguntas declaró Beatriz que como mes y medio antes de los sucesos Cosme vino a quejársele de lo que le babía sucedido con Ana, repitiendo lo anterior-mente expuesto.

El acusado describe la lucha que sostuvo con el interfecto .así:

“Viré para atrás, pero cuando pasé por medio de la sala, lo en-contré de frente; cuando entré a la salida, había dado una vuelta =a las piernas en donde estaba sentado y cuando fui a pasar brincó ele la mesa y me echó mano y me dice: ‘Hoy vamos a arreglar la que tú me debes,’ y se fué sobre mí, me empujó bastante fuerte; al caer allá, él quedó con una mano metida en la camisa; al ver eso, también hice movimiento — yo tenía el revólver en el seno — al yo meter la mano que vio el revólver, se me fué encima, encima y en-cima, y yo sacándole el cuerpo, y disparé un tiro al aire; se me fué encima y llegué al seto, arrinconándome al seto; al cogernos, ■se partió un pedazo de tabla abajo y me fui por el agujero; en la lucha me vi perdido y le-disparé un tiro; seguimos agarrados en la lucha y ahí le disparé otro tiro. Esa es toda la verdad.” (R., pág. 48.)

[570]*570No hizo referencia a formón alguno que el interfecto tuviese en aquellos momentos, pero a continuación del relato que acabamos de transcribir, su abogado le preguntó:

“¿Cómo era ese formón?
“Un formón negro, bastante grande.
“¿Y el cabo?
De madera.
“FisCal,: El abogado es el que habla de formón ahora. Él no ha dicho nada de eso.
‘ ‘ ¿ Qué llevaba el otro en la mano ?
“Un formón.
“Cómo era ese formón?
“Negro, tenía bastantes pulgadas y el cabo de madera.” (R., pág. 48.)

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