Plaza Development v. Betancourt

1 T.C.A. 222, 95 DTA 64
CourtTribunal De Apelaciones De Puerto Rico/Court of Appeals of Puerto Rico
DecidedApril 20, 1995
DocketNúm. KLCE-95-00094
StatusPublished
Cited by2 cases

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Plaza Development v. Betancourt, 1 T.C.A. 222, 95 DTA 64 (prapp 1995).

Opinions

Alfonso de Cumpiano, Juez Ponente

TEXTO COMPLETO DE LA SENTENCIA

Plaza Development, S.E. oportunamente solicita el 13 de marzo de 1995 la revocación de la sentencia en apelación dictada el 17 de enero de 1995 por el Tribunal Superior, Sala de San Juan, revocando la sentencia por estipulación del Tribunal de Distrito.

[224]*224Se trata de una acción de desahucio instada por Plaza Development contra la Sra. Angelina Betancourt por razón de remodelación del edificio en que ubicaba su negocio. Luego de una reunión en cámara, el Tribunal de Distrito dictó sentencia por estipulación aprobando un acuerdo de desalojo entre las partes. La señora Betancourt instó recurso de apelación ante el Tribunal Superior impugnando la sentencia por alegadamente no haber consentido a la estipulación. Dicho tribunal apelativo revocó el dictamen apelado basado en que no estaba en posición de pasar juicio sobre la existencia de la estipulación, toda vez que no había constancia escrita alguna de ésta. Posteriormente, declaró sin lugar el planteamiento de falta de jurisdicción de Plaza Development, al resolver que por estar al día en el pago de las rentas, quedaba relevada de la prestación de fianza en apelación. Citó en apoyo de lo anterior el caso de Blanes v. Valldejuli, 73 D.P.R. 2 (1952).

Ante nos Plaza Development plantea que el Tribunal Superior erró al asumir jurisdicción sin requerir se prestara fianza en apelación y al revocar la sentencia apelada.

Por su parte, la señora Betancourt solicita la desestimación del recurso alegando que el recurso de certiorari no era el procedente y que se incumplió con el Reglamento del Tribunal de Circuito de Apelaciones (el Reglamento), puesto que no se incluyeron en el recurso copias de las alegaciones de la recurrida ante el tribunal de instancia.

En cuanto al primer planteamiento de la solicitud de desestimación, Plaza Development presentó el recurso correcto ya que de conformidad con la Regla 18 (B)(2)(c) del Reglamento procede el certiorari de cualquier sentencia del Tribunal de Primera Instancia, para la cual no se hubiere establecido procedimiento específico en el Reglamento o en la Ley de la Judicatura de 1994. Ese es el caso del presente procedimiento. Respecto al segundo planteamiento, si bien es cierto que Plaza Development no incluyó las alegaciones de la señora Betancourt, que ésta nos somete y que reiteran sus alegaciones de que no medió estipulación, entendemos que con los documentos incluidos en el recurso este Tribunal se encuentra en condiciones para pasar juicio sobre el mismo. A base de éstos, entendemos que no procede la expedición del recurso por los señalamientos que formulamos a continuación.

El artículo 631 del Código de Enjuiciamiento Civil, 32 L.P.R.A. sección 2832, que regula el procedimiento especial de desahucio, dispone que no se admitirá al demandado el recurso de apelación hasta tanto preste fianza para responder de los daños y perjuicios que pueda ocasionar al demandante y de las costas de la apelación. En Blanes v. Valldejuli, supra, pág. 5, expresamente se resolvió que la fianza en apelación es un requisito jurisdiccional en toda clase de desahucio, sea o no por falta de pago. Por ende, la utilización de dicha jurisprudencia por el Tribunal Superior como fundamento para su decisión, es incorrecta.

No empece lo anterior, entendemos que el tribunal no incidió al resolver que la prestación de fianza no era un requisito jurisdiccional bajo las circunstancias de este caso. Sabido es que la revisión de una sentencia se da contra ésta y no por sus fundamentos. De ahí la norma de que procede la confirmación de la sentencia recurrida cuando el resultado es correcto aunque el fundamento sea erróneo en derecho. Díaz Martínez v. Policía, _ D.P.R. _ (1993), 93 J.T.S. 122, pág. 11048.

Basamos nuestra apreciación en la naturaleza del dictamen emitido por el Tribunal de Distrito que dio lugar al procedimiento apelativo instado por la señora Betancourt.

Una estipulación suscrita por las partes y aceptada por el tribunal que pone fin a un pleito ya comenzado, es un contrato de transacción. Febus v. MARPE Construction Corp., _ D.P.R. _ (1994), 94 J.T.S. 19, pág. 11547; Sucn. Román v. Shelga Corp., 111 D.P.R. 782 (1981). La sentencia dictada en virtud de una estipulación tiene el mismo alcance y eficacia que la que se dicta en casos vistos en sus méritos, en cuanto a que obliga a las partes y cons-[225]*225tituye cosa juzgada. Pérez v. Tribunal de Distrito, 70 D.P.R. 656, 660 (1949); Rodríguez v. Zayas, _ D.P.R. _ (1993), 93 J.T.S. 75, pág. 10721; Artículo 1715 del Código Civil, 31 L.P.R.A. sección 4827.

No obstante, siendo el contrato de transacción la base de una sentencia por estipulación, su validez estará sujeta a la existencia de los elementos de todo contrato: consentimiento, objeto y causa. Artículo 1213 del Código Civil de Puerto Rico, 31 L.P.R.A. sección 3391; J. Puig Brutau, Fundamentos de Derecho Civil, Barcelona, Bosch, 2da ed., 1982, Vol. II, T. II, pág. 639. Así lo reconoció el Tribunal Supremo al resolver que una sentencia dictada a base del allanamiento nulo de los demandados, es nula y por ende, constituye una excepción a la doctrina de cosa juzgada. Vidal v. Monagas, 66 D.P.R. 622, 635-636 (1946); Pagán Hernández v. U.P.R., 107 D.P.R. 720, 736 N.6 (1978). En conclusión, la ausencia de uno de los elementos constitutivos de un contrato torna nula, o sea inexistente, la sentencia que lo adopta, por lo que, la controversia que ésta intentó poner fin, estará aún viva.

En este caso la señora Betancourt recurrió en alzada alegando que nunca prestó su consentimiento para dar por terminado el litigio. En vista de ello y de lo antes expuesto, realmente no estamos ante un recurso apelativo en el cual se cuestiona un procedimiento que culminó en sentencia por haberse probado la causal del desahucio, con el propósito de que se revoque y dicte otra decretando la improcedencia del desahucio. En este caso estamos, no ante un ataque del decreto de desahucio, sino de la propia existencia del decreto.

Siendo el propósito del artículo 631 del Código de Enjuiciamiento Civil, supra, proteger a un demandante de los daños y perjuicios que la dilación en ejecutar su derecho al desahucio le ocasiona la presentación de una apelación, es razonable concluir que no existe derecho que proteger mediante la prestación de fianza cuando hay ausencia de un decreto válido.

Tomando en consideración lo antes expuesto, no erró el Tribunal Superior al no exigir su pago en este caso y negarse a reconsiderar su sentencia, puesto que el demandante nunca llegó a probar su caso.

En cuanto al planteamiento de que no procedía la revocación de la sentencia por estipulación, éste carece de todo fundamento. El Tribunal Supremo ha expresado que, para mantener la presunción de corrección que de ordinario gozan sus dictámenes, los jueces deben vertir para récord las aseveraciones que hagan en sus sentencias. Reyes Torres v. Collazo Reyes, 118 D.P.R. 730, 733 (1987). En ese caso señaló, además, que:

"Si lo acordado en una estipulación no se reduce a escrito firmado por las partes o su representación legal, ni queda grabación o récord taquigráfico de sus particulares, la parte que difiere de lo manifestado por el juez respecto al alcance o existencia de tal acuerdo queda gravemente limitada en su derecho a solicitar revisión por un tribunal de apelación."

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