Olmedo Wood v. Rivera

65 P.R. Dec. 49
Supreme Court of Puerto Rico·Decided May 21, 1945·No. Núm. 9007·Published·Cited by 10 cases

Opinion

El Juez Asociado Señor Snyder

emitió la opinión del tribunal.

Romualdo Rivera contrajo matrimonio con la demandante en 1918 divorciándose en 1935. En 1920 el matrimonio com-pró un solar en el que edificaron una casa en 1922. Dicha propiedad pertenecía a la sociedad de gananciales, que to-davía está sin liquicLar. Aun cuando a los fines contributi-vos la propiedad está tasada en $1,500, la prueba no contro-vertida fue al efecto de que por lo menos valía $3,000.

El 28 de marzo de 1.938 Pablo Meléndez — amigo y com-pañero de Rivera, quien era un Inspector de Contribuciones sobre Ingresos — entabló demanda en cobro de dinero contra Rivera. La demanda alegaba que Rivera había otorgado un pagaré el 15 de mayo de 1934 a favor de Meléndez por la suma de $900, y que el pagaré había vencido el 30 de junio de 1935 — antes del divorcio — pero que no había sido pagado. La demanda también alegaba que Rivera aún estaba casado, si bien-, como hemos visto, esto ya no era cierto.

Se dictó contra Rivera sentencia en rebeldía por $900, más $100 para costas y desembolsos. El 23 de abril de 1938 Rivera renunció a su derecho de apelación con el fin de fa-cilitarle a Meléndez la inmediata ejecución de la sentencia. El 25 de mayo de 1938 el solar y la casa se vendieron en pública subasta por $500 a Philip El Koury, en ejecución de la referida sentencia. La demandante no fué parte en dicho pleito, y nunca se le notificó de procedimiento alguno.

El. 14 de julio de 1938 la demandante radicó el presente pleito contra Meléndez, Rivera y El Koury, solicitando la nulidad de la sentencia dictada en el pleito de Meléndez contra Rivera y del embargo y venta de la referida propiedad a El Koury, en lo que pudiera afectar su participación de la mitad en la referida propiedad como miembro de la so-ciedad de gananciales. lia demandante alegó que el pagaré se había simulado con el fin de privarla de sus derechos en los bienes gananciales. Después de un juicio en los méritos, [51] la corte de distrito dictó sentencia a favor de la demandante, y los demandados lian apelado.

El juez de distrito emitió una hábil y juiciosa opinión en la que, después de analizar la prueba, llegó a la conclusión que el pagaré era simulado y se otorgó con el único fin de defraudar a la demandante en sus derechos en la propiedad en cuestión. No vamos a repetir toda la prueba. Basta decir que la conclusión de la corte inferior en cuanto a este punto está ampliamente sostenida por la prueba y enteramente convenimos con ella. Este caso está plagado de fraude y lo referiremos al Fiscal de esta Corte para que determine si el abogado que representó a Rivera cuando se fraguó y consumó el elaborado plan aquí envuelto actuó impropiamente. Sin embargo, haciendo justicia a los actuales abogados de los demandados, queremos hacer constar que se hicieron cargo de este asunto después de haberse radicado la demanda en este caso.

Rivera, Meléndez y El Koury estuvieron representados en el juicio de este caso ante la corte de distrito por el mismo abogado. Al empezar el juicio el abogado anunció que Rivera y Meléndez consentían en que se dictara senten-cia contra ellos, debido a la duda en cuanto a si la senten-cia contra Rivera en el caso incoado por Meléndez contra el primero en relación con el pagaré, podía afectar el interés de la demandante en los bienes gananciales, en virtud de los hechos de que (1) no se notificó del mismo a la demandante y (2) la demandante y Rivera se divorciaron antes de radi-carse el pleito de Meléndez. Pero toda vez que este mismo abogado anunció que El Koury continuaría resistiendo la re-clamación aquí envuelta por el fundamento de que era un comprador de buena fe en la subasta de la propiedad, la corte de distrito muy sabiamente oyó prueba en cuanto al fraude de Rivera y Meléndez para poder determinar si K¡1 ■Koury estaba envuelto en el mismo. Además, hay una ra-zón adicional por la cual la estratagema de los demandados [52] para evitar se adujera prueba en cuanto al fraude fue pro-piamente impedida por la corte de distrito. Anular una sentencia debido a la falta de notificación o de inclusión de una parte, tiene un efecto legal enteramente diferente que si se anulara tal sentencia debido a que el pagaré de que se trata se simuló fraudulentamente. Bajo la primera teoría sólo se necesitaría entablar un nuevo pleito con la debida notificación e inclusión de partes; .pero de prevalecer la se-gunda, la alegada obligación deja de existir sin remedio al-guno.

La corte de distrito resolvió que “la prueba no es lo su-ficientemente fuerte para convencernos de la participación fraudulenta de El Koury en la conspiración de Meléndez y Rivera”. Sin embargo la corte de distrito dictó sentencia contra los tres demandados. Falló en contra de El Koury en la teoría de que una vez disuelto el vínculo matrimonial entre la demandante y Rivera, la demandante adquirió un derecho a la mitad de los bienes gananciales; y que El Koury no era un tercero bajo la Ley Hipotecaria porque, si bien el Registro de la Propiedad demostraba que los bie-nes estaban inscritos á nombre de Rivera y de la deman-dante como su esposa, era el deber de El Koury determinar si se había disuelto la sociedad de gananciales por sentencia de divorcio, “que era una sentencia in rem, Estate of Lee, 200 Cal. 310, que opera sobre el status matrimonial que es el res, [y que] fué una noticia a todo el mundo que tal sen-tencia había sido ’ dictada,, obligatoria para todos, y de la cual todos tenían que tomar conocimiento.’(1) (Corchetes nuestros).

Aceptamos la conclusión de la corte de distrito sobre los hechos en cuanto a la participación fraudulenta de El Koury en el plan para defraudar a la demandante. Pero no nos detenemos a examinar su teoría al efecto de que a El Koury [53] se le podía imputar, como cuestión de derecho, el conoci-miento constructivo del divorcio. No es necesario exami-narla, porque estamos satisfechos de toda la prueba y de las circunstancias concurrentes que El Koury tenía conocimiento efectivo de todos los hechos el día de la subasta, y por tanto es imposible que sea un tercero bajo el artículo 34 de la Ley Hipotecaria (Cf. Larracuenta v. Fabián, 56 D.P.R. 775, 789; Escalera v. West India Oil Co., 43 D.P.R. 574; Ayllón et al. v. González et al., 28 D.P.R. 67; Annoni v. Sucesión Nadal, 59 D.P.R. 640, 644-5; Sección 7, Ley de marzo 9, 1905, como aparece a la página 123, Código de Enjuiciamiento Civil, ed. 1933. Véase National City Bank v. De La Torre et al., 54 D.P.R. 233; 54 D.P.R. 685).

Convenimos con la demandante en que “la prueba indica que El Koury fue sólo un agente de Rivera, que no fue com-prador de buena fe, y que no fue sino un testaferro”. Rivera, un Inspector de Contribuciones sobre Ingresos, había llevado los libros de El Koury hasta que un reglamento del Departamento de Hacienda prohibió esta práctica, por lo que' Rivera obtuvo la misma colocación para su hija. Y en el contrainterrogatorio a que lo sometió el abogado de El Koury, Rivera declaró como sigue :(2)

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Olmedo Wood v. Rivera, 65 P.R. Dec. 49 (prsupreme 1945).

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