Sucesión Igaravídez v. Rubert Hermanos

23 P.R. Dec. 293, 1915 PR Sup. LEXIS 661
Supreme Court of Puerto Rico·Decided December 8, 1915·No. No. 1024·Published·Cited by 6 cases

Opinion

El Juez Asociado Se. Wole,

emitió la opinión del tribunal.

Este es nn caso en el cnal poco o nada se hizo en la corte inferior por simplificar las cuestiones en controversia. Por una n otra razón que no aparece enteramente explicada, se permitió a los apelantes incluir en la demanda un gran nú-mero de cuestiones que son innecesarias e impertinentes, algu-úas de las cuales no tienen al parecer ninguna relación con las causas de acción que se alegan. La teoría fundamental de la demanda fue que debido a los actos de varias personas y especialmente de José G-allart y otros que intervinieron en la ejecución de cierta hipoteca, quedó privada la Sucesión de Leonardo Igaravídez de ciertos derechos de propiedad. Además, en la demanda se sostiene más o menos consecuente-mente la teoría de que para que pueda ser restablecida la [295] Sucesión de Leonardo Igaravídez en sns derechos' tiene qne declararse qne cierta venta por ejecución, así como lá hipoteca qne a la misma sirvió de base, son absolutamente nulas y sin ningún valor y si necesario fuere, que son inexistentes. A la Sucesión de Leonardo Igaravídez se han unido las Suce: siones de Carmen Landrón y de Manuel López- con el fin aparente de prestarle su ayuda para demoler la ciudadela eri-gida por el enemigo común José G-allart y de cuya destrucción las dos últimas sucesiones esperarían obtener algún beneficio. Si la Sucesión de Manuel López y la Sucesión de Carmen Landrón jamás renunciaron ninguno de sus primitivos dere-chos, dejando a un lado las cuestiones de prescripción, quizás pudieron haber seguido una acción contra Rubert Hermanos sobre partición de bienes. En esta demanda, sin embargo, no se trata de modo alguno de una acción de partición, habiendo sido fuertemente atacados los derechos de los de-mandados a cualquier parte- de los bienes y sólo reconocidos vagamente cuando la Sucesión de Manuel López, los hermanos López Landrón, reclaman una hipoteca, legal. Ni siquiera entonces se reclama en una sola de las treinta y seis causas de acción que han sido alegadas dicha hipoteca legal como base de la acción. La demanda en su forma, es una narración indefinida, a la cual, acompañan lo que ordinariamente se llaman solicitudes o peticiones. Los apelantes las denominan “causas de acción,” las cuales discuten una por una (seriatim) en su alegato. No puede haber teoría alguna compatible con la demanda que no sea la de anular el título o títulos que los demandados alegan tener por virtud de la hipoteca y venta de la finca en ejecución de la hipoteca. Esta teoría está robustecida por varias cuestiones que obran en los autos y particularmente por el hecho de que en la hipotecavque ha sido impugnada Leonardo Igaravídez y Carmen Landrón figuran hipotecando toda la propiedad y no sus participa-ciones por separado y porque el procedimiento hipotecario se siguió contra toda la propiedad. Desde luego que con árreglo a los artículos 406 y 1758 del Código Civil, la hipoteca [296] en realidad únicamente tenía aplicación a sus participaciones individuales.

Los apelantes lian presentado un alegato de unas 392 páginas en maquinilla, y con la idea de prestar la debida consideración a las innumerables reclamaciones que se Lacen, se ha dilatado la resolución de este caso. El juez de la corte inferior, Sr. Grill, fallecido, emitió una opinión muy autori-zada con la que estamos de acuerdo en sus principales aspec-tos. Los apelantes al impugnar el razonamiento de la corte, alegan un gran número de errores, cuando en realidad de verdad sólo uno podía ser alegado, o sea, el haber dejado la corte de dictar sentencia a favor de los apelantes, o al menos, algunos de ellos, al hacer las extensas alegaciones de fraude, ilegalidades y nulidades.

El juez de la corte inferior aunque criticado por los ape-lantes expresa que la materia objeto de la acción en este pleito era conocida con el' nombre de finca San Vicente, de Vega Baja. Había otras parcelas comprendidas en el litigio, pero la finca en su totalidad .estaba dedicada al cultivo y molienda de cañas. La propiedad era conocida y todavía se conoce por “San Vicente,” si bien su título fué cambiado más tarde por el de “Central San Vicente.”

Adoptando esta forma lacónica de hablar de la cuestión, diremos que la finca San Vicente, la poseía Jacinto López quien falleció en el año 1863. Al hacerse la división de sus bienes la finca se le adjudicó a su hijo Manuel Antonio López Martínez y a tres de sus hermanos. Durante los comienzos del año 1864, Manuel compró las participaciones que tenían dos de sus hermanas en la finca San Vicente obteniendo un arrendamiento de la tercera. Manuel falleció en noviembre, 1865, dejando una viuda, Carmen Landrón y tres hijos. Carmen Landrón no aportó nada a la sociedad conyugal; se le adjudicaron 11,000 pesos más o menos, como parte de sus bienes gananciales y 117,000 pesos para pagar las deudas de Manuel. El resto de la finca, o sean unos 88,000 pesos, [297] filé adjudicado a los tres hijos, herederos testamentarios de Manuel.

En 1866, la hermana de Manuel, Teresa de Jesús López Martínez que había quedado como única oondueña con Manuel vendió su participación al presbítero Antonio (Jarcia que después la vendió a Leonardo Igaravídez quien le pagó unos 40,000 pesos en efectivo y dió hipoteca por el saldo. De modo que en noviembre de 1866, los condueños de San Vicente eran los tres hijos López Landrón, con un interés entre todos de 88,000 pesos; la viuda Carmen Landrón, con un interés de 11,000 pesos por sus bienes gananciales y 117,000 pesos para responder de las deudas de su difunto marido, y Leonardo Igaravídez con un interés de 98,000 pesos, más o menos. Don Leonardo era entonces viudo con un hijo y dos hijas, cons-tando que el hijo murió en su minoridad. Una de las hijas murió después y la otra constituye la Sucesión Igaravídez Santana.

En noviembre' de 1866, Leonardo Igaravídez se casó con Carmen Landrón de cuyo matrimonio resultaron seis hijos que constituyen la Sucesión Igaravídez Landrón. Las tres Sucesiones, la López Landrón, la Igaravídez Santana y la Igaravídez Landrón, son las demandantes en este pleito. Al tiempo del matrimonio la hacienda de referencia estaba gra-vada con la hipoteca a favor del presbítero Antonio (Jarcia y con dos hipotecas más a favor de las dos hermanas de Manuel para asegurar el precio de la venta de sus respectivos condominios.

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Sucesión Igaravídez v. Rubert Hermanos, 23 P.R. Dec. 293, 1915 PR Sup. LEXIS 661 (prsupreme 1915).

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