Pueblo v. Torres

33 P.R. Dec. 185, 1924 PR Sup. LEXIS 242
CourtSupreme Court of Puerto Rico
DecidedMay 26, 1924
DocketNo. 2128
StatusPublished
Cited by5 cases

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Bluebook
Pueblo v. Torres, 33 P.R. Dec. 185, 1924 PR Sup. LEXIS 242 (prsupreme 1924).

Opinion

El Juez Asociado Stsñoe Wole,

emitió la opinión del tribunal.

La prueba tendió a establecer que el apelante Gómez y el interfecto Cambrelein eran enemigos y que sus diferencias surgieron debido a la relación que cada uno de ellos -tenía ' con el trabajo del municipio de Ponce, donde Cambrelein era sobrestante y Gómez alegaba ser el carpintero. Un amigo de ambos, de apellido Torres, llevó a Gómez a casa de Cambrelein para reconciliar a los dos hombres. La prueba también tiende a demostrar que Gómez fué a la casa de Cambrelein armado de un cuchillo o punzón y que en la casa fué visto el punzón en su persona por un testigo quien avisó ese hecho a Cambrelein por medio de señas. Cuando Gómez, el acusado, y Torres llegaron a la casa de Cambre-lein este último los recibió agradablemente y les dijo que se sentaran. Casi inmediatamente, sin embargo, surgió una diferencia sobre si Gómez era o nó el carpintero del muni-cipio y Cambrelein negó o dudó si Gómez era tal carpintero. Sobre esto Gomez dijo que si Cambrelein estaba vivo le debía la vida a la tolerancia de Gómez, o palabras como ésas. Torres, viendo que su misión había fracasado, logró sacar a Gómez de la casa de Cambrelein por la escalera o hacia abajo, según fuere. Todos los testigos prácticamente están acordes en que Gómez al retirarse y antes de hacerlo, insultó desafió y continuó insultando y desafiando a Cambrelein. Este último,- sin embargo, le siguió hacia abajo y según después quedó probado, estaba armado de un revólver que nadie sabía que tenía. El campo abajo estaba oscuro y muy poco alumbrado. Los dos hombres se encontraron en esta parte apenas alumbrada y Cambrelein, es evidente, falleció de una herida de cuchillo causada por Gómez. En el juicio Gómez fué declarado culpable de homicidio involuntario y sentenciado a la pena de ocho años de presidio.

Toda la prueba es inconsistente con cualquier otra teo-ría-- que no sea la de que los disparos fueron hechos por Cambrelein y que uno de estos disparos hirió a Gómez. Gó-[187]*187mez mató a Cambrelein y sostuvo y declaró que lo hizo en defensa propia. La prneba del gobierno, no obstante, tiende a acreditar que todos los disparos fueron hechos después de separados los dos hombres o cuando ya no luchaban juntos.

Sostiene el apelante que no hubo prueba de homicidio involuntario. Sin embargo, cualquier muerte voluntaria por la cual no exista ninguna excusa legal y que no se demuestre que sea deliberada y premeditada cae dentro de la catego-ría del homicidio involuntario.

Tal vez hubo alguna prueba de .la cual el jurado tenía derecho a creer que Gómez indujo a Cambrelein a bajar la cuesta para matarlo o quizás hasta que Gómez fué a la casa de Cambrelein con esa intención o idea reservada en su mente sujeta a lo que Cambrelein dijera o hiciera. Si Gómez tuvo tal intención en su mente un disparo hecho por Cambrelein no justificaría un homicidio en defensa propia. La cuestión principal en este caso, sin embargo, es si al acu-sado se le permitió en el juicio utilizar todos los recursos que la ley permite para sacar la verdad de los testigos.

Las notas taquigráficas tomadas en la sesión del gran jurado fueron archivadas con la acusación original y llega-ron al poder del abogado del acusado en cuyo poder estu-vieron durante gran parte del juicio. Un testigo del go-bierno, Pericás, había declarado respecto a la forma en que Gómez salió de la casa de Cambrelein y en cuanto a los su-cesos interiores a esto. En el examen de repreguntas se le preguntó lo siguiente: “¿,Vd. recuerda si durante la in-vestigación que hizo el gran jurado en este mismo caso, en este mismo salón, entre el 19 de noviembre y ahora Yd. de-claró bajo juramento ante el gran jurado que Ventura Cam-brelein desde arriba y Andrés Torres Gómez desde abajo continuaron discutiendo, pero al verles a ellos en este es-tado rio pudimos aguantar a Ventura?” El fiscal se opuso por el fundamento de que no se había establecido la debida base para la pregunta y la corte desestimó la objeción. El [188]*188testigo al mismo tiempo de hacerse la objeción dijo que no recordaba. El acusado entonces preguntó si era que el tes-tigo no recordaba haber prestado la declaración o no recor-daba lo que dijo. Antes de haberse hecho esta segunda pregunta el fiscal solicitó que la primera fuera eliminada. La. corte manifestó que resolvería la moción de la elimina-ción antes de terminarse el juicio pero no lo hizo. La corte no permitió que la segunda pregunta fuera contestada.

Tanto el fiscal de la corte inferior como el de esta corte parecen estar bajo la impresión de que para poder con-frontar e impugnar a un testigo con manifestaciones incon-sistentes era necesaria mayor especificación que la que apa-recía de la pregunta que hemos transcrito. La norma se-ría ver si el testigo fácilmente entendería la fecha, lugar y circunstancias por virtud de las cuales la alegada manifes-tación inconsistente se hizo. Se le dijo el lugar, aproxima-damente la fecha, y la última se precisó haciendo una refe-rencia a los procedimientos del gran jurado en el mismo caso. El testigo tuvo todas las oportunidades para conocer y entender la ocasión a que se hizo referencia, y según cree-mos no podía dejar de entenderla.

La corte excluyó la segunda pregunta basada en la teo-ría, según entendemos, de que las sesiones del gran jurado son secretas. Si la corte estuvo equivocada en esto, el ape-lante fuá limitado indebidamente en su examen de repre-guntas porque asumiendo que hubo una contradicción apa-rente en su declaración ante el gran jurado y el pequeño jurado el apelante tenía derecho a investigar un poco más. Si el testigo no recordaba haber declarado ante el gran ju-rado, esta falta impugnaría su memoria y si él dijo que no recordaba haber contestado la pregunta como se le hizo, to-davía podría ser interrogado con respecto a cuál de las dos manifestaciones era verdad y habérsele dado una oportuni-dad de explicar. Si él dijo que no había hecho la alegada manifestación que se impugna,' y era esencial, pudo haber sido contradicho en debida forma como luego veremos. He-[189]*189mos asumido que la pregunta original se hizo de buena fe, como-sería la presunción, pues en verdad sería cosa muy grave preguntar a un testigo acerca de una manifestación, a menos que la manifestación real o aparentemente hubiese sido hecha ante el gran jurado como lo revelan las notas taquigráficas. Si las notas taquigráficas podían usarse de algún modo, la corte incurrió en error al circunscribir el derecho a hacer repreguntas. Artículo 2 de la Ley Orgá-nica, a saber, que en todos los procesos criminales el acu-sado gozará del derecho de carearse con los testigos de cargo. La idea principal del careo es la oportunidad para hacer repreguntas. "Wigmore, Seo. 1398. Debe permitirse gran liberalidad en el examen de repreguntas de un testigo con el fin de poner a prueba su exactitud o credibilidad, y cuando las preguntas hechas parecen referirse a hechos y circunstancias dentro del alcance general del interrogatorio directo, se comete error al excluirlas. People v. Westlake, 124 Cal. 452, y otros casos citados en el alegato del ape-lante. La corte probablemente no hubiera limitado el exa-men de repreguntas si hubiera creído que el abogado tenía derecho a utilizar las notas taquigráficas en la forma pro-puesta. Desde luego que si el abogado no tenía derecho a usar las notas la corte no incurrió en error.

El abogado solicitó en términos generales que se le per-mitiera usar las notas taquigráficas para interrogar a los testigos y la corte en una orden razonada lo negó.

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