Pueblo v. Santos Altieri

67 P.R. Dec. 650, 1947 PR Sup. LEXIS 116
CourtSupreme Court of Puerto Rico
DecidedJuly 18, 1947
DocketNúm. 12396
StatusPublished
Cited by10 cases

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Pueblo v. Santos Altieri, 67 P.R. Dec. 650, 1947 PR Sup. LEXIS 116 (prsupreme 1947).

Opinion

El Juez Asociado Señor. Market-;o

omitió la opinión del tribunal.

Ante la Corte de Distrito de Aguadilla se formuló acu-sación contra Miguel Santos Altieri por infracción a la Ley núm. 228 de 1942 (pág. 1269), según fue enmendada por la núm. 493 de 1946 (pág. 1475), en relación con la O'rden Ad-ministrativa núm. 8 promulgada por el Administrador General de Suministros el día 8 de septiembre de 1942, tal como lia sido enmendada y ampliada, porque allá por el día 31 de julio de 1946 y en el pueblo de Rincón, “vendió a Gregorio Rodríguez Vargas, dos libras de arroz a razón de 17 centavos libra, y al ser requerido para ello se negó a dar una factura sobre dicha venta, vendiendo dichas dos libras de arros sin factura, ...” (Bastardillas nuestras.)

El día señalado para el juicio el acusado presentó una ex-cepción perentoria que fué declarada sin lugar y luego de oír la prueba aducida por El Pueblo y por el propio acusado, la corte inferior declaró a éste culpable del delito imputádole y le sentenció a sufrir un año de cárcel y a pagar $1,000 de multa, más las costas. No conforme, el acusado ña apelado ante nos.

Según,se habrá visto, la médula de la acusación es que Santos Altieri vendió a Gregorio Rodríguez Vargas dos li-bras de arroz y que al ser requerido para que diera una fac-tura sobre dicha venta se negó a ello. Teniendo esto en mente' proseguiremos con nuestra opinión.

En el alegato radicado el acusado señala ocho errores. Discutiremos éstos en el orden en que han sido presentados.

Sostiene primeramente que la corte inferior cometió error al condenarle por violación de las órdenes números 8 y 84 dictadas por el Administrador General de Suministros, sin que se hubiese probado por El Pueblo que éstas habían sido publicadas en un periódico de general circulación en la Isla de Puerto Rico. Carece de méritos este error, ya que se ha resuelto que “en proceso por infracción a un regla-[653]*653mentó que, aprobado por nn funcionario del G-obierno, tiene fuerza de ley, el Fiscal no viene obligado a presentar prueba de su publicación. Al acusado que impugne su validez por no haberse publicado conforme a lej7 tiene el peso de probar su nulidad.” Pueblo v. Sanjurjo, 58 D.P.R. 649, 652.

Insiste inmediatamente después el acusado en que la referida corte erró al declararle culpable, toda vez que la prueba presentada no era suficiente para sostener la sen-tencia. Es innegable que de la prueba aducida por las par-tes surgió un conflicto, pero éste fue dirimido por la corte inferior y nada hay en los autos que nos convenza de que al así hacerlo ella cometiera manifiesto error o actuara movida por pasión, prejuicio o parcialidad. Véanse Machuca v. Autoridad Fuentes Fluviales, 66 D.P.R. 182 y Rivera v. López, 66 D.P.R. 210.

Alega además el apelante que la corte inferior cometió error al condenarlo, toda vez que por no saber él leer y escribir estaba imposibilitado de extender una factura de venta. Tampoco le asiste la razón a este respecto. La Orden Administrativa núm. 8 (Exhibit A de El Pueblo), emitida por el Administrador General de Suministros en 8 de septiembre de 1942, prohíbe de manera absoluta a “todo comerciante, sea importador, mayorista intermediario, o'detallista, ... (1) Vender 'sin factura.” Según esa orden fué ampliada por la núm. 84 de 30 de julio de 1946 “las prácticas prohibidas de vender sin factura obligan a todo comerciante o industrial, sea mayorista, comisionista, intermediario o detallista, a dar una factura clara y terminante en donde se haga constar la cosa vendida, el precio sobre unidad y el valor total,” así como “a dar una factura o ‘ticket’ al comprador consumidor cuando éste lo requiera, haciendo constar igualmente la cantidad vendida, el precio por unidad y el valor total, sin que en ningún modo pueda especificarse el valor total sin indicación clara de peso o unidad y el valor de cada unidad. . .” (Bastardillas nuestras.) La referida Or-[654]*654den núm. 8, según ha sido ampliada, no dice en forma alguna que la misma sea aplicable tan sólo a aquellos comerciantes, mayoristas o detallistas que sepan leer y escribir. No hace ella excepción de clase alguna a este respecto, y el hecho de que el acusado Santos Altieri fuese un pequeño detallista, que no supiese escribir o de que tan sólo supiera leer y escri-bir algunos números no le releva de la obligación de dar cumplimiento a lo provisto. Ubi lex non clistinguit, neo ngn distinguere debemus. Si se resolviera que las disposiciones de órdenes como la que nos ocupa han de aplicarse tan sólo a comerciantes que sepan leer y escribir, las mismas fácil-mente se convertirían en una burla a la justicia.

La cuestión suscitada en el cuarto señalamiento ya ha sido claramente resuelta adversamente al apelante en varios casos de este mismo Tribunal. En el de El Pueblo v. Arce, resuelto por este Tribunal en 23 de abril de 1947, ante, pág. 253, . dijimos, por ejemplo, que “es incuestionable que existen ciertas facultades que el poder legislativo puede delegar en favor de determinado funcionario o Junta Administrativa”; que “la ley de manera clara y taxativa autoriza al Administrador G-eneral de Suministros a aprobar reglas y reglamentos”; que “de acuerdo con la facultad conferídale el Administrador de Suministros procedió a aprobar con fecha 8 de septiembre de 1942 la Orden Administrativa núm. 8,” y que “la facultad de aprobar reglas y reglamentos se delega con el fin de que la ley se implemente y se haga más viable.” También manifestamos que “al hacer figurar en su Orden Administrativa núm. 8 que queda prohibido el negarse a vender un artículo que un comerciante tenga en existencia si no se le compran otros artículos que el adquirente no interesa o no necesita, el Administrador no hizo otra cosa que implementár la Ley núm. 228, según fue enmendada, para hacer cumplir los propósitos y fines de la misma.” 'En términos similares podemos expresarnos en relación con aquella parte de la Orden núm. 8, según fué [655]*655ampliada en 1946, que prohíbe y castiga el vender sin factura al ser requerido para ello por el comprador-consumidor. (En este caso la prueba demostró que el niño que compró las dos libras de arroz las adquirió para su tío y padre de crianza, en cuya casa el comía y vivía. El niño fue, pues, no sólo el comprador del arroz sí que también uno de los consumido-res del mismo.)

También alega el acusado que las órdenes 8 y 84 “son nulas por no expresarse en ellas una determinación de hechos que justifiquen su promulgación, habiéndose así privado al acusado de un debido procedimiento de ley.”

Si se examina la Ley núm. 228 de 12 de mayo de 1942 (pág. 1269) según fué enmendada por la número 493 de 29 de abril de 1946 (pág. 1475) se notará inmediatamente que bajo los artículos-2(c), 3(a) y (c) se autoriza expresamente al Administrador de Suministros para dictar aquellas reglas y órdenes que crea necesarias para poner en vigor sus dis-posiciones. Al autorizársele bajo el artículo 3(a) a emitir tales reglas y órdenes, se hace constar de manera clara y terminante que “toda regla u orden emitida en considera-ción de las anteriores disposiciones de este inciso, será acom-pañada de una declaración expresiva de las causas envueltas en su emisión.” El inciso (a)

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