Pueblo v. Mejías Ventura

47 P.R. Dec. 282, 1934 PR Sup. LEXIS 57
CourtSupreme Court of Puerto Rico
DecidedJuly 24, 1934
DocketNo. 5164
StatusPublished
Cited by4 cases

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Bluebook
Pueblo v. Mejías Ventura, 47 P.R. Dec. 282, 1934 PR Sup. LEXIS 57 (prsupreme 1934).

Opinion

El Juez Presidente Señor Del Toro,

emitió la opinión del tribunal.

En febrero 19, 1932, el Fiscal del Distrito Judicial de San Juan formuló acusación contra Antonio Mejías Ven-tura (a) El Cubano, imputándole la comisión de un delito de asesinato, cometido como sigue: El 3 de febrero de 1932, dicbo acusado, en San Juan, con malicia premeditada y deli-berado propósito de matar, dió muerte ilegal al ser humano Paul C. Herdering, acometiéndole y agrediéndole con una pistola, infiriéndole una herida de bala a consecuencia de la cual falleció el 5 de febrero de 1932.

Hizo el acusado la alegación de no culpable y en mayo 19, 1932, comenzó a celebrarse el juicio ante un jurado. Terminó el 21, con un veredicto de culpabilidad. Solicitó el acusado nuevo juicio. Su solicitud fue denegada en agosto 22, 1932, y en agosto 27, 1932, la corte dictó su sentencia. Condenó por ella a reclusión perpetua al acusado. Este apeló contra la resolución denegatoria del nuevo juicio y contra la sentencia. Los puntos envueltos en ambas apelaciones son los mismos. Existe un solo récord.

El primer testigo que presentó el fiscal fué el Dr. Arse-[284]*284nio Comas, médico, y cirujano residente del Hospital Municipal de San Jnan. Dijo que en febrero 5, 1932, practicó la autopsia del cadáver de Paul C. Herdering que presentaba úna herida superficial en la muñeca derecha con entrada y salida y otra en la región hipogástrica que interesó el in-testino ciego, muriendo Herdering de una peritonitis y septicemia grave producidas por la herida de bala. Extrajo ésta que encontró alojada en el hueso ilíaco, cara interna, y la entregó a la Administradora del Hospital señora Carreras.

A repreguntas de la defensa explicó que el herido llegó al hospital en la noche del tres. Esa misma noche se enteró de su nombre por el “chart” que prepara la enfermera. Pidió la defensa que se eliminara la declaración del testigo y éste manifestó: “No me entendió el Licenciado. La noche de la operación yo supe que era Paul C. Herdering. Después lo seguí asistiendo dos días, hasta que murió.” Insistió la defensa y la corte declaró sin lugar su solicitud.

La administradora del hospital fué el séptimo de los testi-gos de cargo. Se llama Josefa Moreno de Carreras. Dijo que al llegar al hospital la mañana del 4 de febrero, recibió una nota del Doctor Comas con $51 y las ropas de un señor Paul C. Herdering para que lo guardara todo en la caja del hospital. Como a las ocho y cuarto llegó el doctor del vapor “Nillus” y le recomendó que atendiera bien “a Herdering”, que ellos tenían que partir. Subió a la habitación y encontró al herido hablando con el Capitán. Le preguntó qué le pasaba y le contestó que estaba muriéndose.

Continuó la testigo manifestando que se interesó mucho en el caso y trató de que el herido le refiriera lo que le había pasado. Se opuso la defensa. Surgieron varios inci-dentes y finalmente ocurrió lo que sigue:

“Yo insistí en que él me contara ... y él entonces me dijo: ‘Alright’, y yo cogí una libreta y apunté. Entonces me dijo: ‘Le voy a contar’, y empezó el relato en la siguiente forma: A las siete (7) salí del Vapor ....
[285]*285“Def. — Un momento. Yo lamento interrumpirla. Nosotros, señor Juez, levantamos la misma cuestión.
“Juez. — Yamos a ver cuáles fueron las verdaderas palabras del individuo anteriores a ésas.
“F. — Antes de hacer la manifestación esa, ¿cómo se sentía él?
“T.— Se sentía muy mal. Decía: ‘Me estoy muriendo. Yo qui-siera vengarme de este hombre que me ha matado . . .’ ‘Yo odio a los puertorriqueños . . .’ creído que había sido un puertorriqueño. ‘Me muero, me muero . . . Yo quisiera tener una botella de whiskey para olvidar . . Y entonces yo noté que el hombre estaba grav'e y cogí un lápiz y un papel y le dije: ‘Usted tiene familiares, déme la nota’, y entonces me dijo que su mamá se llamaba Annie Herdering y que vivía en Pedborn, Germany, y yo cogí la nota. Si se me per-mite yo contaría toda la historia de lo que pasó.
“Defensa: — Se murió cuánto tiempo después?
‘ ‘ T. — Esa misma tarde a las 5:00.
“Juez. — Me parece que de acuerdo con la jurisprudencia en el caso de El Pueblo v. Díaz, 35 D.P.R. 852, se han establecido las bases sufi-cientes para la declaración de la testigo, y la Corte permite que declare sobre las manifestaciones del interfecto.
“Def. — Con nuestra excepción.
“F. — Continúe, señora.
“T. — -Entonces yo le decía: ‘No se apure; usted se sentirá bien’ y decía: ‘Me hace falta aire; el aire del mar’, y entonces yo le decía: ‘No piense en el mar. Cuénteme’, y el hombre empezó su relato en la siguiente forma:
‘ ‘ ‘ Salí del Vapor a las 7:00, fui al cine y después fui a la Porto Rico Drug a tomar un refresco. Allí me encontré con dos compañeros del barco. Con esos dos compañeros decidimos ir a Puerta de Tierra a tomar una cerveza. Después de tomar la cerveza en Puerta de Tierra decidimos irnos al vapor porque el permiso era hasta las 10%. Al bajar por la estación, frente a una callejuela, yo iba hacia ade-lante y mis dos compañeros detrás. Allí noté que un hombre, acom-pañado de otro más trigueño, me atacó. No pude reconocerlo. Sólo sé que al levantar mi mano sentí el disparo y caí y al caer el hombre corrió por un callejón que hay al frente y el otro no me di cuenta de lo que hizo. Entonces yo llamé a Hans, que era uno de los compa-ñeros, y le dije: “Hans, sálvame”, y Hans salió corriendo con el otro. Vino el policía y me trajo al Hospital.’ ”

Reconoció, por último, la testigo el plomo de una bala [286]*286que le presentara como parecido al que le entregó' el Dr. Comas que a su vez entregó a la detective.

La persona que condujo al herido al hospital fue el po-licía Evaristo Labastide, el sexto testigo que declaró. Dijo que estaba de servicio frente al muelle No. 5 y oyó un dis-paro. Se dirigió al sitio y encontró dos hombres que corrían, dos extranjeros que le dijeron que habían herido a su com-pañero en la esquina. Siguió y encontró a un hombre de nombre Paul C. Her dering tendido en el suelo. Llamó la ambulancia y en ella lo llevó al hospital. Era después de las once de la noche.

La segunda declaración que aportó el fiscal fue la de Natividad Espada, que imputa directamente la comisión del acto delictivo al acusado. Es de color, como de veinte y un años, vecino de Puerta de Tierra. Conocía al acusado, y en la noche del tres de febrero, 1932, salió a pasear con él desde Puerta de Tierra hacia San Juan, donde estuvieron como hasta las diez y media en que caminaron hacia Puerta de Tierra, llegando hasta la Plaza de los Leones. “A los pocos instantes,” dice textualmente, “se apareció un grupo de hombres, de en casa de la señora Carmen Capre, y noté que él me dijo: ‘Vámonos’. Partimos por la misma carre-tera que da a la estación del ferrocarril; de la estación del ferrocarril bajamos a la Colectiva, y allí, en la orilla de la puerta, se sentó y yo estaba de pie. Como a los veinte mi-nutos se personaron los tres hombres; uno alante y dos detrás. Al embocar el que venía al frente en la bocacalle, él se levantó y se metió la mano por el lado derecho, sacando la pistola y diciéndole unas palabras en inglés, cuyas pala-bras no le oí. El hombre quedó manos arriba.

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