Miranda v. Pesquera

49 P.R. Dec. 239
CourtSupreme Court of Puerto Rico
DecidedDecember 23, 1935
DocketNo. 6674
StatusPublished
Cited by3 cases

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Bluebook
Miranda v. Pesquera, 49 P.R. Dec. 239 (prsupreme 1935).

Opinion

El Juez Asociado Señor Córdova Dávila,

emitió la opinión del tribunal.

Es ésta una acción en cobro de honorarios profesionales, iniciada por el abogado Armando A. Miranda contra José L. Pesquera. Alega el demandante que desde enero de 1929 hasta julio de 1930 prestó al Sr. Pesquera sus servicios como abogado, sin percibir remuneración alguna, a pesar de haber requerido de pago al referido demandado. El demandante solicitó una sentencia a su favor por la cantidad de $800. La corte inferior dictó su fallo declarando sin lugar la de-manda. Apeló el demandante contra la sentencia dictada, atribuyendo a la corte inferior dos errores que pueden dis-cutirse conjuntamente porque se refieren a la apreciación de la prueba.

La corte de distrito aceptó como probado que el demandante gestionó los asuntos que alega en la demanda, pero sostiene que nunca existió contrato, expreso o implícito, entre Miranda y Pesquera, habiendo actuado el primero a gestiones del Sr. Toral, administrador del segundo, sin que el referido Toral tuviese autorización para contratar a nombre de Pesquera los servicios de un abogado.

La prueba del demandante consistió en su propia decla-ración y treinta y cuatro documentos: veintiséis copias de cartas gestionando el cobro de alquiler de solares de Pés-[241]*241quera, un proyecto de arrendamiento de solar y varias de-mandas radicadas en la Corte Municipal de Bayamón.

Declara el demandante que allá por el mes de noviembre de 1928, el demandado lo llamó por teléfono desde su oficina en San Juan, para que lo viera al día siguiente en su oficina en Bayamón, en la cual se atienden los negocios de varias ur-banizaciones del Sr. Pesquera; que se personó en la oficina al día siguiente a las 10:30 de la mañana, manifestándole Pesquera que bacía más de cuatro meses que estaba tratando de conseguir que su primo Carlos M. Pesquera se hiciera, cargo de sus asuntos, pero que no lo había conseguido, y de-seaba que él, Miranda, se hiciera cargo de los pleitos de las urbanizaciones y todo lo referente a las mismas; que no se acordó precio alguno por el trabajo; que Pesquera le dijo que no quería demandar sino en casos extremos; que deseaba que él se dirigiera a todos los inquilinos morosos para ges-tionar el pago de lo debido; que el declarante le dirigió car-tas de cobro a veintiséis inquilinos de Pesquera; que como al mes y medio de haber remitido esas cartas lo llamó Pes-quera por teléfono solicitando detalles de las gestiones y que él así se lo informó, diciéndole Pesquera que estaba enterado de las cartas, ya que varias personas habían venido a la ofi-cina a pagar; que Pesquera le manifestó que deseaba proce-der contra aquellas personas que no hubieran pagado o que se negaran a pagar; que el declarante le manifestó a Pes-quera que debían esperar algún tiempo y que él iría a ver a estas personas para gestionar personalmente el pago, y que quedaron los dos conformes en esto; que visitó a cada una de las personas a quienes se le habían remitido las cartas y que muchas de ellas se personaron en la oficina, como Teresa Cortés de Ramírez, que en su presencia pagó parte de su cuenta; que pasaron meses y allá por julio o agosto sólo quedaban ocho o diez personas que no querían pagar; que fué a la oficina de Pesquera y le dijo: “Mire, Pepito, la gente de la urbanización ha pagado, pero hay algunos que no quieren pagar . . . ¿ qué usted cree que se debe hacer con [242]*242ellos?”; que Pesquera le manifestó: “Pues yo lo que creo es que se debe proceder contra esas personas. En cuanto el márshal los notifique, tú verás si ellos pagan, si no el todo, una buena parte de la deuda. Y efectivamente, yo necesito dinero ahora, así es que ésta es una buena época para de-mandarlos;” que el declarante le preguntó sobre el pago de los derechos y Pesquera le dijo que iba a ordenar a Toral que le pagara el importe de los derechos en cada caso según le fuera diciendo Miranda; que siguiendo esas instrucciones, radicó en la Corte Municipal de Bayamón siete demandas; que al preguntarle a Pesquera sobre algunas de estas perso-nas antes de demandarlas, Pesquera le decía: “A deman-darlo”; que cuando algún demandado pagaba por lo menos la mitad de lo debido, Pesquera le ordenaba que desistiera de ese caso; que Pesquera le consultó sobre el derecho de homestead, que pudiesen tener los que tuvieran casas en el solar, y que el declarante estudió esta cuestión; que Pes-quera solicitó del declarante que éste preparase un contrato de arrendamiento de solar de tal manera que quedara re-nunciado el homestead; que preparó el contrato antes de embarcar Pesquera para los Estados Unidos; que una tarde se lo encontró en el correo de San Juan y se fue a invitación de Pesquera en el automóvil de éste; que le leyó el contrato en el automóvil y que al llegar a la casa del declarante se detuvo el carro de Pesquera; que serían como las 6:30 o las 7, que ya estaba entre claro y oscuro; que Pesquera dijo que le gustaba mucho el contrato pero que necesitaba leerlo con detenimiento por si tenía que hacer alguna aclaración, enmendarlo o añadirle algo; que a petición de Pesquera le dejó el contrato en su oficina; que como cuatro semanas des-pués se encontró en Bayamón con Pesquera y le preguntó del contrato; que Pesquera le dijo que estaba perfectamente bien; que Pesquera le dijo que quería conservar una copia del contrato, y que el declarante le dijo que se quedara con el que tenía, ya que él tenía copias en su oficina; que le dijo Pesquera al declarante que le iba a dar órdenes a Toral de [243]*243que mandara a imprimir el contrato cuando regresara de los Estados Unidos; qne Pesquera le dijo que le entregara una copia a Toral; que le entregó a los dos o tres días una co-pia a Toral; que una tarde, en enero de 1930, se encontró con el Sr. Pesquera en San Juan y le dijo que necesitaba de su ayuda; que Pesquera le dijo: “Pues tú dirás;” que le explicó que se sentía enfermo y que tenía que extraerse las amígdalas y hacerse una operación en la nariz y que nece-sitaba dinero; que Pesquera dijo: “No hay que hablar . . . no tienes más que pasarte por mi oficina mañana”; que el declarante le dijo que necesitaba como $200 y que Pesquera le dijo: “¡Cómo no!”, y que pasara como a las dos de la tarde por su oficina; que al día siguiente, a las dos de la tarde, fué a la oficina del Sr. Pesquera, y no lo encontró; que fué veintidós días consecutivos y nunca encontró al Sr. Pesquera ni tampoco el cheque del Sr. Pesquera para él; que un día fué a buscar al Sr. Pesquera a su casa y su señora le manifestó que él no estaba allí; que como a la media hora vió salir al Sr. Pesquera de su casa y que lo detuvo; que volvió a solicitar del Sr. Pesquera los $200; que Pesquera le dijo que había estado muy ocupado pero que sin falta el próximo miércoles por la tarde estaría en su oficina; que el declarante le manifestó al Sr. Pesquera que si no lo en-contraba en la oficina el miércoles no iba a buscarlo más, ya que tenía que irse a la clínica a operar; que volvió a la oficina el miércoles y el Sr. Pesquera no estaba en su oficina; que solicitó el cheque y no había cheque; que fué a la oficina de Pesquera en la urbanización y le preguntó al Sr. Toral si Pesquera le había dejado un cheque y que éste le contestó que no; que se operó; que volvió personalmente donde Pes-quera y se lo encontró en la Asociación de Agricultores y le explicó que él había trabajado para él por un período de más de año y medio y quería saber si tenía ideas de pagarle, para si no olvidarse de la cuenta y echarla al olvido; que Pes-quera se excusó otra vez diciendo que estaba muy ocupado, que no era que no le quería pagar sino que no tenía tiempo [244]

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