Pueblo v. Rubert Hermanos, Inc.

57 P.R. Dec. 958, 1940 PR Sup. LEXIS 654
CourtSupreme Court of Puerto Rico
DecidedJuly 26, 1940
DocketNúm. 2
StatusPublished
Cited by1 cases

This text of 57 P.R. Dec. 958 (Pueblo v. Rubert Hermanos, Inc.) is published on Counsel Stack Legal Research, covering Supreme Court of Puerto Rico primary law. Counsel Stack provides free access to over 12 million legal documents including statutes, case law, regulations, and constitutions.

Bluebook
Pueblo v. Rubert Hermanos, Inc., 57 P.R. Dec. 958, 1940 PR Sup. LEXIS 654 (prsupreme 1940).

Opinion

El Juez Asociado Señor Travieso

emitió la opinión del tribunal.

Por sentencia dictada en julio 30 de 1938 por esta Corte Suprema (53 D.P.R. 779), confirmada por la Corte Suprema de los Estados Unidos en marzo 25 de 1940, se decretó la caducidad y cancelación de la licencia y de las cláusulas de incorporación de la querellada “Rubert Hermanos, Inc.,” y se ordenó al mismo tiempo la inmediata disolución de dicha corporación y la liquidación de sus negocios.

El querellante solicita ahora el nombramiento de un sín-dico para que bajo la dirección y control de esta corte prac-tique la liquidación de la corporación querellada.

En su oposición al nombramiento de un síndico, los fidei-comisarios-liquidadores de la corporación demandada alegan.: que la sentencia ya ha sido cumplida, habiéndose disuelto la corporación, extinguido sus obligaciones y transferido sus bienes por acuerdo de sus accionistas y de sus liquidadores; que esta corte carece de jurisdicción para nombrar un sín-dico, porque la Ley de Quo Warranto no le da facultad para ello; que la moción es insuficiente y no expone hechos que justifiquen el nombramiento de un síndico; que el nombra-miento de un síndico privaría a los que fueron accionistas de la corporación de sus derechos y propiedades sin el de-bido proceso de ley; y por último, que el nombramiento de un síndico constituiría legislación por la corte y violaría la prohibición de leyes ex post facto de la Ley Orgánica de Puerto Rico.

La primera cuestión que debemos considerar y resolver es la referente a la alegada falta de jurisdicción de esta Corte Suprema para nombrar, un síndico con facultades para liquidar los negocios de la corporación cuya disolución fue decretada por sentencia de este mismo tribunal.

Está fuera de toda discusión el que esta Corte Suprema, al dictar sentencia decretando la caducidad (forfeiture) y la cancelación de la licencia y de las cláusulas de incorporación [958-c]*958-cde la querellada y ordenando sn disolución y liquidación, actuó dentro de la jurisdicción que expresamente le fué con-cedida por la Ley núm. 47 de agosto 7 de 1935 ((2) pág. 531). Así lo sostuvo la Corte Federal al confirmar dicha sentencia y devolver el caso a esta Corte Suprema para ul-teriores procedimientos. No creemos que pueda sostenerse con probabilidades de buen éxito, que una corte de justicia que tiene jurisdicción para dictar una sentencia no la tiene para ordenar, intervenir en y dirigir su cumplimiento. Se-ría anómalo si esta corte, después de declarar a la querellada culpable de haber' violado la Ley Orgánica, la Ley de Cor-poraciones y sus propias cláusulas de incorporación y des-pués de haberla condenado al pago de una multa, a la caducidad de sus cláusulas corporativas y a ser disuelta y liquidada, se viese obligada por falta de jurisdicción a cru-zarse de brazos, dejando a sus accionistas y directores, a los verdaderos culpables de tales contravenciones, en com-pleta libertad de acción para cumplir con el decreto de esta corte cuando y como mejor les plazca. Opinamos que la facultad concedida a esta Corte Suprema para conocer del procedimiento de quo warranto y para dictar una sentencia como la dictada en el caso de autos, lleva implícita la de hacer cumplir dicha sentencia mediante el nombramiento de un síndico.

El artículo 182 del Código de Enjuiciamiento Civil au-toriza el nombramiento de un síndico por la corte en que un pleito esté pendiente o se haya fallado. Y el inciso 4 del mismo artículo dispone que podrá nombrarse un síndico en los casos en que una corporación haya sido disuelta o se hallare insolvente, o en inminente peligro de insolvencia o hubiere perdido sus derechos como tal corporación.

El procedimiento de quo warranto no terminó al ser con-firmada nuestra sentencia por la Corte Suprema Federal. Esta corte retuvo su jurisdicción sobre la extinta corporación y sobre sus propiedades para hacer cumplir y hasta que se [958-d]*958-dcumpla la sentencia por ella dictada. No se trata en este caso de una disolución voluntaria acordada por los accionis-tas y sí de uno en que la corporación ha perdido todos sus derechos como tal por decreto judicial.

Existe otra razón fundamental para que esta corte re-tenga su jurisdicción sobre las propiedades que la corpora-ción demandada poseía en violación de la ley y de su carta constitucional. La Ley núm. 47 de 7 de agosto de 1935, por su sección 2, párrafo segundo, concede a “El Pueblo de Puerto Rico” una opción para instar, dentro del propio procedimiento de quo warranto, la confiscación a su favor o la enajenación en subasta pública de los bienes ilegalmente poseídos por la extinta corporación, dentro de un término de seis meses contado desde la fecha en que se dictó senten-cia final. Y ese término no expira hasta el 13 de noviembre de 1940. Si se permitiera a los llamados fideicomisarios-liquidadores hacer por su cuenta la liquidación de los nego-cios y la enajenación de los bienes de la extinta corporación, sin la intervención y supervisión de esta corte, el propósito fundamental de la ley y la política pública que motivó la iniciación de este procedimiento quedarían burlados y El Pueblo de Puerto Rico despejado de su opción por un simple traspaso de los bienes a otra persona.

La oposición de los fideicomisarios-liquidadores, basada en que la sentencia de esta corte ha sido 3ra cumplida, las obligaciones de la corporación satisfechas y sus bienes ena-jenados, por haberlo así acordado ellos y los accionistas, no puede ser tomada en consideración, primero, porque dichos fideicomisarios-liquidadores no han acreditado en manera alguna su capacidad y personalidad ni han ofrecido eviden-cia alguna tendiente a substanciar sus alegaciones, no habiendo ni siquiera jurado su escrito de oposición; y, segundo, porque a nuestro juicio todos dichos actos reali-zados con posterioridad a la fecha dq la sentencia que puso [958-e]*958-efin a la existencia legal de la corporación querellada son legalmente nulos.

Cuando una corporación queda disuelta por una sentencia válida que declara la caducidad (forfeiture) de su carta constitucional, desde ese momento deja de existir para todos los propósitos — a menos que exista alguna disposición esta-tutaria que continúe su existencia — y queda despojada de facultad para contratar o para adquirir, poseer o enajenar propiedades, o para demandar o ser demandada, o para ejercitar cualquiera de las franquicias o poderes otorgádosle por sus cláusulas de incorporación. Véanse: Greenwood v. Union Freight R. Co., 105 U. S. 13, 26 L. Ed. 961; Thorton v. Marginal Freight R. Co., 123 Mass. 32; Bradley v. Reppoll, 135 Mo. 545, 54 Am. St. Rep. 685; Fletcher Cyc. of Corporations, Vol. 8, sec. 5564.

No se ha llamado nuestra atención hacia estatuto alguno de Puerto Rico que provea que una corporación que ha dejado de existir a virtud de 'sentencia judicial continúe teniendo existencia legal para poder liquidar sus negocios y enajenar sus bienes sin la intervención o permiso de la corte. Las disposiciones de nuestra Ley de Corporaciones (Sección VI, arts. 27 y 28) son aplicables solamente cuando se trata de una disolución voluntaria por acuerdo de los accionistas de la corporación o por expiración del término fijado para su duración.

Free access — add to your briefcase to read the full text and ask questions with AI

Related

Pueblo v. Central Cambalache
59 P.R. Dec. 60 (Supreme Court of Puerto Rico, 1941)

Cite This Page — Counsel Stack

Bluebook (online)
57 P.R. Dec. 958, 1940 PR Sup. LEXIS 654, Counsel Stack Legal Research, https://law.counselstack.com/opinion/pueblo-v-rubert-hermanos-inc-prsupreme-1940.