Martínez Rodríguez v. Delgado

92 P.R. Dec. 629
Supreme Court of Puerto Rico·Decided June 30, 1965·No. Número: HC-64-21·Published·Cited by 4 cases

Opinion

El Juez Asociado Señor Dávila

emitió la opinión del Tribunal.

Una ley del Estado de California, West’s Ann. Health & Safety Code § 11721 (ed. 1964), declaraba delito público que aparejaba cárcel, el ser adicto al uso de drogas narcóticas. [631] Demostrado que la persona era un adicto al uso de drogas, infringía la ley sin necesidad de establecer actos específicos, como uso, posesión o transportación. Se impugnó su validez constitucional. En Robinson v. California, 370 U.S. 660 (1962), el Tribunal Supremo de los Estados Unidos conside-rando que el ser adicto al uso de drogas narcóticas aparen-temente es una enfermendad, resolvió que constituía castigo cruel e inusitado y por tanto prohibido por la Octava Enmien-da, el castigar criminalmente a una persona por el mero hecho de ser un adicto.

Invocando el- citado dictamen el peticionario nos pide que lo excarcelemos. (1) Veamos su razonamiento. Fue acu-sado el 17 de mayo de 1961 de tener en su posesión y dominio la droga narcótica conocida como marihuana. (2) Se celebró el juicio y no presentó prueba en su defensa. El 15 de sep-tiembre siguiente fue condenado a cumplir una sentencia de seis a diez años de presidio. Tres años más tarde, el 23 de septiembre de 1964 solicita su excarcelación alegando que es un adicto “que padece de una enfermedad que se caracte-riza por una compulsión incontrolable para el uso de drogas y que en vista de ello, tanto el juicio como la sentencia son nulos e ineficaces en derecho ya' que nunca pudo ni puede establecerse un delito sin que exista intención criminal y que su condena equivaldría a enjuiciar o condenar a una persona [632] porque padezca'de cáncer o tuberculosis”. Cita entonces del caso de Robinson lo siguiente:

“No es probable que algún Estado en este momento de la historia intente convertir en delito el hecho de que una persona está mentalmente enferma o que sea un leproso o que padezca de una enfermedad venérea. Puede ser que un Estado determine que la salud y el bienestar general requieran que las víctimas de éstas y otras aflicciones humanas sean curadas mediante trata-miento compulsorio, que envuelva cuarentena, restricción o re-clusión. Pero a la luz del conocimiento humano contemporáneo, una ley que convierta en delito el padecer tal enfermedad sería, sin lugar a dudas, umversalmente considerada como una que impone un castigo cruel e inusitado en violación de las Enmiendas Octava y Décimocuarta.”

El Estado alega que el peticionario no demostró en el juicio que se le siguió que fuera un adicto. Robinson no estableció cuándo es que el uso habitual de narcóticos se con-vierte en enfermedad. Nota, 111 U. Pa. L. Rev. 122, 124 (1962). Pero asumiremos que el peticionario estableció que es un enfermo. (3)

Si bien es verdad que Robinson resolvió que constituye castigo cruel e inusitado imponerle una pena de reclusión en virtud de sentencia en un caso criminal a un adicto al uso de drogas narcóticas por el solo hecho de serlo, es asimismo cierto que el Tribunal dejó claramente sentado que un “ [e] stado puede imponer sanciones criminales, por ejemplo, contra la manufactura, prescripción, venta, compra o posesión sin autorización de narcóticos dentro de su territorio”. Y al considerar la cuestión hace claro que “ [e] ste estatuto no es uno que castiga a una persona por uso de narcóti-[633] eos, por su compra, venta, o posesión, o por la conducta antisocial o desordenada que puede producir dicho uso. . . . Más bien, estamos tratando con una ley que hace del ‘status’ del adicto a narcóticos un delito, por el cual el infractor puede ser enjuiciado ‘en cualquier momento antes de que se refor-me’.” Y al terminar el dictamen mayoritario afirma:

“Estamos conscientes de que los viciosos males del tráfico de narcóticos han ocasionado grave preocupación al gobierno. Exis-ten, como hemos dicho, un sinnúmero de maneras de atacar legítimamente estos males. En este caso sólo nos ocupa una dis-posición individual de una ley local particularizada según ésta ha sido interpretada por los tribunales de California hasta el presente.”

Así, en Robinson se hizo claro que lo que repugnaba a la garantía constitucional enmarcada en la Octava Enmienda, era imponer un castigo criminal a una persona por el sólo hecho de ser un adicto. Se estaba castigando no por una “actuación” sino por un “estado”. Al considerar la cuestión el tribunal recalcó que el Estado podía utilizar diversos medios para controlar el tráfico y uso de drogas. Podía cas-tigar el poseer la droga. El venderla; el comprarla. Y otras actividades relacionadas con el tráfico de estupefacientes.

El peticionario interpreta a Robinson como que sostiene que constituye castigo cruel e inusitado imponerle una pena de cárcel a un adicto por poseer una droga narcótica. Eso no lo resuelve Robinson. El Tribunal hizo claro que no lo resolvía. Expresó a la página 664 que “un Estado puede imponer sanciones criminales, por ejemplo, contra la manufactura, prescripción, venta, compra o posesión sin autorización de narcóticos dentro de su territorio”.

Nada hay en el dictamen que sostenga “que el hecho de ser un adicto a drogas, puede ser una defensa válida en favor del adicto cuando se sorprenda a éste haciendo ‘uso, poseyendo o transportando’ una droga, si dichas operaciones resultan incidentales a su propio uso”.

[634] Esa no es la interpretación que se le ha dado a Robinson por los tribunales de otras jurisdicciones donde rigen esta-tutos como el nuestro. En cuanto a los comentarios en torno al dictamen la mayoría coincide con la interpretación que le han dado los tribunales. Algunos apuntan que es lógico y razonable extender la doctrina a actos específicos al efecto de que constituye castigo cruel e inusitado condenar crimi-nalmente a un adicto por usar o poseer drogas narcóticas. Primero examinaremos la jurisprudencia; luego los comen-tarios.

El 30 de junio de 1964 la Corte Suprema de Wisconsin emitió un fallo en Browne v. State, 129 N.W.2d 175 que fue ratificado seis meses después en State v. Brown, 130 N.W.2d 760. Se atacaba la constitucionalidad de un estatuto que penalizaba el hacer uso de drogas sin mediar prescripción médica. La acusación se basó en que usó droga sin que le hubiera sido recetada. Invocó a Robinson y levantó la defensa de que era un adicto. El tribunal sostuvo la validez del estatuto y confirmó la sentencia que le condenó a una pena máxima de cinco años. Al resolver expresó:

“ . . . Robinson es claramente distinguible. El estatuto de California que fuera declarado inconstitucional convertía en delito el ser un adicto a drogas. Robinson llegó a California de Oregon y fue acusado de la situación delictiva de ser un adicto al uso de narcóticos. No se le acusó, ni se presentó evidencia, de incidente alguno relativo al uso de drogas en California o algún otro lugar ....

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Martínez Rodríguez v. Delgado, 92 P.R. Dec. 629 (prsupreme 1965).

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