Baker v. Healy

31 P.R. Dec. 556, 1923 PR Sup. LEXIS 289
CourtSupreme Court of Puerto Rico
DecidedFebruary 23, 1923
DocketNo. 2809
StatusPublished
Cited by3 cases

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Bluebook
Baker v. Healy, 31 P.R. Dec. 556, 1923 PR Sup. LEXIS 289 (prsupreme 1923).

Opinion

El Juez Asociado Sb. HutchisoN,

emitió la opinión del tribunal.

La corte inferior, sin expresar ninguna razón para sos- _ tener su actuación, declaró sin lugar una moción de traslado.

La única cuestión que requiere seria consideración es la que se refiere a la forma y suficiencia de un párrafo con-tenido en el affidavit de méritos, el cual es como sigue:

“Que he expuesto veraz, completa y detalladamente a mis abo-gados Ledos. Benjamín J. Horton y José Sabater, quienes tienen sus oficinas abiertas en esta ciudad, calle de la Libertad, esquina a Once de Agosto, todos los hechos de este caso, y mis dichos abogados me lian aconsejado y yo lo creo d§ buena fe, que tengo una buena causa de defensa en favor de la parte demandada y en contra de la deman-dante; que la residencia legal de mi esposo John Jacob Siebert, que era comerciante, hasta el momento de su muerte, y donde tenía el centro de sus operaciones mercantiles, así como la mercantil Healy & Siebert, donde tenía su único establecimiento ■ mercantil, era y es en esta Ciudad de Mayagíiéz.” •

El abogado de la apelada insiste en que la' omisión en ex-presar la declarante en su affidavit de méritos que el con-sejo de referencia fué el resultado directo y consecuente de la exposición que ella le hizo de todos los hechos y que la causa de defensa “en favor de la parte demandada y en contra de la demandante” era una defensa “sobre los mé-ritos,” es fatal.

Nuestro Código de Enjuiciamiento Civil, después de de-terminar el lugar para la celebración del juicio de un nú-mero de acciones por varias causas que se enumeran, prescribe específicamente en el artículo 81 que: “En todos los demás casos el pleito deberá verse en el distrito en que re sidieron los demandados, o algunos de ellos, al iniciarse el litigio; * * * . ”

El artículo 82 prescribe que:

“Si el distrito en que se establece la demanda no es el en que deba seguirse el juicio, podrá, sin embargo, continuarse en aquél, a menos que el demandado, al comparecer a contestar o a formular [558]*558excepciones, presente una declaración jurada y fundada y pida por escrito que el juicio se celebre en el distrito correspondiente.”

El artículo 83 autoriza el cambio del lugar del' juicio: “cuando el distrito designado en la demanda no es el co-rrespondiente. ’ ’

Como se indica en el caso de Smith v. Smith, 86 Cal. 572, pág. 575:

“El espíritu y norma general del estatuto es dar al demandado el derecho de que todas las acciones personales contra él se celebren en el condado, de su residencia. Se prescribe para la celebración de acciones que afecten a la propiedad inmueble en el condado donde los bienes están situados, y para la celebración de ciertas otras de-terminadas acciones en el condado donde surgió la causa de acción; pero la regla general para el lugar del juicio se prescribe en la sección 395, en la declaración de que 'en todos los demás casos’ deberá ce-lebrarse el juicio en el condado donde reside el demandado al ini-ciarse la acción. Esta sección es general y comprensiva en sus tér-minos, y abarca todos los demás casos con excepción de los especifi-cados en las precedentes tres secciones. El objeto es proteger al de-mandado del gasto e inconveniente de tener que verse obligado a ir a un condado distante a defenderse de una acción que podría ini-ciarse allí contra él, y está de acuerdo con los principios existentes donde quiera que prevalece la ley común, de que el demandante que trate de obtener reparación de un demandado debe hacerlo en el con-dado donde dicho demandado reside.”

Y'en el tíaso de Buck v. City of Eureka, 97 Cal. 135, una alegación para que se interpretasen estrictamente las pres-cripciones del código fue resuelta como sigue:

“No conocemos ninguna razón por la cual deban quedar some-tidos a una estricta interpretación. La regla, por el contrario, es que los estatutos reparadores deben ser liberalmente interpretados en favor del remedio, y las reglas de procedimiento son reparadoras por su naturaleza. La ley informa al demandante en cuanto al de-bido condado en el cual debe comenzar la acción, y él debe observar la regla prescrita. Se le permite/ sin embargo, que cuando el con-dado en el cual la acción se inicia no es el debido condado para el juicio, la acción puede, sin embargo, celebrarse allí, a menos que el demandado, al comparecer y contestar a formular excepciones, pre-[559]*559sente una declaración jurada y fundada y solicite por escrito que el juicio sea celebrado en el debido condado. (Código de Enjuicia-miento Civil, sección 396). Con respecto a la petición que aquí se exige, nada parece haberse considerado esencial excepto que sea hecha por escrito, como las mociones en general, y que se haga pron-tamente antes de que la corte, en la cual la acción fué comenzada, se haya visto requerida a considerar sus méritos. Sujeta a estas condi-ciones razonables, debe darse el mayor reconocimiento al derecho del demandado para que el caso sea trasladado al debido condado. Los casos en los cuales se ha resuelto que además de la notificación es-crita de su intención en solicitar un cambio del lugar del juicio, el demandado debe también notificar y archivar otro documento en la forma literal de una petición para el traslado (un procedimiento que es enteramente superfino), parecen haber llegado hasta aquel grado de rigor que es necesario. Aquí tenemos, además de la notificación de la moción, una petición por escrito, siendo la única objeción que hay en cuanto a ella que los abogados del demandado, titulándose tales abogados, dicen que ellos piden, en vez de decir que el deman-dado pide. Puede ser que ellos no cumplan formalmente con los tér-minos precisos del estatuto pero han satisfecho su razón cumpliendo substancialmente y eso es suficiente.”

En el caso de State Ex rel. Stephens v. District Court et al., Ann. Cas. 1912 C. pág. 343, la Corte Suprema de Montana expresa en substancia la forma esteriotipada prescrita por los anteriores casos resueltos y después de citar de una enciclopedia una declaración al efecto de que “toda parte de esta forma es esencial y cualquier desviación de la misma debe ser evitada,” pasa a decir: “Creemos que el affidavit de méritos exigidos por la sección 6505, Códigos Revisados, es el affidavit formal a que se refiere y cuya forma se ex-presa en las autoridades que acaban precisamente de ci-tarse.”

Pero la corte de Montana fijaba sn mente en la distin-ción que debe establecerse entre los requisitos de una mani-festación jurada “suficiente para justificar a la corte en de-jar sin efecto una sentencia en rebeldía” y aquellos de un affidavit lieclio con él fin de obtener un cambio del lugar del juicio. No hubo cuestión alguna ni lugar para argumentar, [560]*560de haber sido levantada alguna cuestión referente a la sufi-ciencia del affidavit realmente ante la corte, aun cuando fuera probado por la fraseología de los libros de fórmulas gastados por el tiempo.

También es verdad que en California algunas de las de-cisiones, lo mismo que varias de las nuestras, como por ejem-plo, la del caso de Agenjo v. Santiago, 25 D. P. R. 467, ci-tado por la apelada, no están en completa armonía con él claro precepto de las disposiciones del código y la interpre-tación liberal de las mismas sugeridas por las citas hechas de las opiniones en el caso de Smith v.

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