Pueblo v. Galíndez Santello

67 P.R. Dec. 936
CourtSupreme Court of Puerto Rico
DecidedDecember 22, 1947
DocketNúm. 12817
StatusPublished

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Pueblo v. Galíndez Santello, 67 P.R. Dec. 936 (prsupreme 1947).

Opinion

El Juez Presidehte Señor Travieso

emitió la opinión del tribunal.

Alfredo Ferrán, Luis G-alíndez y Luis Alvarez fueron acu-sados de un delito de infracción del artículo 21 de la Ley Hípica de Puerto Rico (Núm. 11 de 1932, Leyes de 1931-32, pág. 195) enmendado por la Ley núm. 184 de mayo 14 de 1941 ((1) pág. 1387), en relación con el artículo 22 de la misma Ley Hípica, i1) El delito imputádoles consistía en de-dicarse, sin la autorización de la Comisión Hípica de Puerto Rico, a la explotación de una Banca Alemana (parimutuel) dentro del Hipódromo Quintana, en relación con una carrera de caballos que allí se celebraba el día de autos, haciendo de banquero el acusado Ferrán, de apostador el acusado Alvarez y de colector el aquí apelante Luis Galíndez Santello, quien fue condenado a pagar una multa de $50 o a sufrir la prisión subsidiaria.

El primer señalamiento se refiere a la alegada insuficiencia de los .hechos expuestos en la denuncia para eonsti-[938]*938tuir el delito imputado porque no se alega en la misma que el acusado Galíndez no fuera una de las personas naturales y jurídicas que explotan los hipódromos en Puerto Rico. Alega el apelante que no basta con que se diga en la denuncia que el acusado no estaba autorizado por la Comisión Hípica para explotar una banca alemana.

Un detenido estudio de la Ley nos convence de que el ale-gado error no ha sido cometido. El artículo 21 de la Ley Hípica, supra, dispone que las bancas alemanas sólo podrán establecerse para los días de carreras, dentro de los hipódro-mos autorizados por la Comisión Hípica; y, además, que esas bancas podrán ser explotadas únicamente por las personas naturales o jurídicas explotadoras de los hipódromos en fun-cionamiento. El artículo 22 de la misma Ley Hípica, supra, prohíbe estrictamente y declara ilegal “la formación de libros o libretas de apuestas o de bancas alemanas o subscription funds en relación con las carreras de caballos, excepto según queda autorizado por esta Ley.” De acuerdo con las dispo-siciones de dichos dos artículos, la formación de bancas ale-manas dentro de uno de los hipódromos autorizados por la Co-misión Hípica, por una persona natural o jurídica que no sea la misma que explota dicho hipódromo, está estrictamente prohibida y es ilegal.

La contención del apelante de que el artículo 27 de la Ley Hípica(2) permite que una persona pueda explotar una llanca alemana, sin que tenga que estar autorizada directamente por la Comisión, es insostenible. El artículo 21 de la Ley Hípica, supra, autoriza el establecimiento de bancas alemanas, en los días de carreras, dentro de los hipódromos auto-[939]*939rizados por la Comisión Hípica Insular; y Tlispone expresa-mente que esas bancas podrán ser explotadas únicamente por las personas que explotan los hipódromos. La Ley no con-tiene disposición alguna que faculte a los explotadores de hi-pódromos para autorizar a otras personas para que exploten dentro de su hipódromo bancas alemanas o pools. Lo único que dispone el artículo 27 de la Ley es que si el explotador de un hipódromo permite que otra persona explote dentro de su hipódromo un negocio de banca alemana, será respon-sable a la persona que apueste en dicha banca por cualquier reclamación justa. No era necesario que en la denuncia se alegase que el acusado no es una de las personas autorizadas a explotar la banca. Lo alegado es más que suficiente para informar al acusado en cuanto a la naturaleza del delito im-putádole. Si él estaba autorizado para explotar la banca ale-mana, era a él a quien incumbía alegarlo y probarlo como defensa. El fiscal no está obligado a probar que el acusado no está cobijado por la excepción. (3)

Los otros dos señalamientos se refieren a la suficiencia de la evidencia. La del Pueblo tendió a demostrar que el acusado apelante y Ferrán operaban y explotaban una banca clandestina, actuando el acusado como recaudador y Ferrán como banquero; que el apelante fué visto mientras recibía dinero de varias personas para apuestas en dicha banca y también cuando pagaba a los que habían ganado; que el acusado fué arrestado en el momento en que entregaba a Ferrán el dinero de las apuestas, ocupándosele la suma de $200 en billetes; que a Ferrán se le ocupó una libreta donde aparecían los nombres de los caballos y los de los apostadores y las sumas apostadas por cada uno; y que de los archivos de la Comisión Hípica Insular no aparece que los acusados estuvieran autorizados para explotar bancas alemanas en los hipódromos. La evidencia ofrecida por la defensa tendía a demostrar que el acusado había hecho una sociedad con un [940]*940amigo para jugar en las bancas legítimas del hipódromo; y qne el acusado fue arrestado por la policía en el momento en que llevaba el dinero de él y de su amigo para jugarlo.

La corte inferior resolvió el conflicto dando crédito a la prueba del Pueblo. Siendo ésta suficiente para sostener la acusación y no habiéndose demostrado que la corte inferior cometiera manifiesto error en su apreciación o actuara mo-vida por pasión, prejuicio o parcialidad, es nuestro deber confirmar la sentencia recurrida.

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